Buenas noches, México. Hace 3 horas detuvimos a Siete escoltas de Carlos Manso en la Casa de la Cultura de Uruapan. Lo sacamos esposados porque la noche que debían protegerlo se apartaron para que lo ejecutaran con su hijo de 4 años en brazos. Voy a explicarles la atrocidad que cometieron y cómo lo orquestaron todo desde adentro.

 Así que escuchen atentamente. Los siete elementos fueron trasladados bajo custodia del Ejército y la Marina al penal de Morelia, acusados de homicidio calificado en comisión por omisión. Durante 20 días procesamos 143 testimonios, analizamos siete cámaras completas, eh rastreamos 3500 en depósitos bancarios y reconstruimos cada segundo del operativo desde que el atacante llegó al hotel hasta que un escolta le disparó en la cabeza cuando ya estaba sometido en el suelo.

 Lo que encontramos no fue fallo de seguridad, fue entrega coordinada, escoltas que cobraron para apartarse, vallas abiertas por manos internas, vehículos oficiales en puntos de observación, orden de silenciar al sicario y logística criminal dirigida por el licenciado Bajo Órdenes directas de Ramón Álvarez Ayala, el runo segundo al mando del cártel Jalisco.

 Y todo esto ocurrió bajo un gobernador cuya familia aparece en intercepción militar coordinando con cárteles unidos. Y aquí viene lo que cambia todo. Javier Medina Torres, jefe del equipo de escoltas, quebró durante el interrogatorio. Está confesando absolutamente todo bajo estatus de testigo colaborador. Lo que nos está revelando expone una red de complicidad que atraviesa desde los escoltas municipales hasta funcionarios del gobierno estatal.

 Con esta confesión, la estructura colapsa hacia arriba. Los siete escoltas detenidos tienen nombres e historias que ahora mismo estamos exponiendo públicamente. Javier Medina Torres, 32 años, 8 años en la policía municipal, asignado como jefe del equipo de protección directa del alcalde desde que Manso asumió el cargo en septiembre.

Medina cobraba 15 400 pesos mensuales como sueldo oficial, pero 3 días antes del asesinato recibió un depósito de 20 pesos en efectivo en un cajero de la colonia Revolution. Ese depósito lo hizo un nombre que ya identificamos en video y que tiene vínculos con operadores logísticos de del cártel Jalisco en Uruapan.

 Durante su confesión, Medina reveló que tenía deudas acumuladas, que no podía pagar con su salario y cuando el licenciado se le acercó a través de un intermediario, le ofrecieron dinero por información, horarios del alcalde, eh rutas, eventos donde no usaba chaleco, le hicieron creer que solo pasaría datos, nada violento, pero una vez que aceptó el primer pago, ya no pudo salirse.

 Le depositaron dinero en septiembre y octubre y cuando intentó cortar contacto le mostraron fotografías de sus hijos porque el mensaje fue claro, ya estás dentro, ahora cumples o tu familia paga. Rodrigo Campos Ibarra, 28 años, 5 años de servicio. Eh, era el responsable de coordinar rutas y horarios del alcalde con la Guardia Nacional.

 Campos recibió eh 15 pesos un día después del crimen depositados en tres transacciones separadas para evitar alertas bancarias, pero su participación empezó meses antes cuando comenzó a modificar protocolos de seguridad. Eh, redujo elementos asignados, eh cambió ruta sin justificación, eh eliminó requisitos de revisión en eventos masivos, todo tan sutil que nadie lo cuestionó.

 Y la noche del primero de noviembre, Campos confirmó a la Guardia Nacional que el esquema sería laxo porque supuestamente Manso quería convivencia cercana con su pueblo. Esa instrucción que parecía venir de del alcalde, en realidad venía de Campos, obedeciendo al cártel Hugo Rentería Solís, 34 años, veterano con 12 años de experiencia, asignado como escolta personal desde hacía 6 meses.

 frentería tiene un hermano que cumple condena por extorsión vinculada al crimen organizado, dato que apareció durante depuración interna, pero que alguien decidió ignorar. Y ese hermano fue el punto de contacto que usó el cartel Jalisco para presionarlo. Le dijeron que si colaboraba a su hermano eh recibiría protección en el penal, si se negaba parecería descuartizado.

