El estruendo de las ráfagas aéreas rasgó el silencio de la mañana. Los sicarios miraron hacia el cielo y vieron la muerte descendiendo. Era demasiado tarde. Son las 6:47 de la mañana en Apatzingán, Michoacán. 23 de octubre de 2024. Un convoy de 19 camionetas blindadas del cártel Jalisco Nueva Generación avanza por la carretera federal 120 hacia la Escuela Secundaria Federal número 1, ubicada en Avenida Corregidora.

 Entre las calles Morelos y Constitución, dos ametralladoras calibre 50 montadas en troconas de guerra. Más de 130 armas de alto poder. 77 sicarios armados hasta los dientes con chalecos antibalas, pasamontañas negros y las siglas ScotNG pintadas en blanco en sus uniformes tácticos.

 Vienen por un maestro de educación física que rechazó sus amenazas. Un hombre de 42 años que camina con cojera visible, que enseña basquetbolas en adolescentes todos los días, que vive solo en un departamento humilde de dos cuartos en la colonia nueva Patzingan, un hombre que cada mañana prepara café negro en una olla vieja, que marca las líneas de la cancha con gis blanco, que conoce a cada uno de sus 340 estudiantes por su nombre.

 Lo que jamás imaginaron es que ese maestro tiene 183 bajas confirmadas en su historial militar, que fue el francotirador más letal del grupo aeromóvil de fuerzas especiales entre 2014 y 2016, que su nombre real fue borrado de todos los registros públicos por seguridad nacional, que lleva 8 años viviendo como fantasma con identidad falsa y que en exactamente 4 horas y 38 minutos esos 77 sicarios estarán muertos, cero sobrevivientes.

 Ni uno solo logrará huir, ni uno solo tendrá tiempo de llamar refuerzos. Y hoy vas a descubrir exactamente como un maestro con dos costillas rotas y cinco balazos en el cuerpo salvó a 340 estudiantes usando solo un fusil robado y su entrenamiento militar. Como tres helicópteros de combate ejecutaron la emboscada más letal del año contra el CJNG.

 Y por qué las familias de Apatzingan vivieron las 4 horas más aterradoras de 2024, encerradas en sus casas mientras afuera se desataba una batalla campal que parecía sacada de zona de guerra en Medio Oriente. Porque cuando 77 hombres armados invaden una escuela secundaria federal para ejecutar públicamente a un maestro frente a sus estudiantes y terminan siendo aniquilados hasta el último por el ejército mexicano.

 El mensaje resuena en todo Michoacán, en Jalisco, en Guanajuato y en cada plaza donde opera el cártel Jalisco Nueva Generación. Ningún sicario está a salvo. Ningún convoy tiene garantía de llegar a su destino y los fantasmas del ejército mexicano nunca dejaron de cazar. Antes de continuar con esta historia, escribe en los comentarios el país y la ciudad desde donde nos estás viendo.

 Queremos saber dónde están nuestros oyentes que siguen estas historias de resistencia y valentía, porque lo que vas a escuchar hoy no es ficción, es el operativo militar más brutal ejecutado contra el SECA ATNG en lo que va del año 2024. Es la historia de un maestro que sacrificó su salud para salvar a sus estudiantes.

 Y es la historia de 77 familias que perdieron a sus hijos, esposos y hermanos en un solo día de octubre. Roberto Salazar despierta todos los días a las 5:30 de la mañana desde hace exactamente 8 años. La misma hora, la misma rutina meticulosa, como si fuera un ritual sagrado que no puede romper bajo ninguna circunstancia. Prepara café negro en una olla vieja de aluminio que compró en el mercado municipal de Apacingán por 45 pesos hace 6 años.

 Sin azúcar, sin leche, sin endulzantes artificiales, solo café negro cargado que hierve hasta que toda la casa de dos cuartos huele a granos tostados de Veracruz. Se sienta en la única silla que tiene en su departamento, una silla de plástico blanca que alguna vez fue parte de un juego de comedor, pero que ahora vive sola porque las otras tres se rompieron con el tiempo.

 Toma el café despacio, quemándose la lengua con el primer zorbo, como hace todas las mañanas. Mirando por la ventana que da a un patio compartido donde los vecinos tienden ropa en mecates amarrados entre postes de madera. Desde ahí puede ver a doña Marta, la señora de 58 años que vive en el departamento de al lado preparando el desayuno para sus cinco hijos.

 Puede escuchar al señor Ramiro, el mecánico de 45 años del departamento de abajo, abriendo su taller improvisado en la cochera con el chirrido metálico de la cortina oxidada. Puede oler las tortillas recién hechas que prepara doña Lupita en su pequeño negocio casero que opera desde su ventana vendiendo tortillas a 18 pesos el kilo a los vecinos que hacen fila desde las 6 de la mañana.

 Es una vida simple, una vida tranquila, una vida completamente diferente a la que Roberto vivió durante dos años intensos, entre 2014 y 2016, cuando su nombre era diferente, cuando usaba uniforme negro sin insignias, cuando pasaba semanas enteras en las montañas de Tamaulipas y Veracruz, cazando comandantes de los setas con un fusil Barret que pesaba 14 kg y disparaba balas tan grandes como dedos humanos.

 Se pone su pans gris, que tiene un pequeño remiendo en la rodilla izquierda que él mismo cosió con hilo negro hace 3 meses. Su playera de manga larga azul marino, siempre manga larga, incluso en días de 38 grc, cuando Apatzingán se convierte en un horno insoportable y el sudor empapa la ropa en minutos. Incluso cuando los otros maestros le preguntan cómo puede usar manga larga con ese calor y él responde con una sonrisa que simplemente no le gusta el sol en sus brazos. La verdad es diferente.

 La verdad está tatuada en su brazo derecho. Un escudo del grupo aeromóvil de fuerzas especiales con las fechas 2012-206 grabadas en tinta negra permanente y un número de identificación GCI 274 que cualquier militar reconocería instantáneamente. Ese tatuaje es como una huella digital, como un certificado de nacimiento que no puede ser falsificado.

 Cualquiera que lo vea y sepa lo que significa, entendería inmediatamente que Roberto no es un maestro común de escuela pública. Es un soldado de élite retirado. Es un fantasma. Es alguien que el gobierno entrenó para matar desde distancias de más de 1000 m. Y en Tierra Caliente, donde el cártel Jalisco Nueva Generación tiene informantes en cada esquina, donde los halcones del narco memorizan rostros y reportan movimientos sospechosos por radio encriptada.

 Ese conocimiento sería una sentencia de muerte ejecutada en menos de 48 horas. Se pone sus tenis desgastados, negros con franjas blancas. Nike falsos que compró en el tianguis dominical por 280 pesos hace 8 meses. La suela derecha está más desgastada que la izquierda por su cojera permanente.

 Cojera que arrastra desde el 23 de octubre de 2016, exactamente 8 años antes de hoy, cuando una bala de AK47 disparada por un sicario de los setas de apenas 19 años atravesó su rodilla derecha durante un operativo de rescate de rehenes en una casa de seguridad en las afueras de Reinosa, Tamaulipas. La bala entró por el lado exterior de la rodilla a una velocidad de 715 m/ segundo. Destrozó tendones.

 Fracturó la rótula en tres pedazos irregulares, desgarró el cartílago y salió por el lado interior llevándose fragmentos de hueso que los cirujanos nunca pudieron recuperar. Roberto pasó 14 meses en rehabilitación intensiva en el Hospital Militar de la Ciudad de México.

 Siete cirugías reconstructivas, una cada dos meses. Cientos de horas de terapia física con un fisioterapeuta militar llamado Capitán Rodríguez, que lo hacía llorar del dolor cada sesión, pero que también le salvó la movilidad de la pierna. Recuperó el 70% de funcionalidad. Suficiente para caminar distancias moderadas. Suficiente para enseñar educación física a adolescentes.

 Suficiente para vivir vida relativamente normal, pero completamente insuficiente para volver al campo de batalla. Insuficiente para cargar equipo de 40 kg en marchas de 20 km. Insuficiente para correr, saltar, arrastrarse por terreno irregular mientras alguien dispara en tu dirección. A las 6 T am sale de su departamento, cierra con dos candados diferentes, uno en la manija de acero, otro en el marco superior de madera, no por miedo a que le roben.

 En ese departamento de renta de 2,500 pesos mensuales no hay absolutamente nada de valor que justifique un robo. dos platos de cerámica baratos, tres vasos de vidrio, una cama individual con colchón delgado, una mesa vieja de madera que cojea y necesita un pedazo de cartón doblado bajo una pata para no tambalearse.

 Un pequeño refrigerador de segunda mano que hace ruido constante, pero que mantiene el agua fría. Lo cierra con doble seguridad porque el ejército mexicano le entrenó durante 4 años a cerrar todo con doble seguridad. Hábitos militares que nunca se van, que permanecen grabados en el cerebro como cicatrices invisibles. Camina 15 minutos desde su departamento hasta la escuela secundaria federal número uno.

 Podría tomar el camión de transporte público que pasa cada 20 minutos por la avenida principal y llega en 5 minutos. Cuesta 9os. Roberto gana 6,200 pesos quincenales como maestro de educación física. Podría pagar esos 9 pesos sin problema. pero prefiere caminar. Necesita mover la rodilla dañada. El médico militar ortopedista, un coronel con 35 años de experiencia, le dijo durante su última revisión hace 3 años que si no ejercita la rodilla diariamente con caminatas de al menos 15 minutos, la articulación se atrofiará completamente en menos de 5 años y necesitará reemplazo total de rodilla

con prótesis metálica que cuesta 180,000 pesos que Roberto no tiene. Así que camina con cogera visible que algunos transeútes notan y otros ignoran con dolor constante que Roberto aprendió a ignorar hace años por la avenida Constitución que tiene el pavimento roto con baches profundos que se llenan de agua sucia cada temporada de lluvias.

