En los pasillos del poder las palabras pueden ser armas más mortales que las balas. Cuando el líder del PRI se enfrentó a la presidenta más poderosa de México, nadie imaginó que un documento olvidado cambiaría el destino de ambos para siempre.
La luz del amanecer se filtraba por las persianas de la oficina principal del Partido Revolucionario Institucional. Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, conocido por todos como Alito, contemplaba el horizonte de la Ciudad de México mientras sostenía una taza de café humeante. Sus 50 años pesaban hoy más que nunca.
Como dirigente nacional del PRI desde 2019 y ahora senador de la República, había enfrentado innumerables batallas políticas, pero la que se avecinaba sería diferente. ¿Tienes todo listo para hoy?, preguntó sin apartar la mirada de la ventana. Su asistente, Marco Velázquez, asintió mientras ordenaba unos documentos sobre el escritorio de Caoba. Todo está preparado, señor.
El discurso ha sido revisado por el equipo jurídico y los coordinadores parlamentarios están avisados. Alito dio un sorbo a su café y se giró para enfrentar a su colaborador. Sus ojos reflejaban una determinación que pocos habían visto. No se trata solo de un discurso, Marco. Hoy marcamos una línea en la arena.
La tensión entre Alito Moreno y la presidenta Claudia Shainbaum se había intensificado durante los últimos meses. Desde que Shainbaum asumiera la presidencia el 1 de octubre del año anterior, el país había experimentado transformaciones profundas. Su gobierno, autodenominado como el segundo piso de la cuarta transformación, había impulsado reformas constitucionales que cambiaron el panorama político mexicano. El teléfono de Alito vibró sobre el escritorio.
Era un mensaje de Cristel Castañón, su esposa. Cuídate hoy. Recuerda que tenemos tres razones para que regreses a casa temprano. Sonrió brevemente al pensar en sus hijos. La sede del Senado bullía de actividad cuando Alito llegó. Reporteros, camarógrafos y personal de seguridad se arremolinaban en la entrada.
El político campechano, con su característico traje azul marino y corbata roja, avanzó con paso firme mientras saludaba escuetamente a los presentes. Senador Moreno, ¿es cierto que presentará una denuncia formal contra la presidenta? gritó una reportera. Alito se limitó a sonreír y continuó su camino hacia el interior. En el pasillo se encontró con Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado y ferviente aliado de Shane Baum.

“Buenos días, senador Moreno,” saludó Noroña con formalidad helada. “Espero que hoy podamos mantener el orden y la civilidad en la sesión.” Buenos días, presidente”, respondió Alito. “La civilidad dependerá de que se respeten los derechos de todas las bancadas.
El intercambio, aparentemente cordial escondía la tensión acumulada tras meses de enfrentamientos. Apenas unas semanas antes, ambos políticos habían protagonizado un altercado que terminó en empujones cuando Noroña no le cedió la palabra a Alito durante una sesión. La sala de sesiones se llenó rápidamente. Los senadores de Morena y sus aliados ocupaban la mayoría de los asientos, resultado de la abrumadora victoria electoral del año anterior.
La bancada del PRI, reducida a una mínima expresión, se agrupaba en un sector junto a los legisladores del PAN y otros partidos de oposición. A las 10o en punto, Fernández Noroña declaró abierta la sesión. Alito esperó pacientemente su turno para hablar, repasando mentalmente los puntos clave de su intervención.
Sabía que sus palabras serían transmitidas en vivo y que probablemente la presidenta Shainbaum estaría observando desde Palacio Nacional. Tiene la palabra el senador Rafael Alejandro Moreno Cárdenas. anunció finalmente Noroña. Alito se levantó de su escaño y caminó hasta el podio central. El silencio se apoderó del recinto mientras ajustaba el micrófono. Honorable asamblea comenzó con voz clara y firme.
Hoy me dirijo a esta soberanía para denunciar uno de los atropellos más graves a la democracia mexicana. El gobierno de la presidenta Shainbaum ha cruzado una línea que jamás debió ser cruzada. Desde las filas de Morena comenzaron a escucharse murmullos y algunas exclamaciones de protesta. El día de ayer, la Fiscalía General de la República, que debería ser un órgano autónomo, pero que actúa como brazo ejecutor del gobierno, inició una investigación en mi contra basada en acusaciones fabricadas.
continuó Alito, elevando ligeramente su tono. Esta no es una acción aislada, sino parte de una estrategia sistemática para silenciar a la oposición. “Mentira, pruebas!”, gritaron algunos senadores oficialistas. Noroña golpeó su martillo solicitando orden.
Esta persecución, prosiguió Alito imperturbable, coincide sospechosamente con mi anuncio de presentar ante organismos internacionales evidencias sobre la injerencia del crimen organizado en las pasadas elecciones. El timing no podría ser más revelador. La tensión en el recinto aumentaba con cada palabra. Alito extrajo de su carpeta varios documentos.
Tengo aquí copias de transferencias bancarias, testimonios protegidos y comunicaciones que comprometen seriamente a funcionarios del más alto nivel del gobierno actual. No me intimidarán con falsas acusaciones. Los gritos desde las bancadas oficialistas arreciaron. Desafuero coreaban algunos legisladores recordando las acusaciones de corrupción que pesaban sobre Alito desde su época como gobernador de Campeche.
En Palacio Nacional, Claudia Shainbaum observaba la transmisión en su despacho rodeada de su círculo más cercano. Su rostro permanecía sereno, pero sus ojos reflejaban preocupación. A sus años, la científica convertida en política había aprendido a manejar las crisis con frialdad analítica. Necesitamos la información completa sobre esos supuestos documentos, dijo a Rosa Isela Rodríguez, su secretaria de Gobernación, y prepara un comunicado mesurado.
No caeremos en provocaciones. Mientras tanto, en el Senado, Alito Moreno continuaba su discurso, que ahora adquiría tonos dramáticos. El pueblo de México merece saber la verdad. El gobierno actual pasó de una alianza electoral a un cogobierno con el crimen organizado.
Lo que vivimos no es una democracia, sino una narcodictadura disfrazada de Movimiento Popular. Estas palabras desataron el caos. Los senadores oficialistas se pusieron de pie gritando e intentando interrumpir. Noroña martilleaba insistentemente pidiendo orden, pero su voz apenas se escuchaba entre el tumulto. Alito permanecía firme en el podio, sabiendo que cada minuto de desorden amplificaba el impacto de su mensaje en los medios.
Finalmente, cuando el ruido comenzó a ceder, concluyó, “Por todo lo anterior, anuncio que mañana viajaré a Washington para reunirme con legisladores estadounidenses y presentar estas pruebas ante la Organización de Estados Americanos. El mundo debe saber lo que está ocurriendo en México. El anuncio cayó como una bomba.
Viajar a Washington para denunciar al gobierno mexicano era considerado por muchos una traición a la soberanía nacional. Los gritos de traidor no se hicieron esperar. Cuando Alito regresó a su escaño, su teléfono vibró nuevamente. Era un mensaje de un número desconocido. Oficina presidencial, 5 p.m. Venga solo. Última oportunidad de diálogo. El político campechano guardó el teléfono mientras evaluaba sus opciones.
¿Era una trampa o realmente la presidenta quería negociar? Fuera lo que fuese, el juego había comenzado y él había hecho su primer movimiento en un tablero donde las reglas cambiaban constantemente. Lo que nadie sabía, ni siquiera sus más cercanos colaboradores, era que Alito guardaba un as bajo la manga, un documento que de hacerse público podría cambiar el rumbo no solo del gobierno, sino de la historia reciente de México.
La pregunta era, ¿estaba dispuesto a llegar tan lejos? La sesión continuó, pero la mente de Alito ya estaba en la reunión de esa tarde. El reloj avanzaba inexorablemente hacia las 5 pm, cuando tendría que mirar a los ojos a la mujer más poderosa de México y decidir el próximo movimiento en esta peligrosa partida de ajedrez político.
El sol de la tarde pintaba de naranja el zócalo cuando Alito Moreno atravesó la plaza de la Constitución rumbo a Palacio Nacional. Había decidido caminar las últimas cuadras. Necesitaba aclarar sus pensamientos. A su alrededor, turistas y transeútes paseaban ajenos a la tormenta política que se gestaba. A las 4:55 p.m. Alito se identificó ante los guardias de la entrada de Palacio Nacional.