 Eh rentería aceptó porque sabía que el cártel tiene más poder dentro de las cárceles que el estado y su función específica era brutal. Si capturaban al sicario vivo, ejecutarlo de inmediato sin importar testigos, le dieron esa orden días antes. Un sicario sometido puede hablar, puede delatar nombres, puede describir quién le dio el arma.

 Un sicario muerto es expediente cerrado. Cuando Rentería disparó en la cabeza al atacante sometido frente a 54 testigos, no fue impulso, fue cumplimiento de protocolo criminal. Los otros cuatro elementos son Marcos Ávila Durán, 26 años, Daniel Ochoa Fermín, 29 años, Luis Alberto Paredes Chávez, 31 y Ernesto Beltrán Ruiz, 35 años.

 Eh, los siete estaban en la plaza esa noche. Los siete tenían posiciones asignadas en el perímetro de seguridad. Los siete vieron llegar al sicario moviéndose de forma errática, tocándose la cintura donde llevaba el arma. Eh, los siete observaron cómo se acercaba cada vez más a Manso y ninguno activó protocolo de amenaza identificada.

 Pero el dato que cambia todo es este. Javier Medina, el jefe del equipo, eh recibió una llamada telefónica a las 19:38 minut del primero de noviembre, 12 minutos antes de que el sicario disparara. La llamada duró 43 segundos y provenía de un número vinculado a un operador del cártel Jalisco que ya teníamos identificado en investigaciones previas.

 43 segundos donde alguien le confirmó que el objetivo estaba en posición, que el atacante ya estaba en la plaza, que era momento de ejecutar el plan y Medina después de colgar se movió deliberadamente hacia un sector alejado del perímetro, dejando expuesto el flanco por donde minutos después entraría el sicario. Las cámaras documentan ese movimiento.

Eh, Medina estaba a menos de 5 m de donde Manso recorría los altares con Dylan. tenía ángulo visual completo y de pronto camina hacia atrás abandonando la posición sin razón operativa aparente. Y cuando se aleja, Rodrigo Campos también se desplaza dejando un hueco en la cobertura. No fue coincidencia, fue coordinación.

 Los dos escoltas clave se movieron simultáneamente, creando el espacio exacto por donde el atacante tendría acceso directo al alcalde. Pero aquí está lo que Medina confesó y que demuestra premeditación absoluta. El primero de noviembre no fue el primer intento. El 30 de octubre, un día antes, el cártel Jalisco ya había enviado sicarios para ejecutar a Mansu y fallaron.

 Medina sabía de ese primer intento. Recibió alertas internas de que algo iba a pasar y no dijo nada. no activó protocolos adicionales, no advirtió al alcalde y cuando ese primer operativo falló, el cártel castigó brutalmente a los sicarios responsables por no cumplir. Por eso el primero de noviembre usaron a Víctor Manuel, un chico de 17 años, drogado, desechable, alguien que no importaba si moría, porque su única función era completar la misión que otros habían fallado.

 Los escoltas ya estaban comprometidos desde antes del primer intento. habían decidido no proteger a Manso, solo esperaban la fecha exacta. Y hay algo más brutal que confirma la premeditación. Rentería fue quien ejecutó al sicario después de que Ciudadanos lo sometieran. 54 testigos lo vieron acercarse caminando con calma absoluta mientras el atacante ya estaba inmovilizado boca abajo en el suelo, sacar su arma de reglamento, eh apuntarla directamente a la cabeza y disparar una sola vez.

 El cráneo del sicario explotó frente a decenas de personas. Los ciudadanos que lo habían capturado gritaron horrorizados, cubiertos de sangre y materia cerebral, mientras Rentería guardaba su pistola y se retiraba sin prisa. Los otros seis escoltas presenciaron esa ejecución sumaria y ninguno lo detuvo, ninguno lo cuestionó, como si todos supieran que ese sicario no podía llegar vivo interrogatorio porque su confesión del taría nombres, pagos y coordinación interna completa.

 Rentería no actuó por impulso ni por estrés operativo. Cumplió una orden específica que había recibido horas antes y capturan al tirador. Silencialo de inmediato. Un sicario muerto no puede decir quién le pagó, quién le dio el arma, quién le filtró la agenda. exacta del alcalde, quién le prometió 50,000es que nunca le entregaron.