 Por la calle Morelos, donde los puestos de tacos de barbacoa y carnitas ya están preparando la carne para el desayuno, el olor a cilantro y cebolla asada, llenando el aire matutino por el parque municipal Melchoro Campo, donde los ancianos de 60, 70, 80 años hacen ejercicio matutino caminando en círculos lentos y los jóvenes de 15 y 16 años juegan fútbol en una cancha improvisada con porterías hechas de tubos de metal oxid. Cuidado.

 A las 6:15 a llega a la escuela, la escuela secundaria federal número 1 de Apatzingán, un edificio de dos pisos construido con blocos de cemento pintado de amarillo pálido con franjas verdes descoloridas. Construido en 1987 con presupuesto federal, remodelado parcialmente en 2019 después de que una tormenta tropical destruyó parte del techo y las autoridades estatales finalmente aprobaron fondos de emergencia después de 3 años de solicitudes ignoradas.

 Tiene 12 salones de clase con pupitres viejos tallados con nombres de generaciones de estudiantes. Un gimnasio techado sin aire acondicionado, donde en verano la temperatura alcanza fácilmente 42ºC y los estudiantes se desmayan del calor durante las clases de educación física. Una cancha de basquetbol al aire libre con aros oxidados que nadie ha reemplazado en 12 años.

 Una dirección pequeña con dos escritorios de metal y archiveros repletos de documentos amarillentos. Dos baños que siempre huelen a cloro industrial porque es la única forma de mantener la higiene con tantos estudiantes. Y un patio central de cemento agrietado donde cada lunes se hace el homenaje a la bandera con 340 estudiantes formados en filas desiguales cantando el himno nacional con diferentes niveles de entusiasmo. Roberto es el primero en llegar.

 Siempre el conserje don Marcos, un hombre de 68 años que lleva 34 años trabajando en la escuela, llega a las 6:30 a. La directora, la maestra Claudia de 52 años con 28 años de experiencia en el sistema educativo público, llega a las 6:45 a. Los otros siete maestros llegan entre las 6:50 y las 7:10 a dependiendo de qué tan lejos vivan y si lograron tomar el camión a tiempo.

 Pero Roberto llega a las 6:15 a porque necesita preparar la cancha de basketbol, porque es su rutina, porque esos 30 minutos de soledad antes de que lleguen los estudiantes le dan paz, que no encuentra en ningún otro momento del día. Va directamente a la cancha de basquetbol, revisa las redes de los aros. La red del aro norte tiene un agujero grande del tamaño de un puño que parece una boca abierta.

 La del aro sur está completamente desilachada con hilos colgando como raíces de árbol viejo. Roberto las ha arremendado tres veces con hilo de pescar de nylon calibre 80 que compra en la ferretería por 35 pesos. El rollo no es perfecto, pero funciona. Las redes duran dos o tres meses más antes de romperse nuevamente. Marca las líneas de la cancha con guis blanco industrial.

 la línea de tres puntos, la línea de tiros libres, el círculo central, las líneas laterales, las líneas de fondo. Todo tiene que estar perfectamente marcado. Los estudiantes merecen una cancha bien marcada, aunque sea una escuela pública de una ciudad olvidada en Michoacán, donde el presupuesto para educación física es de 12,200 pesos anuales. infla cinco pelotas de basketbol con una bomba manual de pie que tiene 15 años de antigüedad.

 Una de las pelotas, una Spalding naranja desgastada, tiene una fuga lenta que nadie ha podido reparar. Cada dos días Roberto tiene que inflarla nuevamente. Pidió a la dirección presupuesto para comprar pelotas nuevas hace 6 meses. La respuesta fue que no hay presupuesto hasta el siguiente ciclo escolar. Tal vez si la CP aprueba fondos adicionales, lo cual es improbable.

 Así que Roberto compró dos pelotas nuevas con su propio dinero con los 300 pesos semanales que le sobran después de pagar renta de 2,500 pesos quincenales, comida básica de 800es semanales, transporte ocasional de 200 pesos semanales y medicinas para su rodilla que cuestan 450 pesos mensuales. A las 6:45 a empiezan a llegar los estudiantes más madrugadores, los que vienen de rancherías lejanas.

 ubicadas a 15, 20, 30 km de distancia, los que tienen que levantarse a las 4:30 a para tomar dos o tres camiones rurales que cuestan 15 pesos cada uno. Los que caminan 40 o 50 minutos desde colonias periféricas porque sus padres no tienen dinero para pasajes diarios. Roberto lo saluda a cada uno por su nombre. Diego, buenas, mi hijo.

 ¿Cómo amaneciste? Carla, buenos días. ¿Cómo sigue tu mamá de su tratamiento? Javier, ¿trajiste tu uniforme de educación física hoy o se te volvió a olvidar? Mónica, ya mejoró tu hermano del esguince de tobillo que se hizo jugando fútbol. Luis, ¿estudiaste para el examen de matemáticas o otra vez vas a reprobar? Roberto conoce a cada uno de sus 340 estudiantes.

 Conoce sus nombres completos, sus historias familiares, sus sueños que a veces comparten tímidamente, sus problemas que intentan ocultar, pero que Roberto detecta con facilidad después de 8 años trabajando con adolescentes. sabe que Carla, de 14 años cuida a su mamá de 39, que tiene cáncer de mama en etapa cuatro y que recibe quimioterapia cada 21 días en el Hospital General, que cuesta 18,000 pesos por sesión que la familia no tiene. Sabe que Javier, de 13 años, trabaja en el campo de aguacates los fines de semana desde las 6 a hasta las

6 pm, ganando 200 pesos diarios para ayudar a su familia de siete hermanos. Sabe que Mónica, de 15 años quiere estudiar medicina deportiva en la UNAM, pero su familia no tiene dinero para mandarla a Ciudad de México y ni siquiera sabe si podrá terminar la preparatoria. Sabe que Luis, de 14 años, tiene talento natural para las matemáticas avanzadas, pero sus maestros lo consideran estudiante promedio porque es extremadamente tímido y nunca participa en clase por miedo a que se burlen de él. Lleva 8 años viviendo así.

8 años de rutina perfecta e incambiable. 8 años siendo el maestro Roberto Salazar. 8 años sin llamar la atención de nadie. 8 años siendo completamente invisible en una ciudad donde todos los extraños eventualmente son notados. Porque Roberto Salazar no es su nombre real.

 Su nombre real, el nombre con el que nació en Uruapán, Michoacán, el 15 de marzo de 1982. Es Roberto Ignacio Medina Contreras, capitán retirado con honores del grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano. Matrícula militar GC Dom 1274. Especialidad: francotirador de largo alcance, categoría alfa. Unidad de élite, los fantasmas, los operadores que no aparecen en fotos oficiales ni en ceremonias públicas, los que ejecutan operativos que el gobierno mexicano nunca reconoce públicamente.

 Los que entran a territorios controlados completamente por cárteles sin uniforme oficial, sin identificación militar, sin respaldo diplomático. Si los capturan, el gobierno niega su existencia. Si mueren, sus familias reciben una carta genérica. diciendo que fallecieron en accidente de entrenamiento durante ejercicios de rutina.

 Entre agosto de 2014 y octubre de 2016, exactamente 2 años, 2 meses y 8 días, Roberto participó en 34 operativos clasificados contra los ZAS y el Cártel del Golfo en los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Veracruz. operativos de altísimo riesgo que aparecían en las noticias nacionales como enfrentamientos entre fuerzas federales y grupos criminales, sin dar detalles específicos.

 Rescate de rehenes secuestrados, neutralización de comandantes de alto nivel con precios millonarios en sus cabezas, desmantelamiento de laboratorios clandestinos de metanfetamina y fentanilo, emboscadas a convoyes armados que transportaban drogas y armas. Infiltración en reuniones de líderes del narco usando inteligencia humana. Su especialidad específica dentro de esas operaciones era francotirador de largo alcance.

 podía neutralizar objetivos humanos a distancias de más de 100 m, con viento cruzado de 15 km/h, con lluvia ligera, de noche usando sistemas de visión térmica de tercera generación, de día usando telescopios ópticos de 25 kicks magnificación no fallaba. En dos años de operativos activos de combate, Roberto ejecutó 183 disparos letales confirmados por inteligencia militar con fotografías satelitales y verificación de cuerpos.

Cada disparo meticulosamente documentado en archivos clasificados nivel 4, que solo tres generales tienen autorización para revisar. Cada objetivo verificado con nombre completo, edad, historial criminal, nivel de peligrosidad y confirmación postmortem. 183 sicarios, comandantes regionales, jefes de plaza, halcones veteranos, cocineros de laboratorios de fentanilo, operadores logísticos del narco que dejaron de existir por una bala calibre 50 que no escucharon venir.

 una bala disparada desde un edificio abandonado a 800 m de distancia o desde una montaña camuflada a miles 100 m o desde un helicóptero en movimiento a 600 m de altura volando a 140 km/h. Roberto nunca conoció personalmente los rostros de esos 183 hombres que mató. Solo los veía a través del telescopio óptico Leopold Mark I 4 de su fusil Barret M82A1 calibre 50.

Los veía caminar despreocupadamente por patios de casas de seguridad, reír mientras contaban dinero en efectivo apilado en mesas, fumar cigarros marboro mientras revisaban celulares, hablar animadamente por teléfono satelital con sus jefes reportando operaciones. Y entonces Roberto ajustaba la mira compensando distancia exacta, medida con teletro láser, velocidad y dirección del viento, medida con anemómetro portátil, temperatura ambiente, humedad relativa, presión barométrica, rotación de la tierra a esa latitud específica. Exhalaba lentamente, vaciando sus

pulmones completamente. Detenía la respiración en el punto exacto entre exhalación e inhalación y apretaba el gatillo con presión gradual de exactamente 2.1 kg. Un segundo después, el objetivo caía. Los compañeros del objetivo gritaban desesperadamente, buscaban frenéticamente de dónde vino el disparo.