Su llegada estaba autorizada, pero aún así tuvo que pasar por tres controles de seguridad antes de ser escoltado por un asistente presidencial a través de los largos pasillos del edificio histórico. La presidenta lo recibirá en 5 minutos, senador, informó el joven asistente mientras lo conducía a una pequeña antesala. ¿Desea algo de beber mientras espera? Un vaso de agua, por favor, respondió Alito, ajustándose el nudo de la corbata.
Al quedarse solo, el político recorrió la habitación con la mirada. Las paredes estaban decoradas con pinturas de los héroes nacionales: Hidalgo, Morelos, Juárez. Figuras que, según sus adversarios, él deshonraba al traicionar al país acudiendo a Washington. Sacó su teléfono y lo apagó. No quería interrupciones ni que alguien pudiera escuchar la conversación que estaba por tener.
A las 5:05 pm en punto, las puertas del despacho presidencial abrieron. Claudia Shainbom apareció en el umbral vistiendo un traje sastre en tono guinda, el color emblemático de su movimiento. “Senador Moreno, pase, por favor”, dijo con un tono neutro, profesional. El despacho presidencial era amplio, con techos altos y grandes ventanales.
La bandera mexicana destacaba junto al escritorio presidencial tallado en madera oscura. No había otras personas en la habitación. Agradezco que haya aceptado la invitación, senador”, comenzó Shanbaum indicándole que tomara asiento en uno de los sillones dispuestos en un área más informal del despacho, alejada del escritorio. “Creo que hay temas que es mejor tratar directamente, sin intermediarios.
” Alito tomó asiento estudiando cada gesto de la presidenta. “Coincido, presidenta, el diálogo directo suele aclarar malentendidos.” Shinbaum se sentó frente a él con la postura erguida que la caracterizaba. Su discurso de esta mañana en el Senado fue incendiario, comentó ella yendo directamente al punto. Hablar de narcodictadura no solo es falso, es peligroso para la estabilidad del país.
Con todo respeto, presidenta, mis palabras reflejan una preocupación genuina compartida por millones de mexicanos, respondió Alito sin inmutarse. La concentración de poder, la reforma judicial impuesta, el ataque sistemático a órganos autónomos, todo apunta en una dirección preocupante.
Shaba mantuvo la calma, aunque un destello de irritación cruzó momentáneamente su mirada. Senador, usted y yo sabemos que la política tiene sus reglas y sus tiempos. La oposición es necesaria en una democracia sana, pero lo que usted propone va más allá. Acudir a Washington para denunciar al gobierno legítimo de México es cruzar una línea.
Y perseguir políticamente a los opositores no es cruzar una línea replicó Alito. La investigación en mi contra fue anunciada casualmente, justo después de que cuestioné las conexiones de su gobierno con ciertos grupos en Sinaloa. La mandataria respiró profundamente antes de responder. Las investigaciones siguen su curso legal. Senador, la fiscalía es autónoma, como bien sabe.
Hizo una pausa antes de continuar, pero no lo he invitado para discutir sobre esto. Quiero proponerle algo. Alito arqueó ligeramente las cejas intrigado. La escucho. México enfrenta desafíos importantes. La renegociación del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá está en puerta.
Necesitamos presentar un frente unido como país, explicó Shane Bom. Le propongo establecer una tregua política. Suspenda su viaje a Washington y yo personalmente me aseguraré de que la investigación en su contra se revise con total apego a derecho, sin presiones políticas. El líder priista sonrió levemente. Es una propuesta interesante, presidenta, pero insuficiente.
Las acusaciones contra mí son fabricadas y ambos lo sabemos. No se trata de revisar con apego a derecho, sino de detener una persecución política evidente. Se produjo un silencio tenso. Por la ventana se podía ver el atardecer sobre la capital mexicana. ¿Qué propone usted entonces, senador?, preguntó finalmente Shane Baum.
Alito se inclinó ligeramente hacia delante. Primero, el archivo definitivo de la investigación en mi contra. Segundo, respeto real a la oposición en el Congreso, no solo de palabra. Y tercero, de tener la persecución mediática orquestada desde las conferencias matutinas. Shain Baum lo observó con expresión indescifrable.
“Sabe que no puedo interferir directamente en una investigación fiscal”, respondió. Eso sería precisamente el tipo de abuso que usted denuncia. No le pido que interfiera, presidenta. Le pido que detenga a quienes sí están interfiriendo replicó Alito con firmeza.
Su secretaria de Gobernación ha presionado personalmente a la fiscalía. Tengo las grabaciones. La declaración cayó como una bomba en la habitación. Shinbaum mantuvo la compostura, pero sus ojos revelaron momentáneamente su sorpresa. Esas son acusaciones muy graves, senador. Son hechos comprobables, presidenta. Alito sacó una pequeña memoria USB de su bolsillo y la colocó sobre la mesa de centro. Aquí hay una copia.
El original está en un lugar seguro junto con otros materiales igualmente sensibles. Shinbaum miró la memoria, pero no la tocó. ¿Me está amenazando, senador Moreno? En absoluto. Le estoy mostrando por qué mi preocupación es legítima. No busco conflicto, sino equilibrio de poder, como debe existir en cualquier democracia funcional.
La tensión era palpable. Afuera comenzaba a oscurecer y las luces automáticas del despacho se encendieron gradualmente. “Revisaré personalmente el contenido”, dijo finalmente Shanbaum tomando la memoria. “Y si hay algo irregular, actuaré en consecuencia, pero espero que entienda que esto no cambia mi posición respecto a su viaje a Washington. Eso sería inaceptable para cualquier gobierno.
Mi decisión sobre el viaje dependerá de lo que ocurra en las próximas 24 horas, respondió Alito poniéndose de pie. Agradezco su tiempo, presidenta. Shaba también se levantó. Una última cosa, senador. La política es el arte de lo posible. Todos hemos cometido errores y todos tenemos vulnerabilidades. Dijo con tono neutro.
Su residencia en Campeche, por ejemplo, ha generado muchas preguntas o las propiedades en Estados Unidos a nombre de terceros. Alito mantuvo la expresión impasible, aunque la mención de las propiedades lo tomó por sorpresa. Era información que creía bien protegida. Como dije, presidenta, todos tenemos vulnerabilidades, incluso usted.
Con estas palabras el encuentro concluyó. El asistente presidencial reapareció para escoltar a Alito hacia la salida. Mientras recorría los pasillos de Palacio Nacional, el político campechano sabía que acababa de participar en uno de los encuentros más importantes de su carrera.
Al salir a la plaza de la Constitución, ahora iluminada por las farolas nocturnas, activó nuevamente su teléfono. Tenía 12 llamadas perdidas y más de 30 mensajes. Uno de ellos, de Marco Velázquez, su asistente, le heló la sangre. Urgente. La fiscalía ha emitido una orden de apreensón en su contra. CNN lo está reportando. Alito se detuvo en seco mirando a su alrededor. Varios transeútes lo reconocieron y lo señalaron.
A lo lejos, dos patrullas de la Guardia Nacional se acercaban al perímetro de Palacio Nacional. La reunión había sido una distracción. Mientras él conversaba con la presidenta, los engranajes del sistema judicial se movían en su contra. rápidamente marcó un número en su teléfono. “Inicia el protocolo Fénix”, ordenó secamente cuando respondieron y contacta a Washington.
El viaje se adelanta para esta noche. Al colgar, Alito Moreno caminó con paso decidido hacia la avenida 20 de noviembre. La noche apenas comenzaba y con ella una batalla política que cambiaría el rumbo del país. Lo que la presidenta Shane Baum no sabía era que él ya había anticipado este movimiento y tenía preparada su respuesta, una que nadie en México vería venir.
La Ciudad de México se transformaba al caer la noche. Las luces de los edificios y avenidas creaban un tapiz luminoso que Alito Moreno observaba desde el asiento trasero de un jeta negro sin placas oficiales. Había cambiado de vehículo tres veces desde que salió de Palacio Nacional, siguiendo un protocolo de seguridad que había establecido meses atrás cuando las tensiones con el gobierno comenzaron a escalar.