 Y esa orden de ejecutar al atacante no salió de rentería, bajó desde la estructura del cartel Jalisco a través del licenciado, quien la transmitió a los escoltas comprados días antes del operativo. Pero déjenme contarles algo que nadie vio en ese momento y que cambia todo. Dylan, eh, el hijo de 4 años de de Carlos Manso, estaba montado en los hombros de su padre cuando el sicario disparó.

 Los siete impactos atravesaron el pecho y abdomen del alcalde mientras Dylan seguía arriba sostenido por las manos de su papá. Cuando Manso cayó desplomándose sobre las velas encendidas del altar, Dylan cayó con él estrellándose contra el suelo. El niño quedó cubierto completamente de la sangre de su padre, gritando desesperado, sin comprender por qué su papá ya no se movía, por qué no respondía, por qué la gente corría y gritaba.

 Los siete escoltas vieron esa escena completa. Vieron a Dilan cubierto de sangre llorando sobre el cuerpo de su padre. Y ninguno se movió para proteger al niño. Ninguno corrió a ayudar. Ninguno activó radio para pedir ambulancia inmediata. Se quedaron paralizados viendo como Mansu se desangraba porque sabían que si intervenían romperían el protocolo que habían aceptado cumplir.

 Ahora Dylan vive con su madre Grecia Quiroz, quien asumió como alcaldesa interina de Uruapan. Ella sabe que los escoltas que vieron morir a su esposo frente a su hijo están detenidos, pero también sabe que hay más responsables arriba que siguen libres. Los 3500 p no fueron el único pago y estamos rastreando eh movimientos bancarios adicionales en las semanas previas al asesinato y encontramos un patrón consistente, pequeños depósitos de 300 500,000 pesos distribuidos entre los siete escoltas durante septiembre y octubre.

sumas que individualmente no activan alertas, pero que sumadas representan casi 10000 pez distribuidos en dos meses. Sus pagos preparaban el terreno, compraban lealtades, aseguraban que cuando llegara la orden final, los escoltas ya estuvieran comprometidos con organización criminal y no pudieran echarse para atrás porque una vez que aceptas el primer depósito, ya estás dentro, ya no puedes denunciar porque te conviertes en cómplice y el cártel lo sabe.

 Por eso opera así, pagos fraccionados, progresivos, que van atrapando al al objetivo hasta que ya no tiene salida. Javier Medina recibió 6200 pesos en total entre agosto y noviembre. Rodrigo Campos 4800, Hugo Rentería 5500. Los cuatro restantes sumas menores, pero igualmente comprometedoras. Estamos identificando cada cajero, cada depósito, eh cada rostro que aparece en las cámaras bancarias.

 haciendo las transacciones y eh algunos de esos rostros ya tienen nombres y vínculos directos con células operativas del cártel Jalisco en Michoacán. Pero déjenme contarles algo que explica cómo funcionó la coordinación esa noche. Eh, el sicario que disparó contra Manso se llamaba Víctor Manuel, 17 años, reclutado tres semanas antes del ataque por Ramiro, coordinador en campo del cártel Jalisco.

 Lo acompañaba a Fernando Josué, encargado de vigilancia. Los tres formaban la célula de ataque bajo supervisión de licenciado y participaban en un grupo de mensajería cifrada donde recibían instrucciones paso a paso. A las 16 horas del primero de noviembre, Víctor se registró en el Hotel San Francisco del Centro Histórico Pagando en efectivo.

 A las 18 horas con6 minutos, Ramiro envió un mensaje al grupo compartiendo video de la jardinera donde ocurriría el asesinato. A las 19:45 minutos escribió que Manso había llegado al festival y cargaba a su hijo en brazos. A las 20 horas, minutos después del ataque, comunicó que habían sometido al tirador y solicitó recoger a Fernando Josué para sacarlo de la zona.

Todo quedó documentado, órdenes, confirmaciones, coordinación minuto a minuto y aquí está el dato que que confirma que no estamos ante sicarios improvisados. La pistola de 9 mm que usó Víctor Manuel para matar a Carlos Manso ya tenía historial criminal documentado. El 16 de octubre esa misma arma ejecutó dos personas en la colonia Tierra y Libertad, doble homicidio sin resolver.