 Disparaban sus AK47 al aire en todas direcciones, sin saber dónde estaba el francotirador. Pero Roberto ya estaba evacuando la posición, moviéndose sigilosamente a la siguiente posición de cobertura a 300 m atrás o subiendo al helicóptero Black Hawk que lo extraía volando bajo entre montañas. Esos 183 hombres aparecían en los sueños de Roberto todas las noches durante los primeros dos años después de retirarse forzosamente del servicio activo en diciembre de 2016.

 No como pesadillas terroríficas con gritos y sangre, simplemente aparecían rostros pixelados vistos a través de un telescopio óptico de magnificación 25 kikis, cayendo en cámara lenta una y otra vez. 183 veces cada noche. Roberto dejó de dormir bien. Empezó a tomar pastillas para dormir que le recetó el psicólogo militar, un mayor con especialización en estrés postraumático de combate.

 Las pastillas no funcionaron, solo lo dejaban atontado sin realmente permitirle dormir profundamente. Empezó a beber tequila barato de 80 pesos la botella antes de dormir. Funcionaba algunas noches. Otras noches, simplemente se quedaba despierto hasta las 3 o 4 de la mañana, viendo el techo agrietado de su cuarto en el hospital militar, donde pasó 14 meses recuperándose.

 Fue don Marcos, el conserje humilde de 68 años que lleva 34 años trabajando en la Escuela Secundaria Federal número uno, quien finalmente le ayudó sin saberlo. Una mañana fría de febrero de 2018, don Marcos encontró a Roberto dormido en las gradas de madera de la cancha de basquetbol. Había llegado a las 6:15 a como siempre.

 Había preparado meticulosamente la cancha y después simplemente se sentó en las gradas porque no había dormido nada en 40 horas consecutivas. Don Marcos lo despertó suavemente tocando su hombro. Maestro Roberto, ¿está bien? ¿Le pasó algo? Roberto abrió los ojos desorientado. Disculpe, don Marcos. No pude dormir anoche. Don Marcos. un hombre sabio que había vivido 68 años en Apatzingán y había visto todo tipo de sufrimiento humano. Se sentó junto a él.

 Maestro, no sé qué le pasa y no voy a preguntar porque cada hombre tiene sus demonios, pero le voy a decir algo que mi papá me dijo cuando yo tenía 20 años y no podía dormir por problemas. Los fantasmas del pasado solo te persiguen si sigues corriendo. Si te detienes y los enfrentas cara a cara, eventualmente se cansan y se van.

 Desde esa mañana de febrero de 2018, Roberto dejó de tomar pastillas para dormir. Dejó de beber tequila como anestesia y cada noche, antes de intentar dormir se sentaba en el borde de su cama individual y pensaba conscientemente en los 183. Pensaba en quiénes probablemente fueron cuando estaban vivos.

 sicarios que habían matado familias inocentes por órdenes de sus comandantes, comandantes que habían ordenado ejecuciones masivas para controlar territorios, cocineros que habían producido toneladas de metanfetamina y fentanilo, que destruyó miles y miles de vidas en México y Estados Unidos.

 Y Roberto se recordaba a sí mismo, repitiéndolo como mantra, que esos 183 disparos salvaron vidas, que cada sicario neutralizado era una familia que no sería extorsionada esa semana, que cada comandante eliminado era un pueblo pequeño que podría respirar en paz, aunque fuera temporalmente por tres o 6 meses, que cada laboratorio desmantelado era menos droga llegando a secundarias y preparatorias.

 Los fantasmas no desaparecieron completamente, todavía aparecen ocasionalmente en sueños, pero dejaron de perseguirlo agresivamente. Y Roberto empezó a dormir cinco o 6 horas por noche. Suficiente para funcionar como ser humano. Suficiente para enseñar con energía, suficiente para vivir. Eligió específicamente a Patzingán porque necesitaba el calor de tierra caliente.

 Porque Michoacán le recordaba poderosamente a su infancia en Uruapán, donde nació y vivió hasta los 18 años antes de unirse al ejército. y eligió conscientemente ser maestro de educación física, porque quería estar cerca de niños y adolescentes, niños que todavía tenían futuro abierto, niños que no habían elegido todavía el camino del narco, todavía, porque en Tierra Caliente en 2024, el narco no es solo una opción entre muchas.

 Es la opción que parece única e inevitable. Cuando trabajar honestamente en el campo o en comercios te paga miserablemente 150 pesos por jornada de 10 horas y trabajar para el cártel te paga atentadoramente 5000 pesos a la semana por trabajar como halcón vigilando carreteras. Cuando tu hermana menor necesita urgentemente quimioterapia, que cuesta 18,000 pesos cada sesión y tu familia no tiene ni siquiera 1000 pesos ahorrados cuando tu hijo necesita medicinas diarias para la diabetes, que cuestan 1,200 pesos cada

mes, y tu sueldo apenas alcanza para tortillas y frijoles, cuando tu casa de adobe y láminas está literalmente cayendo y necesitas 25,000 pesarla antes de que llegue la temporada de lluvias y el techo colapse sobre tu familia dormida. Roberto lo sabe perfectamente. Ve a sus estudiantes tomando esas decisiones imposibles en tiempo real.

 Ve a Diego Romero, su mejor jugador de basketbol de 14 años, llegar cada vez más distraído a las prácticas matutinas desde hace dos meses. Ve a Luis Hernández, el estudiante tímido de 14 años con talento extraordinario para matemáticas avanzadas, usando repentinamente tenis Nike originales que cuestan 2,500es cuando su familia vive en una casa de una sola habitación sin piso de cemento.

Ve a Javier Contreras que trabajaba honestamente en el campo de aguacates los fines de semana ganando 200 pesos diarios. Dejar de venir a clases los viernes porque ahora trabaja como halcón para el CJNG vigilando la carretera federal 120 que conecta a Patzingán con Uruapan, reportando movimientos de vehículos militares y patrullas por radio encriptada.

 Roberto hizo un trato severo consigo mismo cuando llegó a Apatzingan en febrero de 2017. No involucrarse en asuntos del narco bajo ninguna circunstancia. No llamar la atención de nadie. No ser héroe. No intentar salvar el mundo. Solo enseñar basketbol. Solo ayudar a los niños a mejorar sus tiros libres y sus pases. Solo sobrevivir en paz con dolor crónico en su rodilla y fantasmas ocasionales en sus sueños.

 Ese trato funcionó perfectamente durante 8 años, hasta el lunes 20 de octubre de 2024, hasta que Diego Romero, de 14 años, llegó tarde a la práctica matutina de basquetbol, con los ojos hinchados y rojos, como si hubiera llorado toda la noche, con moretones visibles de color morado oscuro en el brazo izquierdo y las manos temblando incontrolablemente.

Diego tiene exactamente 14 años y 2 meses. cumplió 14 el 8 de septiembre y Roberto le regaló una pelota de basketball Spalding, nueva que costó 380 pesos. la mejor que pudo comprar con el dinero que tenía ahorrado ese mes. Diego lloró cuando la recibió porque dijo que nadie nunca le había regalado algo así, algo comprado específicamente para él y no ropa usada heredada de primos mayores. Es delgado, mide 1.

73 m, piel morena por el sol de Michoacán, ojos grandes color café que siempre parecen un poco tristes y melancólicos, como si cargara un peso invisible en sus hombros. Es el mejor jugador de basketbol de toda la escuela sin ninguna competencia cercana. Tiro de tres puntos con 67% de efectividad. Estadística extraordinaria incluso para jugadores profesionales. Visión de juego excepcional.

 Sabe exactamente cuándo pasar el balón a compañeros mejor posicionados y cuándo tirar personalmente. Roberto lo ha estado entrenando personalmente durante los últimos 2 años. llegan juntos a las 6:30 a, media hora antes que los otros estudiantes, para practicar tiros desde diferentes ángulos, mejorar su dribling con ambas manos, trabajar en su defensa, que es su punto débil.

 Roberto le dice constantemente que tiene talento profesional real, que podría conseguir una beca deportiva completa en alguna Universidad de Morelia o Guadalajara o incluso de Ciudad de México, que podría salir de Apatzingán para siempre. que podría tener futuro brillante. Diego sonríe tímidamente cuando escucha eso, pero es una sonrisa superficial que no llega a sus ojos tristes, como si supiera algo que Roberto no sabe, como si ya hubiera aceptado resignadamente que su futuro está escrito en piedra y no incluye becas ni universidades, ni salir de Michoacán. El lunes 20 de octubre de 2024, Diego llega tarde a la

práctica matutina. llega a las 6:55 a, cuando normalmente llega puntualmente a las 6:30 a. Llega con los ojos hinchados y rojos, como si no hubiera dormido absolutamente nada, con moretones profundos visibles en el brazo izquierdo, cinco dedos claramente marcados en su piel morena, como si alguien lo hubiera agarrado con fuerza brutal, con las manos temblando incontrolablemente, con la mirada completamente perdida.

 Roberto lo ve desde la cancha donde está inflando la última pelota. Diego camina lentamente hacia él sin su energía normal, sin su sonrisa tímida habitual. Camina como si cada paso le doliera física y emocionalmente. Roberto deja inmediatamente la pelota y la bomba. Camina hacia Diego. Lo llama aparte con gesto discreto, lejos de los otros tres estudiantes madrugadores que ya llegaron.

 lo lleva detrás del gimnasio techado donde nadie puede verlos ni escuchar su conversación. Mi hijo, ¿qué te pasó? ¿Por qué llegas tarde? ¿Estás bien? Diego no responde, solo mira fijamente al suelo de cemento agrietado. Sus manos siguen temblando. Roberto pone gentilmente su mano en el hombro del muchacho. Diego, mírame.