¿Estás seguro de que nadie te siguió?, preguntó por teléfono a su asistente Marco Velázquez, quien lo esperaba en un punto de encuentro preestablecido. “Positivo, jefe. Estoy en la ubicación alfa con el paquete listo”, respondió Marco, utilizando el lenguaje en clave que habían acordado. El paquete era un maletín con documentos críticos, una computadora con archivos encriptados, pasaportes y suficiente efectivo para moverse durante semanas sin usar tarjetas bancarias. Llegaré en 10 minutos. Prepara el cambio. Instruyó
Alito antes de colgar. El conductor, un exmilitar de confianza llamado Joaquín, mantenía los ojos fijos en el camino mientras navegaba por calles secundarias para evitar las principales avenidas donde las cámaras de seguridad C5 podrían identificar el vehículo. “Senador, tienen bloqueadas las salidas principales de la ciudad”, informó Joaquín. La orden es detenerlo en cuanto intente salir del Valle de México.
Alito asintió sin mostrar sorpresa. Había anticipado este escenario. Seguimos con el plan original. Cambio de ruta Delta. La ruta Delta implicaba no intentar salir de la ciudad por carretera, sino utilizar un medio alternativo. Era más arriesgado, pero también menos previsible.
Al llegar a una bodega industrial en los límites entre la Ciudad de México y el Estado de México, Marco los esperaba junto a una camioneta tipo B con logos de una empresa de telecomunicaciones. Sin perder tiempo, Alito se cambió la ropa formal por unos jeans, camisa azul sencilla y una gorra de béisbol. Marco le entregó también un par de anteojos sin prescripción y una credencial de empleado a nombre de Ricardo Méndez.
Cristel está a salvo”, fue la primera pregunta de Alito mientras se cambiaba. Sí, señor. Su esposa y los niños ya están en la ubicación Omega. Llegaron hace una hora. La ubicación Omega era una casa de seguridad en Cuernavaca, donde su familia esperaría hasta recibir nuevas instrucciones. Excelente.
Alito revisó rápidamente el contenido del maletín. ¿Qué están diciendo los medios? Marco le mostró su tablet con los titulares de las principales páginas de noticias. Fiscalía ordena detención de Alito Moreno por presunto lavado de dinero. Shainbaum niega persecución política contra líder del PRI. Estados Unidos condena proceso contra opositor mexicano.
La orden se filtró a los medios minutos después de tu reunión con Shainbaum, explicó Marco. Fue una emboscada perfectamente coordinada. Alito esbozó una sonrisa tensa, predecible, pero ellos también fueron predecibles. Sacó de su bolsillo la memoria USB que había mostrado a la presidenta. La USB que le diía a Shane Baum era una copia y estaba diseñada para rastrear quién la abre y qué archivos revisa.
Marco lo miró con sorpresa. Entonces sabremos quién exactamente, interrumpió Alito. Sabremos quién está realmente detrás de todo esto, pero ahora tenemos que movernos. Joaquín, que vigilaba desde una ventana, se acercó rápidamente. Senador, hay movimiento sospechoso a tres cuadras.
Dos vehículos sin identificación acaban de estacionarse. “Es hora de irnos”, dijo Alito cerrando el maletín. Marco, sigue con el plan establecido. Nos vemos en 72 horas en el punto Charlie. Los tres hombres salieron por la parte trasera de la bodega. Joaquín y Alito subieron a la van de telecomunicaciones mientras Marco se dirigió a otro vehículo estacionado a una cuadra de distancia.
Su misión era crear una distracción haciendo parecer que Alito se dirigía hacia el sur de la ciudad. Dentro de la van, Alito se acomodó en la parte trasera donde habían instalado un compartimento oculto entre cajas de equipo técnico. Si los detenían para una revisión superficial, los oficiales solo verían herramientas y material de una empresa de internet.
destino: hangar privado en Toluca”, indicó Joaquín al conductor, un hombre de mediana edad que también formaba parte del círculo de confianza de Alito. El trayecto hacia el aeropuerto internacional de Toluca transcurrió en silencio tenso. Alito aprovechó para revisar su teléfono de emergencia, uno que no estaba registrado a su nombre, ni podía ser rastreado fácilmente. Tenía un mensaje encriptado de Washington. Águila en posición.
Confirmamos aterrizaje a las 23:40. Esto significaba que la persona que lo recibiría en Estados Unidos estaba lista y que su llegada estaba programada para esa noche. Alito miró su reloj. Eran las 21:15. Si todo salía según lo planeado, en menos de tres horas estaría fuera del país. Mientras Laaban avanzaba por la carretera México Toluca, Alito reflexionaba sobre los eventos que lo habían llevado a esta situación extrema.
Su enfrentamiento con el gobierno no era nuevo, pero se había intensificado cuando comenzó a cuestionar la reforma judicial y las conexiones entre funcionarios de alto nivel y ciertos grupos criminales. La gota que derramó el vaso fue cuando obtuvo documentos clasificados que sugerían que la elección presidencial había sido manipulada en ciertos estados clave.
No eran solo sospechas, tenía nombres, fechas y montos. Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Laaban se detuvo bruscamente. “Retén militar, adelante”, informó el conductor con voz tensa. Alito se asomó cuidadosamente entre las cajas.
A unos 200 met efectivos del ejército y la guardia nacional revisaban todos los vehículos que pasaban. ¿Rutina o nos están buscando?”, preguntó Joaquín. No podemos arriesgarnos”, respondió Alito. Plan de contingencia beta. El plan Beta consistía en desviarse hacia una ruta secundaria que, aunque más larga, permitiría llegar al aeropuerto evitando los principales controles.
El conductor giró en la siguiente salida y tomó un camino rural parcialmente pavimentado. El desvío añadió casi 40 minutos al trayecto. Cuando finalmente llegaron a la periferia del aeropuerto de Toluca, era casi medianoche. Joaquín contactó a su enlace en la terminal de aviación privada. Pájaro en aproximación, dijo en clave. Estado del nido. Nido asegurado, pero hay cazadores en el perímetro, fue la respuesta.
Ventana de 10 minutos en puerta este. Alito entendió inmediatamente. Tenían 10 minutos para ingresar por una entrada alternativa antes de que el personal de seguridad realizara su ronda. Cualquier retraso significaría esperar otra hora o peor aún ser descubiertos. La van se detuvo junto a una cerca en un sector poco iluminado del aeropuerto.
Joaquín cortó rápidamente un segmento del alambrado, lo suficiente para que una persona pasara agachada. Aquí nos separamos, senador, dijo, entregándole una pequeña mochila. Adentro está todo lo que necesita. El piloto lo está esperando en el hangar siete. Alito asintió sintiendo el peso de la situación. Gracias por todo, Joaquín.
Cuando esto termine, no hay necesidad, señor, interrumpió el ex militar. Solo asegúrese de que esto funcione. El país lo necesita. Con un último apretón de manos, Alito cruzó por el agujero en la cerca y se internó en el aeropuerto, moviéndose entre las sombras. La adrenalina mantenía sus sentidos alerta mientras avanzaba hacia el hangar siete, donde un jet privado lo esperaba.
Al llegar vio el pequeño avión Cesna Citation con los motores ya encendidos. Un hombre con chaleco reflectante le hizo una señal discreta. Alito se acercó mostrándole una identificación especial. Bienvenido a bordo, señor Méndez, dijo el piloto manteniendo la fachada. Nuestro plan de vuelo indica un destino en Texas para mantenimiento. Despegamos en 5 minutos.
Alito subió al avión sintiendo un momentáneo alivio cuando la puerta se cerró tras él, pero sabía que aún no estaba a salvo. Hasta no abandonar el espacio aéreo mexicano, todo podía salir mal. Mientras el avión comenzaba a rodar hacia la pista, Alito encendió un pequeño dispositivo que llevaba en la mochila, un rastreador del acceso a la memoria USB que había entregado a Shanbaum. La pantalla mostró una notificación.
Archivos abiertos, 19:45 horas. Ubicación residencia oficial de Los Pinos. Alito sonrió. No había sido la presidenta quien revisó la USB, sino alguien más. alguien que operaba desde la antigua residencia presidencial, ahora convertida en oficinas del equipo cercano a Shainbomb. “Te tengo”, murmuró para sí mismo mientras el avión aceleraba en la pista y se elevaba hacia el cielo nocturno.
Mientras el Sesna ganaba altitud, Alito redactaba un mensaje en su teléfono encriptado, dirigido a sus contactos en Washington y a algunos medios internacionales seleccionados. El mensaje contenía parte de la información que llevaba consigo, suficiente para generar un terremoto político, pero no toda. El resto lo entregaría personalmente cuando aterrizara.