El 23 de octubre apareció en un bar de la colonia La Gran Parada, donde mató a un trabajador y el primero de noviembre mató a Manso. Tres operativos criminales distintos, misma pistola, lo que confirma que esta célula tiene estructura consolidada, recicla armamento, opera con con impunidad suficiente para moverse libremente por Uruapan, eh ejecutando objetivos sin ser molestada por ninguna autoridad municipal o estatal.

 Y el 10 de noviembre, 9 días después, encontramos los cuerpos de Ramiro y Fernando Josué ejecutados en la carretera Uroaracho. El cartel Jalisco los limpió para cortar cualquier posibilidad de que hablaran, pero no destruyeron los teléfonos celulares. Los dispositivos fueron recuperados y contenían el grupo completo donde se planificó el asesinato.

 Esa información nos llevó a Jorge Armando, alias el licenciado detenido el 18 de noviembre en Morelia y en su teléfono encontramos los contactos directos de Medina, Campos y Rentería. Los tres tenían comunicación constante con el licenciado durante las semanas previas, coordinando horarios, eh rutas, esquemas de seguridad, vulnerabilidades del perímetro.

 Los escoltas no solo se hicieron a un lado, fueron informantes activos que entregaron toda la información operativa necesaria para garantizar el éxito del magnicidio. El licenciado es jefe de célula del cártel Jalisco en Uruapan, controla la operación criminal en la zona aguacatera y recibe órdenes directas de Ramón Álvarez Ayala. El runo.

 Los mensajes recuperados muestran su brutalidad. Disparen aunque esté acompañado. No importa quién esté cerca, tienen que hacerlo esta noche. Esas instrucciones no dejaban espacio para dudas. Y el licenciado también ordenó ejecutar al tirador si lo capturaban vivo. En uno de los mensajes escribió textualmente que si sometían al sicario había que silenciarlo de inmediato para proteger la operación.

 Esa orden fue la que cumplió Hugo Rentería cuando le voló la cabeza a Víctor Manuel. Eh, no fue decisión personal, fue cumplimiento de protocolo transmitido desde la estructura del cártel Jalisco hacia los escoltas infiltrados. Pero aquí viene lo que nadie esperaba. Cuando detuvimos al licenciado encontramos en su teléfono no solo los contactos de los escoltas municipales, también encontramos mensajes eh intercambiados con funcionarios de nivel estatal, conversaciones donde se mencionan eh modificaciones a protocolos de seguridad, donde se discuten

asignaciones de elementos de Guardia Nacional, donde se confirman agendas del alcalde con días de anticipación. El licenciado no operaba solo con escoltas municipales comprados, eh tenía infiltración directa en el aparato de seguridad del gobierno de Michoacán y esos funcionarios estatales que le pasaban información están siendo identificados en este momento.

 Pero el licenciado recibe órdenes de alguien más peligroso. Ramón Álvarez Ayala, alias el Runo, operador regional del cártel Jalisco para Michoacán y segundo o tercer hombre después de el mencho. El runo ordenó directamente el asesinato de Carlos Manso. Transmitió la instrucción de ejecutarlo, estuviera con quien estuviera.

 Fue detenido en 2012, condenado en 2016 por delincuencia organizada, pero libró cinco causas penales gracias a decisiones judiciales inexplicables. En noviembre de 2022 quedó libre tras una resolución que el subsecretario Ricardo Mejía Verdeja calificó como sabadazo judicial. El propio presidente López Obrador mencionó el caso criticando la corrupción del sistema judicial y desde que salió el runo consolidó su dominio en Uruapan, donde creó los cannabis, eh célula especializada en control territorial, extorsión a productores y ejecución de

objetivos políticos. Y aquí está la conexión directa con con los escoltas. Cuando rastreamos los pagos eh que recibieron Medina, Campos y Rentería, descubrimos que varios depósitos se originaron en cuentas vinculadas directamente operadores de los cannabis. No fueron pagos anónimos del cártel genérico, fueron transferencias rastreables desde la estructura del runo hacia los escoltas municipales.