 ¿Quién te hizo eso? Y señala directamente los moretones oscuros en su brazo izquierdo, que claramente son marcas de dedos adultos. apretando con violencia. Diego finalmente levanta lentamente la vista. Tiene lágrimas acumuladas en los bordes de sus ojos color café que todavía no caen, pero que están a punto de derramarse.

 Mi tío, profe, mi tío el chaneque me hizo esto. Roberto siente instantáneamente que el mundo se detiene. Siente que el aire matutino se vuelve más pesado y difícil de respirar. Siente ese hormigueo distintivo en la nuca había sentido en exactamente 8 años. El instinto de combate, la señal de peligro inminente. El Chaneque.

 Jesús Abraham Romero Gutiérrez, 38 años, comandante regional del cártel Jalisco Nueva Generación en Apatzingán y los seis municipios cercanos de Tierra Caliente. Responsable directo de controlar absolutamente todo el tráfico de metanfetamina y fentanilo, que sale de los 14 laboratorios clandestinos escondidos en las montañas profundas de la sierra de Cualcomán.

 hacia el puerto estratégico de Lázaro Cárdenas, donde se carga en contenedores de barcos cargueros con destino a Los Ángeles, San Francisco y Seattel. 47 ejecuciones confirmadas y documentadas entre enero de 2019 y septiembre de 2024, según reportes de organizaciones de derechos humanos.

 28 desapariciones forzadas adicionales de personas que nunca aparecieron, ni vivas ni muertas. Extorsión masiva sistemática de productores de aguacate y limón que pagan entre 5,000 y 15,000 pesos mensuales dependiendo del tamaño de sus huertas, generando ingresos mensuales de aproximadamente 4 millones de pesos solo en extorsión. Reclutamiento forzado de menores entre 13 y 17 años que son entrenados como halcones primero y después gradualmente como sicarios. Roberto conoce perfectamente ese nombre.

Lo conoció hace años en los briefings clasificados de inteligencia militar, cuando todavía era capitán activo del gafe. En agosto de 2015, cuando Roberto todavía era parte del grupo aeromóvil de fuerzas especiales, el Chaneque apareció en un reporte de inteligencia como objetivo de alto valor, con prioridad nivel tres.

 El ejército mexicano lo buscó activamente durante 4 meses completos usando satélites, drones, informantes infiltrados. Interceptación de comunicaciones. Nunca lo encontraron porque el chaneque es completamente fantasma. Nunca duerme en el mismo lugar dos noches seguidas. Nunca usa el mismo teléfono celular más de una semana. Nunca aparece personalmente en las mismas reuniones con otros comandantes, siempre envía representantes de confianza y cuando necesita moverse físicamente, lo hace exclusivamente en convoyes masivos de 10 o 15 camionetas blindadas con 40 o 50 sicarios fuertemente armados. Es de los comandantes más precavidos y paranoicos del CJNG y simultáneamente de los más

violentos y despiadados. ¿Qué quiere tu tío contigo, Diego? Roberto pregunta con voz deliberadamente calmada, aunque su corazón está acelerado y su instinto militar está completamente alerta. Diego respira profundo intentando controlar el temblor en sus manos.

 Limpia las lágrimas acumuladas con el dorso de su mano derecha. Anoche me llevaron a un campamento, profe. Está en las montañas, como a 2 horas de aquí en camioneta por caminos de terracería. Hay como 50 hombres armados. Tal vez más. No los conté todos. Todos con fusiles grandes, todos con uniformes negros del cejo me dijeron que en dos semanas exactamente dejo la escuela para siempre, que me voy con ellos al campamento, que voy a trabajar como halcón primero, vigilando carreteras, reportando movimientos del ejército o de cárteles rivales por radio y después, cuando cumpla 15 años en

marzo, me entrenan oficialmente como sicario. Me van a dar fusil y todo. Roberto siente la rabia subiendo por su pecho como lava caliente, pero mantiene perfectamente la calma exterior. Su entrenamiento militar de 4 años le enseñó meticulosamente a controlar emociones intensas, a no reaccionar impulsivamente, a pensar estratégicamente antes de actuar.

 ¿Y qué dijiste tú cuando te dijeron eso? Diego mira nuevamente al suelo con vergüenza, que quiero seguir estudiando, que quiero jugar basketbol, que usted me dijo que puedo conseguir una beca deportiva para universidad, que quiero ser alguien en la vida. Mi tío el Chaneque se rió en mi cara, me dio un golpe fuerte en el brazo.

 Aquí, mire, y señala directamente los moretones oscuros de cinco dedos. me dijo que el basketbol no da dinero real, que ser sicario sí da dinero, que puedo ganar fácilmente 5000 pesos a la semana, que puedo comprarle una casa nueva a mi mamá que no tenga goteras, que puedo tener mi propia camioneta a los 16, que puedo tener respeto en toda la ciudad.

 ¿Dónde está exactamente ese campamento? Dame ubicación precisa. Roberto pregunta directamente. Diego le explica con detalles específicos que solo alguien que estuvo ahí físicamente podría saber. Sales de Apatzingán por la carretera federal 120 rumbo a Buenavista, Tomatlán. A exactamente 18 km hay una gasolinera Pemex pintada de azul y blanco con un restaurante al lado que se llama el pollo dorado.

 Ahí das vuelta a la derecha por un camino de terracería que no tiene nombre, pero que tiene un letrero de madera que dice Ejido el santuario 26 kómetra. Son como 23 km hacia las montañas por ese camino. El camino está relativamente bien porque los aguacateros lo usan constantemente para sacar su cosecha en camiones. A los 23 km llegas a Ejido el santuario. Es un pueblo muy chiquito, como 15 casas de adobe y lámina.

 Tal vez 60 personas viven ahí. Pasas el pueblo completo y a 3 km exactos está el campamento del COTO NG. Hay dos camionetas artilladas en la entrada del camino. RAM negras con ametralladoras enormes montadas en las cajas. Banderas del CJNG en palos altos. Tiendas de campaña militares verdes como 10 o 12 tiendas.

 Hay un rancho viejo abandonado de adobe que ahora usan como comedor y un área despejada que usan para entrenamiento donde los sicarios practican tiro al blanco con siluetas de cartón. ¿Cuántos hombres viste personalmente? como 50, tal vez 55. Pero mi tío dijo que a veces hay más cuando llegan refuerzos de Jalisco. Tu tío el Chanec estaba ahí personalmente.

 Sí, profe. Él es el que manda todo. Todos le dicen jefe, todos le tienen miedo. Cuando él habla, todos se callan y escuchan. Roberto asiente procesando toda la información como lo hacía en briefings militares. Gracias por contarme esto, mijo. Sé que no fue fácil. Diego, ¿confías en mí completamente? Sí, profe. Confío en usted en nadie.

 Voy a hacer una llamada esta noche. Voy a tratar de ayudarte, pero necesito que no le digas absolutamente a nadie sobre esta conversación, ¿me entiendes? a nadie, ni a tu familia, ni a tus amigos, ni a otros maestros, a nadie. Si alguien se entera que hablamos de esto, todos corremos peligro mortal, incluyéndote a ti. Diego asiente seriamente.

 No voy a decir nada, profe, se lo prometo. Roberto pone su mano en el hombro del muchacho. Gracias, mijo. Yo no quiero ser sicario, profe. De verdad, no quiero. Yo quiero estudiar. Yo quiero salir de aquí. Yo quiero tener vida diferente. Lo sé, Diego, y vamos a intentar que eso pase.

 Esa noche del lunes 20 de octubre de 2024 a las 9:47 pm exactamente, Roberto está sentado en el borde de su cama individual en su departamento de dos cuartos. Tiene en su mano derecha un teléfono celular viejo, un Nokia 1100 sin cámara, sin internet, sin GPS. Lo compró usado en el mercado de pulgas por 150 pesos hace 3 años específicamente para emergencias. Marca un número de teléfono que no había marcado en exactamente 8 años.

 Un número de 10 dígitos que memorizó hace años, que nunca guardó en ningún teléfono ni escribió en ningún papel, que solo existe grabado en su memoria. El teléfono suena una vez, dos veces. contesta al segundo timbrazo. Una voz masculina firme y seria. ¿Quién habla? ¿Cómo consiguió este número? Roberto respira profundo. Código Fénix 227.

Silencio absoluto del otro lado durante 3 segundos completos. Roberto escucha una respiración controlada. Escucha ruido de fondo distante, voces. Entonces la voz vuelve con tono completamente diferente. Medina, ¿eres tú realmente? Afirmativo, mi coronel, teniente coronel Armando Vélez, 46 años, veterano de 24 años de servicio continuo. No puedo creer que seas tú, hermano. Pensé que estabas muerto. Oficialmente lo estoy.

¿Qué necesitas? ¿Estás en problemas? ¿Te descubrieron? Roberto explica metódicamente la situación completa. El campamento del CJNG, la ubicación exacta con todos los detalles que Diego le dio. El reclutamiento forzado de menores, los 50 sicarios aproximadamente, las armas visibles, el chaneque comandando personalmente.

 Vé escucha en silencio absoluto tomando notas. Cuando Roberto termina, Vé hace una pregunta crítica. ¿Estás completamente seguro de la ubicación? Tu fuente es confiable. Afirmativo, tengo fuente directa. Un estudiante de 14 años, hijo de familia local, sobrino sanguíneo del Chaneque.