Abajo la ciudad de México se extendía como un mar de luces ajena al drama que se desarrollaba en los aires. En algún lugar de esa inmensidad, Claudia Shane Baum recibiría pronto la noticia de que su principal opositor había escapado y con él secretos que podrían sacudir los cimientos de su gobierno. Claudia Shainbaum contemplaba las luces de la ciudad desde el balcón de su despacho en Palacio Nacional.
Eran las 2:17 de la madrugada, pero el sueño parecía una posibilidad remota esa noche. Su jefa de gabinete, Adriana Montiel, acababa de confirmarle la noticia. Alito Moreno había salido del país. ¿Cómo es posible que burlara todos los controles? preguntó Shane Baum, manteniendo su característico tono calmado, aunque la tensión era evidente en su rostro.
“Utilizó una avioneta privada desde Toluca”, respondió Adriana consultando las notas en su tablet. Para cuando se dio la alerta, ya había cruzado la frontera aérea. Aterrizó en Laredo, Texas, hace aproximadamente una hora. La presidenta respiró profundamente y la USB que me entregó, el equipo de inteligencia la está analizando, pero con extrema precaución. Adriana hizo una pausa.
Temen que pueda contener algún tipo de malware o programa espía. Shinbaum asintió. Su intuición le había advertido lo mismo, razón por la cual no había conectado la memoria a ningún dispositivo personal. ¿Qué sabemos sobre su agenda en Estados Unidos? Tiene programada una rueda de prensa mañana a las 10 a, hora de Washington, informó Adriana.
Y según nuestras fuentes, se reunirá con dos senadores republicanos y uno demócrata. La presidenta se dirigió a su escritorio y tomó asiento, apoyando los codos sobre la superficie de madera y entrelazando sus dedos. Necesitamos adelantarnos a su jugada”, dijo finalmente convoca al gabinete de seguridad para las 6 am y agenda una llamada con el embajador estadounidense para primera hora.
¿Quieres que hable con Rosa y Cela? Preguntó Adriana, refiriéndose a la secretaria de Gobernación. No, yo lo haré personalmente, respondió Shain Baum. Pero primero necesito que contactes a Luis Martínez. Luis Martínez. era el jefe de la unidad de inteligencia financiera, un hombre que había trabajado para Shain desde sus días como jefa de gobierno de la Ciudad de México.
¿Quieres que venga ahora? Son más de las 2 de la mañana, señaló Adriana con cierta sorpresa. Precisamente por eso. Necesito que revise algo antes de que amanezca. Mientras su jefa de gabinete salía para hacer las llamadas, Shane Baum abrió un cajón con llave de su escritorio y extrajo un sobre sellado. Dentro había documentos sobre propiedades en Campeche, específicamente terrenos adquiridos por Alito Moreno a precios sospechosamente bajos durante su gestión como gobernador. Pero lo más valioso era un informe detallado sobre movimientos
bancarios en Andorra y Panamá vinculados a empresas fantasma que podrían estar relacionadas con el líder priista. Esta información había llegado a sus manos semanas atrás, pero había decidido no utilizarla aún, considerándola un último recurso. Ahora, ese momento, había llegado.
A 10 km de distancia, en un departamento de lujo en Polanco, Marco Velázquez, el fiel asistente de Alito, monitoreaba los principales medios de comunicación y redes sociales. La noticia sobre la huida de Moreno comenzaba a filtrarse. Algunos portales ya reportaban su salida del país, aunque con información fragmentada y contradictoria.
Su teléfono encriptado vibró. Era un mensaje de alito. Fase dos iniciada. Prepara los canales para mañana a las 11 a, hora de México. Marco respondió inmediatamente, “Entendido, los tres portales están listos y los documentos A y B preparados para difusión.
La fase dos del plan consistía en la publicación simultánea de ciertos documentos comprometedores en tres portales de noticias diferentes, uno mexicano, uno estadounidense y otro español. La estrategia era simple, pero efectiva. Difundir la información a través de fuentes internacionales dificultaba su censura y aumentaba su credibilidad. Mientras tanto, en la residencia oficial de Los Pinos, convertida ahora en oficinas administrativas, Ricardo Beltrán, asesor especial de la presidencia en temas de seguridad, salía apresuradamente de su despacho con una carpeta bajo el brazo. Eran casi las 3 de la madrugada, pero
las luces de varias oficinas seguían encendidas. La crisis provocada por la huida de Alito Moreno había alterado todas las rutinas. Beltrán caminó rápidamente hacia el estacionamiento donde su chóer lo esperaba. a Palacio Nacional, ordenó secamente mientras subía al vehículo. Durante el trayecto revisó nuevamente el contenido de la memoria USB que Shain Baum le había entregado horas antes.
Los archivos parecían contener información extremadamente sensible sobre operativos militares en Sinaloa y comunicaciones entre mandos de la Guardia Nacional y ciertos grupos criminales. Si esta información se hacía pública, el daño sería incalculable. Lo que Beltrán ignoraba era que al acceder a esos archivos había activado un programa oculto que enviaba información detallada a Alito sobre quién, cuándo y dónde se consultaba el contenido.
Sin saberlo, estaba confirmando las sospechas del líder priiststa sobre su participación en la persecución política. En Washington DC Alito Moreno se instalaba en una suite del hotel Watergate, un lugar con resonancias históricas que no habían pasado desapercibidas para el político mexicano.
Acompañado por dos asesores y un equipo de seguridad privada preparaba su estrategia para las próximas horas. El New York Times y The Washington Post han solicitado entrevistas exclusivas, informó uno de los asesores. También CNN, Fox News y Univisión. Concederemos todas las entrevistas después de la rueda de prensa, respondió Alito. Por ahora, asegúrate de que los documentos estén perfectamente organizados y verificados.
No podemos permitirnos ni un solo error factual. El plan era claro. Primero, una rueda de prensa para anunciar que poseía pruebas de la infiltración del crimen organizado en el gobierno mexicano. Luego entrevistas exclusivas con medios seleccionados donde presentaría parte de la evidencia.
Finalmente entregaría el material completo a las autoridades estadounidenses solicitando protección como informante de alto valor. “¿Has sabido algo de Cristel y los niños?”, preguntó a su otro asesor. “Salieron de Cuernavaca hace 3 horas.” “En este momento están en camino a Houston en un vuelo privado”, respondió.
“El contacto de la DEA los está esperando para llevarlos a una ubicación segura”. Alito asintió aliviado. Sabía que su familia sería el blanco más obvio para presionarlo. Y el rastreador de la USB ha registrado tres accesos más, todos desde la misma ubicación, Los Pinos. El asesor mostró una tablet con los registros. El último fue hace aproximadamente una hora.
Esta información confirmaba la teoría de Alito. Ricardo Beltrán, el enigmático asesor de seguridad de Shainbaum, estaba directamente involucrado. Beltrán, un exagente de inteligencia con fama de implacable, había sido el arquitecto de varias operaciones cuestionables durante el gobierno anterior. Perfecto.
Alito sonríó levemente. Tenemos al eslabón que conecta todo. De vuelta en México amanecía en la capital. A las 6 en punto el gabinete de seguridad se reunía en Palacio Nacional. La presidenta Shainbaum, impecablemente vestida, a pesar de la falta de sueño, presidía la sesión con su habitual sobriedad. La situación es clara, comenzó.
Estamos ante un intento de desestabilización política utilizando acusaciones falsas. Nuestra respuesta debe ser firme, pero mesurada. El secretario de defensa, un general con décadas de servicio, se aclaró la garganta antes de hablar. Presidenta, con todo respeto, creo que debemos considerar la posibilidad de que Moreno realmente tenga información comprometedora, dijo con cautela algunos de los operativos.
en esos archivos efectivamente tuvieron lugar, aunque la información está distorsionada. Un silencio incómodo se apoderó de la sala. Shaba miró fijamente al militar. general está sugiriendo que hay elementos de verdad en las acusaciones de Moreno. “Sugiero que debemos prepararnos para todas las contingencias”, respondió diplomáticamente.
“Si parte de la información es verificable, nuestra estrategia de negación total podría resultar contraproducente.” La secretaria de Gobernación, Rosa Isela Rodríguez, intervino. Coincido con el general. Propongo una estrategia en dos frentes. Por un lado, desacreditar a Moreno recordando las investigaciones pendientes en su contra.
Por otro, preparar explicaciones detalladas para cada operativo mencionado en los documentos, contextualizando las acciones dentro del marco legal. Shane Baum consideró la propuesta mientras tamborileaba suavemente con los dedos sobre la mesa. De acuerdo, dijo finalmente Luis.