 Eso confirma que el asesinato de Mansu no fue decisión de de un operador local. Eh, fue orden directa del segundo al mando del cártel Jalisco ejecutada a través de su célula en Uruapan, con participación de escoltas que él mismo ayudó a reclutar y financiar. Y hay algo más que los escoltas revelaron durante interrogatorio.

 No fueron ellos quienes abrieron las vallas metálicas la noche del ataque. Esa fue otra persona, alguien que trabajaba en la logística del festival, alguien que tenía acceso autorizado al montaje del evento. Medina confesó que recibió instrucciones específicas de mantenerse alejado del perímetro en el momento exacto y que otra persona se encargaría de abrir el acceso.

 Esta persona ya está identificada, trabaja para una empresa de servicios contratada por el municipio y tiene vínculos familiares con operadores del cartel Jalisco. Las cámaras lo captan moviendo las vallas con intención clara segundos antes de que el sicario pasara y esa persona recibió pago directo de 300 p dos días antes del festival.

 El operativo no dependió solo de que los escoltas hicieran a un lado, dependió de una red completa de cómplices infiltrados en diferentes niveles, escoltas municipales, eh personal de logística del evento, funcionarios estatales que modificaron protocolos y probablemente elementos de Guardia Nacional que recibieron órdenes de no interferir.

Cuando Medina termine de declarar todo lo que sabe, vamos a a exponer una una red de de complicidad que atraviesa todo el aparato de seguridad de Michoacán desde el nivel municipal hasta el estatal. Eh, el móvil es claro. Semanas antes, Carlos Manso capturó a René Belmonte, Alex el Rino, jefe de plaza del cártel Jalisco y subordinado del runo.

 Lo exhibió en redes, declaró código rojo. El Rino controlaba la extorsión del aguacate. Golpeó los ingresos del cártel. para el runo. Esa frenta, no podía quedar sin castigo ejemplar. Y cuando el cártel decidió ejecutar a Manso, no buscó sicarios externos, usó la estructura que ya tenía infiltrada dentro del esquema de protección del alcalde.

 Los escoltas que Manso creía que lo defendían ya estaban comprometidos con el cártel semanas antes de la captura del Rino, pero hay conexión directa con el gobierno estatal. El gobernador Alfredo Ramírez Bedoya tiene vínculos familiares documentados con el crimen organizado. Eh, su tía Nabel Bedoya Marín fue interceptada coordinando con cárteles unidos.

 El esposo de esa tía está recluido en Estados Unidos por traficar metanfetamina. Su primo fue detenido en Miami recibiendo droga y aquí está el vínculo con los escoltas. Eh, Rodrigo Campos, el que modificaba protocolos de seguridad, recibió instrucciones directas de funcionarios del gobierno estatal sobre cómo reducir la protección del alcalde.

 Esas instrucciones no venían de del licenciado ni del cartel Jalisco directamente, venían de oficinas gubernamentales en Morelia. Campos lo confirmó durante eh interrogatorio. Le dijeron que el gobernador consideraba excesiva la protección de Manso, que había que normalizarla para no crear tensión con la ciudadanía y Campos obedeció porque las órdenes venían con membrete oficial y con amenazas veladas sobre su permanencia en el cargo.

 Los escoltas no solo fueron comprados por el cártel, fueron presionados desde el gobierno estatal para crear las condiciones que el cártel necesitaba. Juan Manso, hermano de del alcalde asesinado, es secretario de gobierno de Ramírez Bedoya, trabaja para el gobernador acusado de haber coordinado el esquema que permitió el asesinato y la viuda Grecia Quiroz, ahora es alcaldesa interina, sí exige investigación completa, expone al gobernador.

 Por eso los presionan para que permanezcan en silencio, pero hay algo que el gobernador no puede ocultar y que demuestra su desprecio hacia Manso semanas antes del asesinato. Circuló un video donde Ramírez Bedoya se acerca a Carlos en un evento público, lo abraza sonriendo y le pregunta con tono burlón cuántos criminales había batido últimamente.