 Estuvo físicamente en el campamento anoche. Los detalles son demasiado específicos para ser inventados. El muchacho es confiable, no está trabajando para ellos. Afirmativo, es confiable. Es buen niño con futuro real. talento deportivo excepcional, por eso me contactó. No quiere ser sicario, quiere estudiar. Entiendo. Dame 48 horas exactas. Voy a movilizar operativo de reconocimiento con drones y satélites.

Vamos a confirmar la ubicación, contar personal, identificar armamento, mapear estructuras. Si es verídico todo lo que dices, y estoy seguro que lo es porque te conozco, entramos con fuerza completa. Gracias, mi coronel. Aprecio su respuesta rápida. Roberto, escúchame bien. Ten mucho cuidado.

 Si el CJNG descubre que hay un informante específico en esa escuela, van a ir directamente por él y por ti también. Van a investigar, van a preguntar, van a torturar gente hasta encontrar respuestas. Así opera el chaneque específicamente. Lo sé, mi coronel. He leído sus archivos cuando estaba en servicio activo.

 Por eso necesito que actúen extremadamente rápido. No podemos darle tiempo de reaccionar. Lo haremos. Y Roberto, una cosa más. ¿Cómo has estado estos 8 años? Viviendo tranquilo. Tranquilo, mi coronel, enseñando basquetbol, viviendo en paz relativa, sin problemas hasta ahora. Bien, te lo mereces, hermano.

 Después de lo que hiciste en Reyosa en 2016, después de esa rodilla destrozada, te mereces toda la paz posible. Gracias, mi coronel, significa mucho. Cuídate, mantén tu cabeza baja, no hagas nada heroico, solo espera nuestro operativo. Afirmativo, cuelgan simultáneamente. Roberto deja el teléfono Nokia en la mesa.

 Se sienta en su cama mirando por la ventana hacia la noche oscura de Apatingán. Puede ver las luces tenues de las casas vecinas. Puede escuchar a doña Marta regañando a uno de sus hijos por no hacer la tarea. Puede escuchar al señor Ramiro cerrando su taller mecánico con el ruido metálico de la cortina. Roberto sabe perfectamente que acaba de romper su trato consigo mismo.

 Acaba de involucrarse directamente, acaba de llamar la atención potencialmente, acaba de dejar de ser invisible. Pero cuando piensa en Diego, en ese niño de 14 años con talento real para basquetbol, que está siendo forzado brutalmente a convertirse en sicario contra su voluntad, Roberto sabe que tomó la decisión correcta.

 Porque algunos niños específicos valen la pena romper promesas, porque algunos futuros valen la pena arriesgar la propia seguridad. Lo que Roberto no sabe, lo que no puede saber es que Diego no salió solo de esa conversación matutina detrás del gimnasio. Lo que Roberto no sabe es que cuando Diego le contó absolutamente todo sobre el campamento con detalles específicos, Diego llevaba escondido en el fondo de su mochila escolar un teléfono celular Samsung viejo, un teléfono puesto en modo grabación de audio por órdenes directas de El Chaneque, porque el Chaneque no es estúpido ni ingenuo. Cuando Diego le

dijo anoche en el campamento que quería seguir estudiando en lugar de unirse al cártel cuando Diego mencionó que tenía un maestro que creía en él, el Chaneque inmediatamente sospechó que Diego podría buscar ayuda externa. Podría hablar con alguien, un maestro, un sacerdote, un policía, un familiar lejano, alguien.

 Así que le dio instrucciones precisas a Diego, le dio un teléfono celular viejo, le dijo que lo pusiera en su mochila escolar, que lo dejara grabando todo el día desde que llegara a la escuela. Y si alguien, absolutamente cualquier persona, le preguntaba sobre el campamento o sobre el sejo ng, que dijera todo. Ubicación completa, números de personal, armas visibles, estructuras, todo era una trampa perfectamente diseñada para identificar informantes.

 noche del lunes 20 de octubre cuando Diego regresa a su casa ubicada en la colonia Revolución a las 7:30 pm después de sus clases normales, encuentra a su tío el Chaneque esperándolo en la sala. Dame el teléfono. Diego lo saca de su mochila con manos temblorosas y se lo entrega.

 El Chaneque conecta el teléfono a una bocina Bluetooth y reproduce el audio completo. Escucha la voz inconfundible de Roberto preguntando por el campamento. Escucha a Diego describiendo la ubicación exacta con detalles precisos y después usando equipo de interceptación de señales electrónicas que compró en el mercado negro internacional por $5,000. Equipo militar israelí diseñado específicamente para interceptar llamadas telefónicas en un radio de 5 km.

 El Chaneque rastrea todas las llamadas hechas desde la colonia nueva a Patzingán entre las 9:00 pm. Encuentra una llamada sospechosa de exactamente 4 minutos y 37 segundos, hecha a las 9:47 pm hacia un número con prefijo de Ciudad de México, un número que su sistema identifica como posiblemente militar. Intercepta fragmentos cruciales de la conversación. Código Fénix 227. Teniente coronel Armando Vélez. Campamento 50 sicarios. El Chaneque.

Operativo de reconocimiento. 48 horas. El Chaneque sonríe fríamente. Reúne inmediatamente a sus ocho comandantes principales en el campamento esa misma noche. Son las 11:45 pm. Están todos presentes. El tigre, el fantasma, el flaco, el gordo, el chino, el gero, el moreno, el tuerto.

 Apodos que describen características físicas obvias o personalidades distintivas. El chaneque pone el audio de la llamada interceptada de Roberto en la bocina Bluetooth a volumen alto. Código Fénix 2007. Teniente Coronel Vélez. Los ocho comandantes se miran entre sí con expresiones serias. El tigre, un hombre de 35 años con cicatrices profundas en el rostro de una pelea brutal con machete que tuvo a los 19 años, habla primero con voz áspera.

 Ese [ __ ] maestro de educación física es exmitar encubierto y está soplando directamente al ejército. Está dando nuestra ubicación exacta. Hay que levantarlo inmediatamente, torturarlo durante días, sacarle absolutamente toda la información que tiene almacenada. Nombres de contactos. ¿Qué tanto sabe del CJNG? ¿Cuánto tiempo lleva infiltrado? Y después ejecutarlo lentamente y dejar su cuerpo destrozado en la carretera federal 120 con un narcomensaje bien claro para que todos en Apatingán sepan perfectamente que los soplones mueren de la peor forma posible. El chaneque niega con la cabeza

lentamente se recarga contra la mesa de madera vieja que está en el centro del rancho que usan como comedor. Enciende un cigarro marboro. Exhala humo lentamente. No, compadres, vamos a hacer algo completamente diferente, algo que mande un mensaje mucho más fuerte y duradero.

 Vamos a invadir esa escuela secundaria en pleno día. Vamos a entrar con todo el personal disponible, con todo el arsenal visible. Vamos a sacar a ese maestro soplón enfente de absolutamente todos los estudiantes, de todos los maestros, de cualquiera que esté presente, vamos a ejecutarlo en el patio principal de la escuela.

 Dos balazos primero, uno en cada rodilla, para que sufra públicamente, para que grite, para que todos lo vean sufrir. Y después uno final en la cabeza. Y adicionalmente vamos a reclutar forzadamente a 20 o 30 niños. de 13, 14, 15 años. Los agarramos físicamente, los subimos a las camionetas y los traemos directamente al campamento.

 Los que se resistan activamente, los que griten o peleen, también los ejecutamos ahí mismo enfente de sus amigos y sus maestros. ¿Quieren que Apatingan nos tenga miedo? Pues les vamos a dar razones reales para tener miedo. Los ocho comandantes sonríen simultáneamente.

 El flaco, un hombre extremadamente delgado, de 29 años, que pesa apenas 58 kg, pero que tiene reputación bien ganada, de ser el más sádico y cruel de todos los comandantes, pregunta con voz aguda. ¿Cuándo ejecutamos esto? ¿Mañana martes? No, mejor miércoles 23 de octubre. Queremos que el ejército tenga tiempo suficiente para planear su operativo contra el campamento. Queremos que se confíen.

 Mientras tanto, nosotros vamos primero por el soplón. ¿A qué hora? 7 Taston Celaro de la mañana. Exactamente. Hora pico cuando todos los estudiantes están llegando. Máximo impacto psicológico, máximo terror comunitario. Queremos que toda la ciudad de Apatzingán vea nuestro poder. Queremos que todos sepan definitivamente que el CJ no perdona traiciones.

 El tigre sonríe mostrando sus dientes amarillos manchados por años de fumar metanfetamina y crack. ¿Cuántos hombres movilizamos para esto? Es necesario ir con todos. Todos, compadre. Los 77 disponibles con absolutamente todo el arsenal que tenemos, las dos troconas artilladas, los Barrets, los lanzagranadas, todo.

 Vamos a demostrarle al ejército mexicano y a toda la población civil de Michoacán que Apatingán es nuestra plaza completamente, que aquí mandamos nosotros sin discusión, que pueden tener sus helicópteros militares y sus satélites espaciales, pero en las calles reales nosotros controlamos absolutamente todo.

 El Moreno, un hombre de 41 años que es el más viejo y experimentado de los comandantes con historial de combate contra militares desde 2009, cuando trabajaba para losetas. Pregunta la pregunta táctica crucial. Y si el ejército responde rápidamente al ataque en la escuela y si tienen unidades cerca. Si responden, peleamos sin retroceder. Tenemos dos ametralladoras calibre 50 montadas.

Tenemos tres lanzagranadas RPG7. Tenemos ocho fusiles Barret calibre 50. Tenemos suficiente munición para sostener combate durante horas. Podemos pelear y ganar. Esa noche del martes 21 y todo el día del miércoles 22 de octubre de 2024, el CJNG prepara meticulosamente el convoy más grande y mejor armado que han movilizado en Apatingán en todo el año 2024. 19 camionetas seleccionadas cuidadosamente.