Necesito que aceleres la investigación sobre las propiedades en Campeche y las cuentas en el extranjero. Rosa prepara un informe completo sobre cada operativo mencionado en los documentos con justificación legal y resultados obtenidos. Ambos funcionarios asintieron. Una cosa más, añadió Shinbaum. Ricardo Beltrán queda relevado temporalmente de sus funciones. A partir de este momento, toda la información relacionada con este caso será manejada exclusivamente por las personas presentes en esta sala.
La decisión sorprendió a varios de los asistentes que intercambiaron miradas discretas. ¿Puedo preguntar el motivo? se atrevió a cuestionar la secretaria de Gobernación. Información sensible que no puedo compartir ahora, respondió Shenbaum con firmeza. Confíen en mi criterio.
Lo que la presidenta no reveló fue que el análisis preliminar de la USB había detectado un programa espía. Los técnicos habían rastreado las comunicaciones salientes y habían confirmado que Beltrán, al acceder a los archivos, había comprometido involuntariamente la operación. Mientras la reunión continuaba, los primeros rayos del sol iluminaban la plaza de la Constitución.
Un nuevo día comenzaba en México y con él una crisis política que amenazaba con sacudir los cimientos del poder establecido. La cuenta regresiva había comenzado. En 5 horas, Alito Moreno se presentaría ante los medios internacionales en Washington y nada volvería a ser igual. El hotel Willard de Washington DC bullía de actividad.
En uno de sus elegantes salones de conferencias, decenas de periodistas de todo el mundo se acomodaban frente a un podio decorado con sobriedad. Cámaras, micrófonos y equipos de transmisión ocupaban cada espacio disponible. La expectativa era palpable.
A las 10:57 a, hora local, Alito Moreno entró al salón acompañado por un equipo reducido, dos asesores políticos mexicanos, un abogado estadounidense especializado en derecho internacional y un exagente de la DEA, que ahora trabajaba como consultor privado en temas de seguridad. El político mexicano vestía un traje azul marino, camisa blanca y corbata roja.
Los colores del PRI, su partido, se veía descansado y sereno a pesar de los acontecimientos de las últimas 24 horas. Buenos días a todos, comenzó Alito en inglés antes de cambiar al español. Agradezco su presencia en esta conferencia que debo aclarar no es producto de mi deseo, sino de una necesidad imperiosa ante circunstancias extraordinarias.
Las cámaras disparaban incesantemente mientras los intérpretes traducían sus palabras a varios idiomas. Hace menos de 48 horas me vi forzado a abandonar mi país para preservar mi libertad y mi capacidad de denunciar hechos graves que amenazan la democracia mexicana”, continuó. Como muchos saben, después de cuestionar públicamente las conexiones del actual gobierno con grupos criminales, se emitió una orden de aprensión en mi contra basada en acusaciones fabricadas.
Alito hizo una pausa estratégica midiendo el impacto de sus palabras en la audiencia. Pero no estoy aquí para hablar de mi situación personal. Estoy aquí porque poseo información documentada sobre la infiltración del crimen organizado en las más altas esferas del gobierno mexicano. Un murmullo recorrió la sala. Los periodistas se inclinaron hacia adelante, atentos a cada palabra.
Durante los últimos 8 meses he recopilado evidencia que demuestra cómo ciertos grupos criminales no solo financiaron campañas electorales, sino que actualmente influyen en decisiones estratégicas del gobierno, particularmente en materia de seguridad y asignación de contratos públicos. Alito hizo un gesto y uno de sus asesores proyectó en la pantalla gigante lo que parecían ser documentos oficiales, aunque con partes censuradas para proteger información sensible.
Lo que ven son informes internos de inteligencia militar mexicana, comunicaciones interceptadas y registros de reuniones no oficiales entre funcionarios del gobierno actual y operadores financieros de los cárteles. Los flashes de las cámaras se intensificaron. En la primera fila, un periodista de CNN levantó la mano.
Senador Moreno, ¿tiene pruebas de que la presidenta Shinbaum está personalmente involucrada en estos nexos que usted denuncia? La pregunta iba directamente al punto más sensible. Alito respiró profundamente antes de responder. No tengo evidencia de que la presidenta esté directamente involucrada. De hecho, creo que posiblemente desconoce la magnitud de lo que ocurre en ciertos sectores de su gobierno, respondió con cautela.
Mi denuncia se centra en un círculo específico dentro de su administración, particularmente en la figura de Ricardo Beltrán, asesor de seguridad y algunos mandos de la Guardia Nacional. Esta respuesta medida sorprendió a muchos que esperaban un ataque frontal contra Shainbaum. Al eximir parcialmente a la presidenta, Alito ganaba credibilidad y se distanciaba de una simple vendeta política. Una reportera del país tomó la palabra.
¿Por qué decidió traer estas denuncias a Estados Unidos en lugar de presentarlas ante las autoridades mexicanas? Porque las instituciones encargadas de investigar estos delitos han sido cooptadas, respondió sin titubear. La Fiscalía General, que debería ser autónoma, actúa como brazo político del gobierno.
Presenté parte de esta información al fiscal anticorrupción hace 3 meses y la respuesta fue una investigación en mi contra. Durante la siguiente hora, Alito presentó metódicamente su caso, mostrando documentos, fotografías y transcripciones de comunicaciones. Cada pieza de evidencia estaba cuidadosamente editada para proteger fuentes y evitar comprometer operaciones de seguridad legítimas.
En los próximos días, concluyó, entregaré toda la documentación original a autoridades internacionales y a organismos de derechos humanos. Mi objetivo no es desestabilizar a mi país, sino contribuir a que México recupere su camino democrático, libre de la influencia criminal. Mientras Alito respondía las últimas preguntas, a miles de kilómetros de distancia en el Palacio Nacional de México, Claudia Shainbaum y su equipo seguían la transmisión en tiempo real.
“Ha sido más inteligente de lo que esperábamos”, comentó Rosa Isela Rodríguez, la secretaria de Gobernación. “Al no atacarte directamente, busca aislarte de tu equipo y generar desconfianza interna.” Shainbaum, que había escuchado atentamente cada palabra de Alito, asintió levemente. Es una estrategia astuta, reconoció, y efectiva, si no respondemos adecuadamente. Luis Martínez, jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera, intervino.
Presidenta, tenemos listos los informes sobre las propiedades de Moreno en Campeche y sus vínculos financieros cuestionables. ¿Podemos hacer una conferencia de prensa esta misma tarde? No, respondió Shane Baum con firmeza. Responder inmediatamente con ataques personales solo reforzará su narrativa.
Necesitamos una estrategia más sofisticada. El equipo intercambió miradas de sorpresa. La reacción esperada habría sido un contraataque fulminante. “¿Qué propones entonces?”, preguntó Rosa Isela. Primero, una respuesta. institucional enfocada en los hechos”, explicó Shin Bom. Reconoceremos que ha habido operativos contra el crimen organizado todos dentro del marco legal.
Segundo, solicitaremos formalmente a Moreno que entregue toda la información a la Fiscalía General, garantizando su seguridad personal. Y tercero, anunciaremos una revisión independiente de las acusaciones específicas contra Ricardo Beltrán y los mandos señalados. “¿Estás considerando sacrificar a Beltrán?”, preguntó con incredulidad el secretario de defensa.
No estoy sacrificando a nadie, replicó Shainbow con severidad. Si hay evidencia creíble contra él o cualquier otro funcionario, se investigará y si no la hay, se demostrará su inocencia. Pero no protegeré a nadie por lealtad política. La declaración cayó como una bomba en la sala.
Shane Baum siempre había sido conocida por su lealtad a su equipo. Una cosa más, añadió, quiero una investigación exhaustiva sobre cómo Moreno obtuvo esos documentos. Hay una filtración seria en nuestros sistemas de seguridad y necesitamos encontrarla. En Washington, la conferencia de prensa había concluido. Alito se retiraba del podio cuando recibió un mensaje en su teléfono seguro. Era de Marco Velázquez.
Fase dos completada. Los tres portales han publicado, ya está circulando en todas las redes. La fase dos se había ejecutado según lo planeado. Los documentos más impactantes estaban ahora disponibles en tres sitios web diferentes, garantizando que la información no pudiera ser suprimida. Miles de personas los estaban compartiendo ya en redes sociales.