 Manso, visiblemente incómodo, responde que varios en coordinación con fuerzas federales, pero el gobernador insiste riéndose, preguntando cuántos había batido él personalmente, como si fuera un chiste. Eh, Manso intenta mantener seriedad institucional, pero Ramírez Bedoya se ríe abiertamente frente a las cámaras. Ese video no era conversación casual entre autoridades del mismo nivel, era menosprecio calculado y público.

 El gobernador sabía perfectamente que Manso acababa de capturar al Rino. Eh, sabía que el cártel Jalisco iba a responder con violencia extrema y aún así se burlaba de él públicamente como si quisiera humillarlo antes de entregarlo al cártel. En el funeral, cientos expulsaron a Ramírez Bedoya gritándole asesino, traidor, lo acorralaron mientras sus escoltas intentaban abrir paso.

 ¿Cuánto te pagó el cártel Jalisco? Diste las órdenes para que los guardias se apartaran. Tuvo que correr hacia su camioneta blindada con la multitud golpeando las ventanas. Lo expulsaron señalándolo como responsable directo. Manso pidió ayuda seis veces, declaró código rojo, canceló Fiestas Patrias, ofreció recompensas de un millón de pesos por capturas, criticó abrazos novalazos, pidió armamento pesado.

 Dijo que no quería ser un alcalde más de la lista de ejecutados. Días después lo mataron rodeado de guardias que recibieron orden de no protegerlo. El cártel sabía exactamente qué estaba pidiendo el alcalde, qué tan desesperado estaba, qué tan vulnerable se sentía. Usaron esa información para calcular el momento exacto del ataque cuando Manso ya había pedido ayuda tantas veces que las autoridades estatales dejaron de tomarla en serio cuando parecía que exageraba las amenazas.

 Cuando el gobernador decidió que era dramático y no necesitaba tanta protección, los escoltas no solo facilitaron el acceso físico del sicario, facilitaron la narrativa que permitió reducir la seguridad del alcalde semanas antes del ataque. La táctica se llama magnicidio camicase, sicario suicida, que asume que va a morir sin plan de escape, solo rompe el anillo de seguridad y ejecuta.

El mensaje es claro. Si combates al cártel, te matamos en público para demostrar que el estado no puede proteger a nadie. Y funcionó porque ahora varios alcaldes saben que sus propios escoltas pueden estar en la nómina del narco. Estamos yendo por todos los que faltan. Ya tenemos a los siete escoltas, ya capturamos al licenciado, ya identificamos al runo, pero hay más.

 Funcionarios que filtraron agenda, operadores que coordinaron depósitos, elementos estatales que dieron órdenes de protección laxa y la confesión de Medina va más allá de lo que imaginábamos. Él era el enlace directo entre el licenciado y los otros seis escoltas, el que recibía las órdenes y las distribuía. Ahora está entregando nombres completos de funcionarios estatales que ordenaron reducir la protección, montos exactos pagados a cada participante, detalles sobre quién filtró la agenda del alcalde durante semanas y y lo más devastador,

¿no? está revelando que cuando recibió esa llamada 12 minutos antes del ataque, no fue de un operador cualquiera del cartel Jalisco, fue de alguien con acceso institucional, alguien desde adentro de del aparato de seguridad estatal, alguien con poder para dar órdenes tanto a policías municipales como a corporaciones superiores.

Cuando Medina declare formalmente en tribunal, cuando presente las pruebas documentales que está entregando, cuando revele públicamente los nombres que hasta ahora solo ha confirmado en interrogatorio cerrado, la cadena de complicidad quedará expuesta desde el sicario de 17 años hasta el círculo del gobernador, porque está demostrando que esto no fue decisión de siete escoltas municipales corruptos, fue operación coordinada desde niveles superiores del gobierno con participación directa de funcionarios estatales que recibían

orden órdenes de arriba y y habla porque sabe que si no lo hace, el cártel Jalisco lo limpiará como limpiaron a Ramiro y Fernando Josué. Su única salida es desmantelar la estructura completa antes de que lo desaparezcan. Los hombres que debían proteger a Carlos Manso obedecieron órdenes de alguien mucho más poderoso y ese alguien está a punto de ser expuesto públicamente.

¿Ustedes qué opinan? ¿Cuánto más tiene que caer antes de que Ramírez Bedoya responda por entregar autoridades al crimen organizado?