 Tres son Chevrolet Cheyen doble cabina modelo 2023, completamente blindadas con placas metálicas de acero, soldadas profesionalmente en todas las puertas y ventanas por un herrero que les cobra 35,000 pesos por vehículo. Cuatro son Ford Lobo, modelo 2022, también blindadas con el mismo método.

 Cinco son Nissan Frontier, modelos variados entre 2019 y 2021. Tres son Toyota Hux robadas hace 6 meses en Guadalajara, Jalisco. Dos son Ram 2500 negras con ametralladoras Browning M2 calibre 50 montadas profesionalmente en las cajas traseras. Estas son las troconas artilladas, las bestias, las que abren camino violentamente en convoyes, las que pueden destruir vehículos blindados de policía estatal con ráfagas continuas de 15 segundos.

 y dos son Chevrolet Suburban blindadas que normalmente usan exclusivamente para transportar drogas en compartimentos secretos, pero que en esta ocasión transportarán a los comandantes principales. 77 sicarios seleccionados, dos o tres por cada camioneta en promedio dependiendo del tamaño. Las Suburban llevan cinco sicarios cada una, incluyendo conductores. Dos ametralladoras Browning M2 calibre 50 montadas permanentemente.

Cada ametralladora puede disparar 450 a 550 balas por minuto sostenidamente. 63 fusiles. Kalashnikov AK47 de manufactura variada rumana, china, mexicana. Los AK47 son las armas absolutamente favoritas de todos los cárteles mexicanos porque son extremadamente confiables bajo cualquier condición.

 Funcionan perfectamente con polvo, lodo, agua, arena. Prácticamente nunca se atoran y las balas 7.6239 mm tienen poder de penetración excelente contra vehículos y estructuras. 42 rifles AR15 de manufactura estadounidense comprados completamente legales en tiendas de armas en Texas, Arizona y Nuevo México por compradores de paja que reciben $500 en efectivo por cada arma que cruzan exitosamente a México. Ocho fusiles antimaterial, Barret M82 A1, calibre 50.

 Estas son armas de guerra diseñadas originalmente para uso exclusivamente militar, diseñadas para destruir vehículos blindados ligeros, derribar helicópteros, perforar búnkers de concreto reforzado. Cada fusil cuesta entre 8,000 y $1,000 en el mercado negro internacional. El CJNG tiene ocho solo para este operativo.

 Tres lanzagranadas RPG7 de manufactura rusa con 18 proyectiles explosivos. Cada proyectil puede destruir completamente un vehículo blindado militar o derribar un muro de concreto reforzado de 40 cm de espesor. Más de 80,000 cartuchos de munición de diferentes calibres empacados meticulosamente en cajas metálicas. 45,000 balas, 7.

 60 39 mitra para los 63 AK47 28,000 balas 5.5645 mm para los 42 AR15 4,000 balas calibre 50 para los 8 Barret y las dos ametralladoras montadas 3,000 balas de pistola de varios calibres Noemi Purnutipin 45 ACP para las pistolas que los sicarios llevan como armas secundarias en fundas tácticas 80,000 cartuchos pesan literalmente 2.4 4 toneladas completas de peso muerto.

Requiere planificación logística seria. Mover esa cantidad masiva de munición. Requiere vehículos dedicados exclusivamente para transporte de munición. El CJNG tiene perfectamente esa capacidad desarrollada después de años operando. 77 chalecos antibalas de grado militar de diferentes niveles de protección.

 Algunos son nivel 3 CIAA, que pueden detener efectivamente balas de pistola y subfusil. Otros son nivel tercero, con placas insertadas de cerámica compuesta que pueden detener balas de fusil de asalto hasta calibre 7.62 nato. Cada chaleco con placas de cerámica cuesta entre 800 y $2,000 dependiendo del fabricante y nivel de protección.

 El CJNG equipa a sus sicarios de primera línea con el mejor equipo de protección disponible en el mercado negro. 77 uniformes tácticos negros completos con las siglas CJNG pintadas en letras blancas grandes en la espalda y el pecho. Esto es completamente intencional y calculado. Quieren que absolutamente todos sepan quiénes son. Quieren aterrorizar con su sola presencia visible.

 77 pasamontañas negros para ocultar identidades individuales. Algunos icarios tienen órdenes de apreción activas, otros tienen familias que podrían ser identificadas y usadas como venganza por enemigos. El pasamontañas protege su identidad personal mientras proyecta terror colectivo. Radios de comunicación encriptada de largo alcance, 20 radios.

 Motorola de grado comercial modificados profesionalmente con sistemas de encriptación digital de nivel militar. Pueden transmitir claramente a distancias de 50 km sin depender de torres celulares civiles. GPS Tácticos. Garmin de alta gama con mapas topográficos preprogramados de Apatzingán, mostrando rutas de escape múltiples, ubicaciones actualizadas de retenes militares y policiales, posiciones conocidas de cámaras de vigilancia municipal, 10 teléfonos satelitales iridium que funcionan en absolutamente cualquier parte del mundo, conectándose directamente a constelaciones de satélites en órbita.

Cuestan $1,200 cada uno más. Suscripción mensual de $150. El CJNG mantiene 10 activos permanentemente. A las 6:30 amm del miércoles 23 de octubre de 2024, el convoy masivo sale lentamente del campamento en las montañas. 19 camionetas en formación táctica militar precisa, 77 hombres armados hasta los dientes.

 Un arsenal completo que podría armar fácilmente a un batallón completo de infantería. Avanzan metódicamente por el camino de Terracería de 23 km hasta la carretera federal. Pasan elegido el santuario donde las 15 familias humildes que viven ahí se meten inmediatamente a sus casas de adobe al ver y escuchar el convoy.

 Cierran puertas de madera, cierran ventanas, se esconden. Todos saben perfectamente qué significan esos convoyes masivos del CEJONG. significan problemas, significan violencia, significan muerte. Llegan a la carretera federal 120, giran hacia Apatingán. Son exactamente 18 km de carretera pavimentada en condición regular.

 El convoy viaja consistentemente a 100 km porh. Las dos troconas artilladas van adelante, abriendo camino intimidante. Las Suborban negras con los comandantes principales van protegidas en el centro de la formación. El resto de las 15 camionetas distribuidas tácticamente alrededor en formación defensiva que aprendieron estudiando tácticas militares en videos de YouTube y manuales descargados.

 Pasan tres retenes de la policía municipal de Apaingán. Ninguno los detiene, ni siquiera intentan detenerlos, porque absolutamente todos los comandantes de la policía municipal están en la nómina del CJNG. Cada comandante recibe puntualmente 25,000 pesos mensuales en efectivo para ignorar completamente todos los movimientos del cártel.

 Los policías de base reciben 3000 pesos mensuales adicionales a su salario oficial miserable de 8,500es. Todos están comprados. Todos miran hacia otro lado. Todos reportan por radio que no vieron absolutamente nada. A las 7:08 AM. Exactamente. El convoy masivo llega a la escuela secundaria federal número E1, ubicada en Avenida Corregidora entre Morelos y Constitución.

 Las camionetas aceleran los últimos 100 m, derriban violentamente la reja metálica de la entrada principal. El metal chirría horrible, se dobla, se rompe, cae estrepitosamente. Las 19 camionetas entran rugiendo al perímetro escolar como tanques de guerra invadiendo territorio enemigo.

 Los estudiantes que están en el patio central empiezan inmediatamente a gritar aterrorizados. Los maestros corren desesperadamente hacia los salones, intentando meter a los niños antes de que algo terrible pase. Algunos maestros logran cerrar las puertas de metal de los salones, otros no tienen tiempo. De las 19 camionetas descienden ordenadamente 77 hombres completamente armados, fusiles en alto, pasamontañas negros cubriendo todos los rostros, chalecos tácticos negros con las siglas CTANG ng en letras blancas enormes.

 Botas militares negras, guantes tácticos negros. Se mueven con disciplina militar impresionante. No es caos desorganizado, es operación coordinada y ensayada. El convoy forma un perímetro táctico completo alrededor de toda la escuela en menos de 90 segundos. Bloquean absolutamente todas las salidas posibles. Cuatro camionetas en la entrada principal que acaban de destruir. Tres camionetas en la salida trasera que da el campo deportivo.

 Cinco camionetas en el lado este del perímetro. Cuatro camionetas en el lado oeste, tres camionetas flotando como reserva táctica móvil. 20 sicarios apuntan amenazadoramente sus fusiles directamente hacia los salones donde están aterrorizados los 340 estudiantes. 15 sicarios establecen rápidamente perímetro exterior vigilando las calles circundantes para evitar que la policía municipal se acerque, aunque todos saben que la policía no va a intervenir bajo ninguna circunstancia, 12 sicarios forman equipo de asalto designado que entrará al edificio principal cuando reciban la orden y 30 sicarios quedan

como reserva lista para actuar según sea necesario. El chaneque baja lentamente de una de las suburb negras blindadas sin pasamontañas cubriendo su rostro. Quiere que absolutamente todos vean su cara. Quiere que todos sepan exactamente quién está al mando de esta operación.

 Quiere que su rostro quede grabado permanentemente en las memorias de estos 340 estudiantes. Chaleco antibalas negro nivel 3 con placas de cerámica. Una pistola Desert Eagle calibre 50 en la mano derecha. Esa pistola es su arma personal favorita desde hace años. La compró personalmente en una tienda de armas en Houston, Texas, por $2400 hace 3 años. Tiene su nombre Chaneke. Grabado profesionalmente en el cañón de acero.

Tiene capacidad de siete balas. Cada bala calibre 50 puede hacer un agujero del tamaño exacto de una naranja grande en un cuerpo humano. Toma un megáfono electrónico que le pasa el tigre. Enciende el megáfono. El chillido electrónico agudo hace que absolutamente todos en la escuela se congelen completamente del miedo. Entonces el chaneque habla.