Mientras se dirigía a su siguiente reunión, un encuentro privado con dos senadores estadounidenses, Alito recibió otro mensaje, esta vez de un número desconocido. Información verificada, interés al más alto nivel, preparando extracción de familia. Era el código acordado con su contacto en la DEA, confirmando que las autoridades estadounidenses consideraban creíbles sus denuncias y estaban tomando medidas para garantizar la seguridad de su esposa e hijos.
En el Senado mexicano, la sesión ordinaria se había convertido en un campo de batalla verbal. Los senadores de Morena y sus aliados denunciaban a Alito como traidor a la patria por llevar sus acusaciones a Estados Unidos, mientras que la oposición exigía una investigación imparcial sobre las denuncias. Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado, intentaba mantener el orden sin mucho éxito.
El caos era total cuando uno de los senadores del PRI, aliado cercano de Alito, tomó la palabra, este no es un asunto de partidos, sino de soberanía nacional, dijo con voz resonante. Si hay funcionarios coludidos con el crimen organizado, todos los mexicanos, independientemente de nuestra afiliación política, deberíamos exigir una investigación transparente. En medio de la confusión, nadie notó a una figura discreta que salía apresuradamente del recinto.
El senador Javier Corral, antiguo gobernador de Chihuahua y actual presidente de la comisión de seguridad. Aunque pertenecía a Morena, Corral tenía una reputación de independencia y había sido crítico de ciertas políticas de seguridad. En el pasillo, Corral marcó un número en su teléfono. “Ricardo, soy Javier. Tenemos que hablar urgentemente”, dijo en voz baja.
Moreno mencionó operativos que solo tú, yo y tres personas más conocíamos. La filtración tiene que venir de alguien muy cercano. Al otro lado de la línea, Ricardo Beltrán escuchaba contención. Acababa de ser informado de su relevo temporal. Y ahora esto, el círculo se estaba cerrando rápidamente a su alrededor. No podemos hablar por teléfono, respondió.
Nos vemos en una hora en el lugar habitual. En su suite del hotel Willard, Alito Moreno se preparaba para su próxima entrevista. Esta vez con la cadena Fox News. Su teléfono vibró nuevamente. Era un mensaje de Cristel, su esposa, confirmando que ella y los niños habían llegado seguros a Houston. Mientras se acomodaba la corbata frente al espejo, Alito reflexionaba sobre los acontecimientos que lo habían llevado hasta aquí.
Lo que había comenzado como una lucha política se había transformado en algo mucho más peligroso. No había vuelta atrás ahora, “Senador, ¿están listos para recibirlo?”, anunció uno de sus asesores desde la puerta. Alito asintió, tomó su maletín y se dirigió a la siguiente batalla de una guerra que apenas comenzaba. Lo que ni él ni Shainbound podían prever que un tercer actor invisible hasta ahora estaba a punto de entrar en escena, alterando dramáticamente el curso de los acontecimientos.
El restaurante Sonora Grill en la colonia Polanco lucía casi vacío a las 3:30 pm, justo lo que Ricardo Beltrán y el senador Javier Corral necesitaban para su encuentro discreto. Sentados en una mesa apartada con dos cafés intactos frente a ellos, ambos hombres hablaban en voz baja.
“La presidenta me ha relevado temporalmente”, dijo Beltrán, su rostro revelando tensión contenida. Descubrieron que la USB de Moreno contenía un programa espía. Cada vez que accedía a los documentos estaba enviando mi ubicación. Corral, un político experimentado de cabello cano y mirada penetrante, escuchó atentamente antes de responder. No es solo eso, Ricardo.
Los documentos que mostró Moreno en Washington contienen detalles sobre operativos clasificados. La lista de personas con acceso a esa información es extremadamente reducida. ¿Estás sugiriendo que yo filtre esos documentos? Beltrán entrecerró los ojos visiblemente ofendido. No he dicho eso aclaró Corral. Pero alguien cercano lo hizo y tanto tú como yo estamos en la lista de sospechosos.
Beltrán tomó un sorbo de su café, ganando tiempo para ordenar sus pensamientos. A sus 52 años había dedicado tres décadas al servicio de inteligencia del Estado. Su lealtad nunca había sido cuestionada hasta ahora. Hay algo más que deberías saber, continuó Corral, inclinándose aún más cerca.
Esta mañana la presidenta ordenó una auditoría forense de todos los sistemas de comunicación del equipo de seguridad. están revisando cada mensaje, cada llamada, cada correo electrónico. Esta noticia pareció afectar a Beltrán más que su relevo temporal. Su mano, sosteniendo la taza de café tembló ligeramente.
¿Cuándo comenzó esta auditoría? Inmediatamente después de la conferencia de prensa de Moreno, el equipo técnico ya está trabajando. Beltrán dejó la taza sobre la mesa y miró directamente a los ojos de Corral. Javier, necesito saber exactamente de qué lado estás en todo esto. Del lado de México, respondió el senador sin titubear. Siempre he sido crítico cuando es necesario, incluso con mi propio partido.
Si hay corrupción o nexos criminales, no me importa quién caiga. Beltrán asintió lentamente. Entonces deberías saber que las cosas son más complicadas de lo que parecen. Mientras esta conversación tenía lugar, en Palacio Nacional se desarrollaba otra reunión crucial. Claudia Shainbaum, junto a su equipo más cercano, ultimaba los detalles de su respuesta oficial a las acusaciones de Alito Moreno.
La conferencia está programada para las 7 pm, informó Adriana Montiel, su jefa de gabinete. Tendremos cobertura nacional e internacional. ¿Cómo va la investigación sobre la filtración? preguntó Shain Baum. El jefe de ciberseguridad, un hombre de aspecto técnico con lentes de montura metálica, respondió, “Hemos identificado patrones sospechosos en los accesos a la base de datos de seguridad.
Durante los últimos dos meses, alguien con credenciales de alto nivel extrajo sistemáticamente documentos sobre operativos en Sinaloa y Sonora. ¿Pueden identificar quién fue? Las credenciales utilizadas corresponden a Ricardo Beltrán, pero hay anomalías en los patrones de acceso que sugieren un posible hackeo o su plantación.
Esta información generó un silencio reflexivo en la sala. Finalmente, Rosa Cela Rodríguez habló. Presidenta, debemos considerar la posibilidad de que Beltrán sea inocente y esté siendo incriminado o que sea culpable y haya creado estas anomalías para protegerse, contrapuso el secretario de defensa. Shambom escuchó ambas perspectivas con expresión impenetrable.
Continúen la investigación sin presunciones ordenó y localicen a Beltrán. Quiero hablar con él personalmente antes de la conferencia. En Washington, Alito Moreno concluía su entrevista con Fox News, donde había reiterado sus acusaciones aportando nuevos detalles sobre supuestos operativos coordinados entre elementos de la Guardia Nacional y grupos criminales para el traslado de drogas a través de la frontera norte.
Al regresar a su suite, encontró a su equipo legal en estado de agitación. “¿Qué sucede?”, preguntó dejando su saco sobre una silla. La Fiscalía General de México acaba de emitir una alerta roja de Interpol en tu contra, explicó su abogado estadounidense. Te acusan formalmente de traición a la patria, además de los cargos previos por lavado de dinero.
Alito recibió la noticia con sorprendente calma. Era previsible, alguna implicación inmediata. Técnicamente podrías enfrentar un proceso de extradición”, respondió el abogado. “Pero ya hemos iniciado los trámites para solicitar asilo político en Estados Unidos. Dado el contexto y la evidencia que has presentado, hay buenas probabilidades de que lo concedan.
” El político mexicano asintió procesando la información. “Y mi familia, la DEA ha trasladado a Crystal y los niños a una ubicación protegida en Virginia. ¿Están seguros? Esta noticia pareció aliviar visiblemente la atención de Alito. Bien, continuemos según lo planeado. ¿Qué sabemos de Marco? Marco Velázquez, su fiel asistente, permanecía en México coordinando operaciones desde la clandestinidad. Su último reporte llegó hace una hora.
Los documentos están circulando ampliamente y más de 200 medios han replicado la información. alguna reacción del círculo de Beltrán. Según nuestras fuentes, Beltrán desapareció de los radares oficiales hace aproximadamente 5 horas. No se ha presentado a dos reuniones programadas. Esta información hizo que Alito frunciera el seño.
El comportamiento errático de Beltrán no encajaba en sus cálculos. En el bar del hotel Marquí Reforma de la Ciudad de México, Elena Cardona, periodista de investigación del portal Aristegi Noticias, esperaba impacientemente. Había recibido un mensaje anónimo citándola allí para entregarle información que completará el rompecabezas sobre Alito y Shinbaum. Después de 20 minutos de espera, un hombre de mediana edad, vestido con traje gris y gafas oscuras, se sentó frente a ella.
“Señorita Cardona, agradezco que haya venido”, dijo en voz baja, deslizando un sobre manila por debajo de la mesa. “Lo que encontrará aquí cambiará su perspectiva sobre todo este asunto. ¿Quién es usted?”, preguntó Elena sin tocar el sobre. Eso no es relevante. Lo importante es la información. Revísela, verifíquela y decida si la publica o no. Sin esperar respuesta, el hombre se levantó y se marchó, dejando a Elena sola con el misterioso sobre.
Dentro del sobre, la periodista encontró varias fotografías, capturas de pantalla de conversaciones encriptadas y un pequeño dispositivo de almacenamiento USB. Lo que vio en las fotografías la dejó momentáneamente sin aliento. En Palacio Nacional, la búsqueda de Ricardo Beltrán continuaba sin éxito. Sus teléfonos estaban apagados, no había usado sus tarjetas de crédito y su automóvil permanecía estacionado frente a su domicilio en la colonia del Valle.
Es como si se hubiera esfumado, informó el jefe de seguridad presidencial, Shanbaum, que revisaba los puntos clave de su próximo discurso, levantó la mirada. ¿Han verificado las cámaras de los aeropuertos y centrales de autobuses? Sí, presidenta. Ningún registro de salida bajo su nombre o sus alias conocidos. Y Corral, ¿dónde está el senador? Corral asistió a la sesión del Senado esta mañana.
pero se retiró temprano alegando problemas de salud. Su oficina dice que está en su domicilio. Shane Baum permaneció en silencio por un momento, conectando puntos mentalmente. Quiero vigilancia discreta sobre Corral, ordenó finalmente, y amplíen la búsqueda de Beltrán, incluyendo propiedades vinculadas a Corral.
A miles de kilómetros de distancia, en un rancho aislado en las montañas de Chihuahua, Ricardo Beltrán y Javier Corral entraban en una sencilla, pero bien protegida cabaña. El lugar, propiedad de la familia Corral por generaciones, no figuraba en ningún registro oficial. “Estarás seguro aquí por unos días”, dijo Corral mientras encendía la calefacción.
Tiempo suficiente para organizar tu salida del país si es necesario. Beltrán dejó su pequeña maleta junto a la entrada y observó el entorno rústico pero confortable. ¿Crees que ha llegado a ese punto? Realmente necesito huir. Corral suspiró profundamente. Ricardo, has servido a este país durante décadas. ¿Has visto lo suficiente para saber que cuando comienza una cacería de brujas política, la verdad es la primera víctima? No respondiste mi pregunta, Javier.
Si eres inocente, deberías quedarte y luchar si no lo eres completamente. Corral dejó la frase inconclusa, su implicación clara. El reloj marcaba las 6:45 pm cuando Claudia Shane Baum dio una última revisión a su discurso. En 15 minutos enfrentaría a la nación en el momento más crítico de su joven presidencia. Estamos listos, presidenta, anunció Adriana Montiel. Todas las cadenas de televisión transmitirán en vivo.
Shainbaum asintió guardando el documento en una carpeta. Una cosa más, Adriana. ¿Qué sabemos del estado de ánimo en las calles? Las redes sociales están divididas. Los seguidores de la 4T te apoyan firmemente, pero la oposición está unificada tras las denuncias de Moreno.
Hay manifestaciones pequeñas frente al Senado y en el Zócalo, pero nada significativo aún. Y los mercados. La bolsa cayó 3% y el peso se depreció frente al dólar. Los inversionistas están nerviosos esperando señales claras. Esta información confirmaba lo que Shane Bom ya intuía. La crisis apenas comenzaba y su manejo en las próximas horas sería determinante. Mientras tanto, en la redacción de Aristegi Noticias, Elena Cardona trabajaba frenéticamente, verificando la información recibida del misterioso informante.
Lo que había descubierto era explosivo, pruebas que sugerían que tanto Alito Moreno como Ricardo Beltrán trabajaban, sin saberlo, para la misma organización criminal. Cada uno creía estar usando al otro, pero ambos eran peones en un juego mayor. No puedo publicar esto sin verificación adicional, explicó a su editor jefe. Necesito al menos dos fuentes más que confirmen estos datos.
Tienes 2 horas, respondió el editor. Si es cierto lo que tienes, cambiará toda la narrativa de esta crisis. A las 7 pm en punto, Claudia Shinbaum apareció ante las cámaras en el salón Tesorería de Palacio Nacional. Vestida con un sobrio traje color guinda, la presidenta proyectaba la imagen de serenidad y control que el país necesitaba en ese momento.
Mexicanas y mexicanos comenzó con voz firme, me dirijo a ustedes en un momento que demanda claridad y verdad. Las acusaciones presentadas hoy en Washington por el senador Moreno son graves y merecen una respuesta. Mientras Shane Baum hablaba a la nación, Alito Moreno observaba la transmisión desde su suite en Washington, sin imaginar que el tercer actor en este drama político estaba a punto de revelarse, cambiando para siempre el rumbo de su arriesgada jugada contra el gobierno mexicano.
El discurso de la presidenta Shainbaum concluía tras 20 minutos de una intervención medida y estratégica. Su tono había sido firme, pero no defensivo, institucional, pero no frío. Por todo lo anterior, finalizaba, he ordenado tres acciones inmediatas. Primero, una investigación independiente sobre las acusaciones específicas presentadas por el senador Moreno con participación de observadores internacionales.
Segundo, la suspensión temporal de todos los funcionarios mencionados en los documentos, incluyendo a Ricardo Beltrán, hasta que se aclare su situación. Y tercero, un diálogo abierto con todas las fuerzas políticas para fortalecer nuestras instituciones de seguridad.
Los aplausos de los funcionarios presentes en el salón tesorería contrastaban con el silencio tenso en la suite de Washington, donde Alito Moreno observaba la transmisión. No era la respuesta que esperaba. En lugar del ataque frontal y la negación absoluta que había anticipado, Shanbaum había optado por una estrategia conciliadora que desarmaba parte de sus argumentos.
Es inteligente, murmuró para sí mismo. Muy inteligente. Su abogado estadounidense, sentado a su lado, asintió. ha neutralizado gran parte de tu narrativa. Al ordenar una investigación y suspender a Beltrán, se presenta como parte de la solución, no del problema. Alito se levantó y caminó hacia la ventana, contemplando las luces de Washington.
Tenemos que acelerar la entrega de la evidencia sobre los operativos en Sonora, decidió. Es la única parte que no puede explicar fácilmente como operaciones legítimas. El abogado hizo una mueca de duda. Senador, esos documentos son los más sensibles que posee. Revelarlos podría tener implicaciones de seguridad nacional para ambos países.
Precisamente por eso son efectivos, replicó Alito. Prepara todo para la reunión con el comité del Senado estadounidense mañana. En la Ciudad de México, Elena Cardona trabajaba contra reloj. Tras revisar meticulosamente la información recibida del misterioso informante, había logrado confirmar parte de los datos con una segunda fuente, un exagente de inteligencia que ahora colaboraba ocasionalmente con medios independientes.
“Los documentos parecen auténticos,”, confirmó el exagente después de examinarlos. Esta firma digital pertenece a la Dirección de Operaciones especiales del Centro Nacional de Inteligencia. ¿Y esta otra parte? Preguntó Elena señalando una serie de códigos en el margen de uno de los documentos. Son identificadores de acceso.
Cada vez que alguien consulta estos archivos deja una huella digital única, explicó. Según esto, tanto Beltrán como un usuario identificado como AM Senado accedieron a los mismos archivos en repetidas ocasiones. “Ame Senado debe ser Alito Moreno”, dedujo Elena. “Pero, ¿cómo obtuvo acceso a documentos tan clasificados?” “Esa es la pregunta del millón”, respondió el exagente, “A menos que alguien deliberadamente les diera acceso a ambos. Esta revelación encajaba con la teoría que Elena estaba desarrollando.
Tanto Alito como Beltrán habían sido manipulados para enfrentarse mutuamente, siguiendo los intereses de un tercer actor aún oculto. En el rancho de Chihuahua, Ricardo Beltrán recibía una llamada encriptada en un teléfono satelital. “Los satélites han detectado movimiento en su ubicación”, informó una voz distorsionada.