 Su voz amplificada resuena poderosamente en todo el perímetro escolar y las calles circundantes. Que salga inmediatamente el maestro Roberto Salazar, el maestro de educación física. Tiene exactamente 2 minutos para salir con las manos arriba. Si no sale voluntariamente en 2 minutos, empezamos a ejecutar estudiantes uno cada 30 segundos.

 Empezando con los niños de primer año, los más chiquitos, los de 12 años. Los 340 estudiantes dentro de los 12 salones están absolutamente aterrorizados. Niños de 12, 13, 14, 15 años que nunca en sus vidas habían estado tan cerca de la muerte real. Algunos lloran desconsoladamente, otros intentan desesperadamente esconderse debajo de los pupitres de metal, como si eso fuera a protegerlos de balas de fusil, que pueden atravesar fácilmente paredes de block. Los maestros no saben qué hacer.

 La maestra Claudia, la directora de 52 años, que lleva 28 años trabajando en el sistema educativo público de Michoacán, intenta llamar a la policía desde su celular Samsung con manos temblorosas. El teléfono suena, suena, suena. Nadie contesta. Llama a los bomberos. Nadie contesta.

 Llama directamente al ejército usando un número de emergencia que tiene guardado desde hace años cuando participó en un programa de seguridad escolar. Suena dos veces, contesta una operadora militar. La maestra explica desesperadamente la situación. Sicarios armados del cejo invadiendo escuela federal. 77 hombres visibles, 340 estudiantes en peligro inminente de muerte.

 La operadora dice con voz calmada que va a reportar la situación inmediatamente a las unidades de respuesta rápida. Que mantengan la calma, que no provoquen a los sicarios bajo ninguna circunstancia, que el ejército está evaluando opciones de respuesta en tiempo real. Roberto está parado completamente solo en medio del patio central de cemento, a exactamente 40 m de donde está el Chaneque con el megáfono y la Desert Eagle.

 Roberto puede ver absolutamente todo con claridad. Vea los 77 sicarios desplegados tácticamente. Cuenta mentalmente mientras escanea el perímetro. 77. Identifica las dos ametralladoras Browning calibre 50 montadas en las troconas. Calcula instintivamente ángulos de tiro posibles. Identifica posiciones de cobertura utilizables.

 Evalúa rutas de escape potenciales. Su entrenamiento militar de 4 años intensos nunca se fue realmente, solo estaba dormido en algún rincón profundo de su cerebro. Y ahora despertó completamente. Ve a los 340 estudiantes aterrorizados dentro de los salones. Ve específicamente a Diego Romero sentado en las gradas de metal de la cancha de basketbol.

 Diego está llorando incontrolablemente, con las manos en la cabeza, con la cara completamente descompuesta por el miedo y la culpa abrumadora. Y Roberto entiende instantáneamente todo en ese segundo. Diego lo grabó. Diego le pasó la información directamente a El Chaneque.

 No porque quisiera traicionarlo, porque lo obligaron, porque el Chanque es su tío de sangre. Porque en el CJNG la familia no tiene absolutamente ninguna opción. O cooperas completamente o mueres junto con toda tu familia. Roberto no siente ni un gramo de enojo hacia Diego. Siente una tristeza profunda. Siente una pena inmensa por ese niño de apenas 14 años que está siendo forzado brutalmente a traicionar a la única persona adulta que le ofreció genuinamente un futuro diferente.

 Roberto levanta lentamente las manos sobre su cabeza. Palmas abiertas, mostrando que no tiene armas. Camina deliberadamente hacia el chaneque. Sus manos están arriba, sin armas, sin resistencia, sin movimientos bruscos. Camina cojeando visiblemente con su cojera permanente de la rodilla derecha destrozada. Cada paso le duele físicamente.

 Su rodilla derecha protesta con dolor agudo, pero Roberto ignora completamente el dolor. Ha ignorado dolor mucho peor que este. Camina exactamente 40 m. Los 77 sicarios lo observan con atención extrema. Algunos apuntan sus fusiles AK47 directamente a su cabeza a distancia de 5 m. Otros mantienen sus armas apuntando amenazadoramente a los salones donde están los estudiantes. Roberto llega finalmente frente a el Chaneque.

 Baja lentamente las manos, mira directamente a los ojos oscuros del comandante del cejo a TNG sin parpadear, sin mostrar miedo. El Chaneque sonríe fríamente. Así que tú eres el famoso soplón, el informante encubierto, el que llamó directamente al ejército mexicano, el que le dio la ubicación exacta de mi campamento. Roberto no responde verbalmente, solo mantiene contacto visual directo.

 Seis sicarios se acercan rápidamente desde diferentes direcciones, lo agarran violentamente de los brazos, lo obligan brutalmente a arrodillarse en el pavimento áspero. Roberto no resiste físicamente, se arrodilla. El pavimento caliente lastima sus rodillas, especialmente la derecha, que ya está severamente dañada desde hace 8 años, pero no muestra ninguna expresión de dolor en su rostro.

 Seis fusiles Kalasnikov AK47 apuntan simultáneamente a su cabeza desde diferentes ángulos. Si disparan todos al mismo tiempo, literalmente no quedará cabeza que pueda ser identificada. El chaneque camina lentamente alrededor de Roberto como depredador, evaluando cuidadosamente a su presa antes de matarla. Te hice una pregunta muy simple, [ __ ] maestro.

 ¿Eres el soplón que llamó al ejército? Roberto respira profundamente. Soy maestro de educación física. Enseño basketbol. No sé de qué me hablas. El chaneque le da una patada brutal en el estómago con su bota militar. Roberto cae violentamente hacia adelante. El dolor es absolutamente explosivo.

 Siente que todos sus órganos internos se comprimieron simultáneamente, tose descontroladamente. Escupe saliva mezclada con bilis. No puede respirar durante 10 segundos completos que parecen una eternidad. Finalmente, el aire regresa dolorosamente a sus pulmones. Los sicarios lo levantan brutalmente de nuevo a posición arrodillada.

 El Chanque saca su iPhone 15 Pro Max que costó $,400. Abre un archivo de audio guardado. Presiona Play. Código Fénix 227. Teniente coronel Armando Vélez. La voz de Roberto es completamente inconfundible. Campamento 50 sicarios. Ubicación exacta. El Chaneque. El audio termina. El chaneque guarda su teléfono lentamente. Esa es tu voz, ¿verdad? Código Fénix.

 ¿Qué significa eso exactamente? ¿Eres exmilitar? Fuerzas especiales, infiltrado. Roberto no responde. Mantiene su mirada fija en el chaneque sin miedo, sin súplicas, solo silencio absoluto. Dos sicarios siguiendo órdenes silenciosas del tigre agarran firmemente a Roberto de los brazos, lo levantan a medias. Uno le da un puñetazo devastador en las costillas del lado izquierdo. Roberto siente algo romperse internamente.

 El sonido es inconfundible. Crack. Dos costillas del lado izquierdo. El dolor es absolutamente insoportable. Como si alguien clavara cuchillos al rojo vivo directamente entre sus huesos. Pero Roberto no grita, solo cierra los ojos fuertemente. Aprieta la mandíbula con toda su fuerza.

 El segundo sicario le da otro puñetazo brutal exactamente en el mismo lugar. Crack, ahora son tres costillas rotas. Roberto siente un sabor metálico intenso en la boca. Sangre. Una de las costillas fracturadas perforó algo interno. Tal vez el pulmón izquierdo. Respira con dificultad extrema. Cada inhalación mínima es pura agonía. Los sicarios lo sueltan.

 Roberto cae pesadamente de rodillas nuevamente en el pavimento caliente. ¿Cuánta información exactamente le diste al ejército? El Chaneque pregunta agachándose para quedar exactamente a la altura de los ojos de Roberto. ¿Qué más les dijiste? ¿Cuántos operativos tienen planeados contra nosotros? ¿Cuándo van a atacar el campamento? Roberto respira con dificultad extrema. Sangre corre constantemente por la comisura de su boca.

 Solo la ubicación del campamento, nada más. Eso es todo. Mentira. El chaneque saca su pistola Desert Eagle. Pone el cañón frío en la frente de Roberto. El metal está helado a pesar del calor matutino. Roberto puede sentir perfectamente el círculo del cañón presionando su piel. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué te metiste en mis asuntos familiares? Porque Diego es un buen niño. Porque tiene futuro real.

Porque tiene talento extraordinario para el basquetbol, porque podría conseguir una beca deportiva completa. Porque podría ir a la universidad, porque podría ser algo significativo más que un sicario muerto a los 20 años en alguna emboscada, porque ustedes no tienen ningún derecho a destruir su vida.

 El chaneque se ríe, una risa seca, sin humor real. Futuro. ¿Qué futuro exactamente? Aquí no hay futuro, [ __ ] maestro ingenuo. Mira alrededor. Esto es Apatingán, tierra caliente, Michoacán. Aquí no hay becas, no hay universidades, no hay trabajos honestos que paguen lo suficiente para sobrevivir. Solo hay dos opciones reales.

 Trabajar para nosotros o morir de hambre. Diego va a ser sicario porque esa es literalmente su única opción. Como todos los niños de aquí, hay una tercera opción. Roberto dice escupiendo sangre en el pavimento. ¿Cuál? Que ustedes mueran. El chaneque deja inmediatamente de reírse. Su rostro se endurece completamente.

 ¿Me estás amenazando directamente a mí? No, solo te estoy diciendo la verdad objetiva. El chaneque presiona el cañón mucho más fuerte contra la frente de Roberto, dejando marca circular. Voy a ejecutarte aquí mismo enfrente de todos los estudiantes y después voy a reclutar forzadamente a 30 de ellos, incluyendo a Diego. Y si alguno se resiste, también lo ejecuto enfrente de sus amigos.

¿Quieres eso? ¿Quieres que más niños mueran por tu culpa? Roberto mira directamente a el chaneque y sonríe. Una sonrisa manchada completamente de sangre. Una sonrisa que confunde al comandante. Jamás debiste venir aquí. El chaneque frunce el ceño.

 ¿Qué dijiste? Dije que jamás debiste venir a esta escuela hoy porque hace exactamente 18 minutos activé mi código de emergencia militar. Tengo un micrófono oculto en mi cinturón y en este momento preciso, tres helicópteros artillados del ejército mexicano están a 4 km de distancia volando hacia aquí. Y tú y tus 77 sicarios ya están muertos, solo que todavía no lo saben. El chaneque se queda completamente paralizado.

 Mira intensamente el cinturón de Roberto. No ve absolutamente nada visible, pero eso no significa que no haya nada escondido. Mira alrededor rápidamente. Sus 77 sicarios lo miran esperando órdenes urgentes. Entonces escucha algo. Un sonido distante, familiar, aterrador.

 El estruendo inconfundible de rotores de helicóptero. Múltiples helicópteros. Viene del norte y se acerca rápidamente. El Chaneque grita. Posiciones de combate inmediatas. Preparen las ametralladoras. Si vienen helicópteros militares, los bajamos. Los 77 sicarios reaccionan instantáneamente. Los que estaban vigilando las calles exteriores corren hacia el patio central.

 Los que estaban apuntando a los salones giran rápidamente hacia el cielo. Las dos troconas artilladas se posicionan estratégicamente en el centro del patio. Los artilleros toman posición detrás de las ametralladoras Browning calibre 50. Otros sicarios sacan rápidamente los fusiles Barret, los apoyan firmemente en capó de camionetas para tener estabilidad.

 apuntan al cielo vacío esperando a las 7:28 a exactamente, tres helicópteros de combate del ejército mexicano aparecen en el horizonte. No son helicópteros de transportes civiles, son UH60 Black Hawk modificados específicamente para combate. Cada uno equipado con dos ametralladoras M134 minigun de seis cañones rotativos. Cada minigun puede disparar 6000 balas por minuto, 100 balas por segundo.

 Las balas son calibre 7.2 de 51 mm arbato. Pueden perforar blindaje ligero. Pueden destruir motores de vehículos. pueden atravesar muros de concreto. También tienen lanzadores de cohetes de 70 ml y cámaras térmicas FLR que pueden detectar el calor de un cuerpo humano a 5 km de distancia y sistemas de comunicación encriptada conectados directamente con el Estado Mayor Presidencial en Ciudad de México.

 El Chaneque grita nuevamente, “¡Abran fuego! Bájenlos ahora!” Los sicarios obedecen instantáneamente. Las dos ametralladoras Browning calibre 50 abren fuego simultáneamente. El sonido es absolutamente ensordecedor. Bum, bum, bum, bum, bum. Ráfagas largas continuas. Balas trazadoras suben al cielo dibujando líneas rojas brillantes en el aire de la mañana.

 Los 340 estudiantes dentro de los salones gritan aterrorizados. Algunos se orinan literalmente del miedo. Los maestros los obligan a tirarse al suelo. Se ponen físicamente encima de ellos tratando desesperadamente de protegerlos con sus propios cuerpos. Los fusiles Barret disparan. Boom, boom boom. Disparos más espaciados, más precisos, pero apuntar efectivamente a un helicóptero en movimiento desde el suelo es casi imposible.

 Las balas trazadoras suben, algunas pasan a 50 m de los helicópteros, otras a 100 m. Ninguna impacta porque los helicópteros no están atacando todavía. Se quedan en posición de vigilancia, circulando alrededor de la escuela, a 300 m de altura, a 500 m de distancia horizontal, fuera del rango efectivo de las armas de los sicarios, observando, evaluando, esperando órdenes.

 Dentro del helicóptero principal, el teniente coronel Armando Vélez, de 46 años, veterano de 24 años de servicio en el ejército mexicano, observa todo a través de las cámaras térmicas de alta definición. Puede ver las 19 camionetas del cejo formando perímetro. Puede ver a los 77 sicarios disparando desesperadamente al cielo. Puede ver a Roberto arrodillado en el patio con el chaneque apuntándole con una pistola.

 Puede ver las manchas de calor brillante que son los 340 estudiantes dentro de los salones y sabe que no puede atacar, no con 340 niños adentro, una sola ráfaga perdida, una sola bala que atraviese una ventana y habrá estudiantes muertos, muertos por fuego, amigo. Eso sería desastre político, sería escándalo nacional, sería el fin de su carrera y de las carreras de todos los involucrados. Ves, toma el radio.

 Activa la frecuencia privada, la frecuencia encriptada que solo Roberto puede escuchar hasta a través del micrófono oculto que lleva en su cinturón. El mismo micrófono que activó hace 18 minutos. Roberto, soy Vélez. Te escucho perfectamente. Tu señal está completamente clara. Necesito que me escuches con máxima atención. No puedo atacar con los estudiantes adentro.

 Si disparo ahora, habrá bajas civiles inevitables. Municiones de minigun pueden atravesar paredes de block fácilmente. Necesito que saques a los estudiantes. Hay una salida trasera del gimnasio que da al campo deportivo. Nuestros mapas la muestran claramente. Si logras llevar a los estudiantes ahí, mis helicópteros cubrirán la evacuación.

Tenemos refuerzos terrestres llegando. Dos convoyes, 60 soldados. Llegarán en exactamente 8 minutos, pero necesito que saques a los estudiantes antes. Tienes una ventana de 4 minutos, tal vez cinco si tenemos suerte. Puedes hacerlo. Roberto arrodillado con tres costillas rotas, pulmón posiblemente perforado, sangre corriendo constantemente por su boca, rodeado de seis fusiles apuntándole, responde en voz extremadamente baja, tan baja que solo el micrófono sensible lo capta.

Afirmativo. Inicien protocolo Fénix en 3 minutos. Vé entiende perfectamente. Protocolo Fénix. Operación suicida. Misión de un solo hombre contra múltiples enemigos. Alta probabilidad de muerte. Pero objetivo crítico que justifica el sacrificio. Roberto, vas a tener que pelear.

 Vas a tener que neutralizar sicarios para llegar al gimnasio. ¿Estás en condiciones físicas? Negativo. Tres costillas rotas. posible perforación pulmonar, movilidad severamente reducida, pero no tengo opción, mi coronel, estos niños no van a morir hoy, hermano. Cuando esto termine, nos tomamos esa cerveza que te debemos desde hace años.

 Si sobrevivo, la primera ronda completa es mía. Afirmativo, mi coronel. Roberto cierra los ojos. Respira profundo. Aunque cada respiración es literalmente como tragar vidrio molido. El dolor es inmenso, pero Roberto ha sentido dolor antes. En Reyosa, cuando la bala destrozó su rodilla, en Tamaulipas cuando cayó de un helicóptero y se fracturó tres vértebras.

 El dolor es temporal, la muerte es permanente y estos 340 estudiantes no van a morir. Roberto abre los ojos, evalúa la situación tácticamente, está arrodillado. Seis sicarios apuntándole a menos de 2 met. Los seis están completamente distraídos mirando los helicópteros. El chaneque está a 3 m de distancia gritando órdenes. Los otros 71 sicarios están dispersos. 20 disparando desesperadamente a los helicópteros. 15 vigilando perímetro exterior.

 36 en posiciones de cobertura. Roberto identifica al sicario más cercano. Está a su izquierda, a 1.5 m exactos. Tiene un AK47 colgado del hombro. El fusil apunta hacia arriba porque el sicario está mirando los helicópteros. Roberto calcula si se mueve extremadamente rápido, si ignora completamente el dolor, puede tomar ese fusil, puede disparar a los seis sicarios en menos de 5 segundos, pero tiene que esperar el momento exacto, perfecto.

 El momento llega, uno de los helicópteros desciende súbitamente de 300 m a 150 m en 3 segundos. Es maniobra de provocación deliberada. Vé quiere que los sicarios se distraigan completamente. Funciona perfectamente. Los seis sicarios que rodean a Roberto giran sus cabezas hacia el helicóptero descendiendo todos simultáneamente.

Roberto se mueve. En un segundo se lanza hacia adelante ignorando el dolor explosivo en sus costillas. Barre las piernas del sicario más cercano. El hombre cae. Roberto atrapa el AK47 antes de que toque el suelo. Gira sobre su espalda, apunta, dispara. Tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac, tac.

Cada ráfaga de tres balas, nueve balas en total, tres sicarios caen. Uno con impactos en el pecho, otro en el cuello, otro en la cabeza. Roberto sigue girando. Los otros tres sicarios reaccionan. Intentan apuntar sus fusiles hacia él, pero Roberto es más rápido. Dos ráfagas más. Tac, tac, tac, tac, tac, tac. Seis balas. Dos sicarios más caen. El sexto sicario logra disparar.

Ráfaga descontrolada. Cinco balas. Una rosa el hombro izquierdo de Roberto. Perfora la playera. Rosa la piel. Quema como hierro al rojo vivo, pero no penetra profundamente. Roberto dispara. Tac, tac, tac. Tres balas. El sexto sicario cae con impactos en el pecho.

En 8 segundos, Roberto neutralizó a seis hombres armados. El combate final continúa hasta que Roberto y los 340 estudiantes son evacuados exitosamente. Los helicópteros aniquilan a los 77 sicarios. Roberto es rescatado, gravemente herido, pero vivo. Y se meses después vive en paz con Diego bajo nueva identidad. El sacrificio valió la pena. Los niños están a salvo. El legado permanece.