Tienen aproximadamente 3 horas antes de que los localicen. ¿Cómo nos encontraron tan rápido?, preguntó Beltrán, visiblemente alarmado. El senador Corral está bajo vigilancia desde esta mañana. Probablemente siguieron su vehículo. Beltrán miró a Corral, que escuchaba la conversación a través del altavoz.
“Tenemos que movernos”, dijo al cortar la llamada. “¿Hay otra propiedad que podamos usar? Conozco un lugar en la sierra, cerca de la frontera con Sonora”, respondió Corral. “Pero antes necesito saber exactamente qué estaba pasando en esos operativos en Sonora que mencionó Moreno.” Beltrán dudó por un momento.
“Esos operativos nunca existieron oficialmente”, dijo finalmente. Eran parte de una operación de contrainteligencia. Alimentamos información falsa a través de canales específicos para identificar filtraciones. ¿Estás diciendo que los documentos que tiene Moreno son fabricados? No, exactamente. Los documentos son reales, pero describen operaciones ficticias que nunca se ejecutaron.
Era una trampa para topos dentro del sistema. Corral procesó esta información con expresión grave y Moreno cayó en ella aparentemente. Pero lo extraño es que Moreno no era uno de los objetivos de la operación. Nunca debería haber tenido acceso a esos documentos. Este revelador intercambio fue interrumpido por el sonido de un helicóptero a lo lejos.
Ambos hombres intercambiaron miradas de alarma. Es tiempo de irnos, dijo Corral, dirigiéndose rápidamente hacia un armario del que extrajo dos mochilas ya preparadas. Siempre tengo un plan de escape listo. En Palacio Nacional, Claudia Shainbaum recibía nueva información crítica.
Presidenta, hemos identificado el origen de las filtraciones, informó el jefe de ciberseguridad. Alguien creó un canal de acceso oculto en nuestros servidores hace aproximadamente 8 meses. Este canal permitía la extracción de documentos específicos sin dejar rastros convencionales. ¿Pueden identificar quién lo creó? Aún no con certeza.
Pero la sofisticación sugiere que fue alguien con conocimientos técnicos avanzados y acceso de alto nivel. Estamos rastreando la dirección IP de origen. Shinbaum asimiló esta información con expresión concentrada. ¿Hay alguna actualización sobre Beltrán? Tenemos indicios de que podría estar en Chihuahua.
Un dron de reconocimiento detectó movimiento sospechoso en una propiedad vinculada a la familia del senador Corral. La presidenta se levantó y caminó hacia el ventanal de su despacho y la información que está circulando en los medios sobre los operativos en Sonora. Nuestro equipo ha confirmado que esos documentos describen operaciones que nunca existieron, explicó Rosa y Cela Rodríguez, que acababa de incorporarse a la reunión.
eran parte de una estrategia de contrainteligencia diseñada por el equipo de Beltrán sin autorización presidencial. Esta revelación hizo que Shaineba se girara bruscamente. Sin autorización. Beltrán estaba conduciendo operaciones de contrainteligencia sin informarme. Aparentemente sí, presidenta, confirmó la secretaria de Gobernación. Y hay más.
Según nuestras fuentes, el objetivo original era identificar vínculos entre políticos opositores y ciertos grupos criminales en Sonora, incluyendo a Moreno, especialmente a Moreno, aunque no tenemos confirmación de que fuera un objetivo inicial.
Shimbaum procesó esta información durante unos segundos antes de tomar una decisión. Quiero hablar directamente con Beltrán. utilicen todos los recursos disponibles para establecer contacto seguro con él. En Washington, Alito Moreno recibía una notificación que lo dejó momentáneamente sin palabras. El portal Aristegui Noticias acababa de publicar un extenso reportaje titulado El gran engaño, cómo Alito Moreno y Ricardo Beltrán fueron manipulados en una guerra de inteligencia.
El reportaje firmado por Elena Cardona revelaba con documentos y testimonios que tanto Moreno como Beltrán habían sido manipulados por una operación sofisticada orquestada por elementos del crimen organizado. Según el reportaje, el objetivo era desestabilizar al gobierno mexicano y generar una crisis diplomática con Estados Unidos justo antes de la renegociación del tratado comercial.
Esto cambia todo, murmuró Alito, visiblemente afectado mientras leía los detalles. La publicación incluía capturas de pantalla de comunicaciones encriptadas entre operadores criminales, discutiendo cómo habían alimentado información falsa tanto a Beltrán como a Moreno, haciéndoles creer que estaban descubriendo secretos del adversario cuando en realidad estaban siguiendo un guion prediseñado.
“¿Es posible que esto sea cierto?”, preguntó su abogado, igualmente impactado por la revelación. explicaría cómo obtuve acceso a documentos tan clasificados”, reconoció Alito. Siempre me pareció demasiado conveniente. En algún punto de la Sierra Madre Occidental, Beltrán y Corral también leían el reportaje en un teléfono satelital mientras avanzaban por un sendero escarpado.
“Fuimos peones”, dijo Beltrán, la incredulidad dando paso a la rabia. Todo este tiempo pensé que estaba un paso adelante cuando en realidad estaba siguiendo un camino trazado por ellos. La pregunta es, ¿quién es realmente ellos? Reflexionó Corral. En Palacio Nacional, la noticia había generado un revuelo sin precedentes. Shane Baum convocó de emergencia a su gabinete de seguridad ampliado.
“Necesitamos verificar independientemente cada detalle de este reportaje”, instruyó. Si es cierto, enfrentamos una amenaza mucho más grave de lo que imaginábamos, la infiltración de nuestros sistemas de inteligencia al más alto nivel. La reunión fue interrumpida. Cuando Adriana Montiel entró apresuradamente, “Presidenta, tenemos contacto con Beltrán, está solicitando una comunicación directa y segura contigo.
” Shan Baum asintió y todos los presentes abandonaron la sala, excepto Rosa y Cela Rodríguez. Momentos después, la voz de Ricardo Beltrán emergió de un teléfono especial con encriptación avanzada. Presidenta, lamento las circunstancias de esta comunicación”, comenzó Beltrán. “He leído el reportaje de Aristegui y puedo confirmar que en su mayoría es preciso. Fui engañado.
¿Por quién exactamente, Ricardo? Aún no lo tengo completamente claro, pero he identificado un patrón en los documentos que me fueron filtrados. Todos apuntaban a operaciones específicas en Sonora y Sinaloa, que en teoría involucraban a elementos corruptos de nuestras fuerzas de seguridad. Y estos documentos eran fabricados, no todos.
Algunos describían operaciones reales, pero con detalles alterados para sugerir complicidad criminal. Otros eran completamente ficticios. Lo sofisticado fue la mezcla de verdad y mentira, lo que hacía imposible distinguir una de otra sin investigación exhaustiva. ¿Cuál cree que era el objetivo final? Preguntó Shane Baum.
Inicialmente pensé que buscaban desacreditarla a usted y a su gobierno, respondió Beltrán. Ahora, con la información adicional del reportaje, creo que el objetivo es más amplio, crear una crisis de confianza en las instituciones mexicanas justo antes de las negociaciones comerciales con Estados Unidos. Esta teoría tenía sentido para Shinbaum.
Un México desestabilizado tendría menor capacidad de negociación frente a las demandas estadounidenses en la revisión del tratado comercial. En Washington, Alito Moreno enfrentaba un dilema ético y político. Si el reportaje era cierto, había sido utilizado como instrumento para desestabilizar a su propio país. La revelación lo dejaba en una posición imposible.
Continuar con su denuncia lo convertía en cómplice inconsciente. Retractarse significaba admitir que había sido manipulado. Tras una intensa deliberación con su equipo, Alito tomó una decisión sorprendente. Solicitó una llamada segura con la embajada mexicana en Washington. “Necesito hablar directamente con la presidenta Shane Baum”, dijo al funcionario que atendió.
Es un asunto de seguridad nacional que no puede esperar. La respuesta no tardó en llegar. La llamada se establecería en exactamente una hora. Mientras México y el mundo esperaban el desenlace de esta crisis, Elena Cardona recibía un mensaje encriptado en su computadora. La verdad completa aún no ha sido revelada. Nos veremos pronto.
El remitente era el mismo informante anónimo que había destapado toda la operación. Quien quiera que fuese tenía más información que compartir. La historia al parecer apenas comenzaba.
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