El 11 de septiembre de 2014, Itzel Marisol Cervantes desapareció con su hija en la selva chiapaneca. Después, los equipos de rescate harían un descubrimiento que cambiaría todo. La carretera estatal 199 serpentea entre montañas densamente pobladas de vegetación tropical. Es una vía secundaria que conecta Tuxla Gutiérrez con San Cristóbal de las Casas, atravesando uno de los ecosistemas más complejos del sureste mexicano.
Durante la época de lluvias, la humedad alcanza niveles superiores al 80%. Itsel Marisol Cervantes, de 21 años, trabajaba como empleada administrativa en Tuxla Gutiérrez. Vivía con Oswaldo Abundio Villareal, técnico en mantenimiento de 28 años. Ambos cuidaban de Seltzin, la hija de 3 años de Itzel. El jueves 11 de septiembre decidieron viajar a San Cristóbal de las Casas para visitar a la hermana de Itzel, quien había dado a luz.
El trayecto dura aproximadamente una hora y 30 minutos. Osdo conduciría su Nissanchuru 2007, blanco con placas de Chiapas. Parteron a las 2 de la tarde. Itsel llevaba una mochila con ropa, pañales y agua. Osdo había revisado aceite y gasolina. El automóvil tenía 160,000 km, pero el mantenimiento estaba al día. A las 3:45, a 20 km del destino, el motor comenzó a emitir ruidos metálicos.
Osvaldo se detuvo en el acotamiento. Humo blanco salía del compartimento del motor. El radiador había perdido el líquido refrigerante. Una manguera presentaba rotura considerable. El motor no respondía al arranque. La falla mecánica era grave y requería asistencia especializada. La zona carecía de cobertura telefónica confiable.
Osvaldo intentó comunicarse con grúas, pero las llamadas no se completaban. El tráfico vehicular era escaso durante tardes entre semana. Después de 40 minutos sin que ningún vehículo se detuviera, Oswaldo decidió caminar hasta el poblado más cercano. Calculó que había una gasolinera a 5 km hacia San Cristóbal. ¿Qué sucedió durante las siguientes horas que provocaría una búsqueda desesperada en la selva más densa de Chiapas? Osvaldo Abundio Villareal conocía bien la carretera estatal 199.
Durante sus años como técnico en mantenimiento, había recorrido esa ruta en múltiples ocasiones para atender equipos industriales en San Cristóbal de las Casas. Sin embargo, nunca había experimentado una avería mecánica en esa zona particular de la montaña chiapaneca. La sección donde se detuvo el vehículo se caracteriza por estar flanqueada por vegetación selvática densa en ambos lados.

A la derecha de la carretera, el terreno desciende abruptamente hacia una cañada donde fluye un afluente del río Grijalba. A la izquierda, la montaña se eleva formando una pared natural cubierta de árboles de hasta 30 m de altura. Itzel Marisol Cervantes había nacido en Tuxla Gutiérrez y vivido toda su vida en zonas urbanas.
Su experiencia con entornos naturales se limitaba a visitas ocasionales, a parques recreativos municipales. Nunca había estado en contacto directo con selva tropical o había enfrentado situaciones de supervivencia en espacios naturales remotos. Seltzin, su hija de 3 años, era una niña activa y curiosa. Acostumbrada a los espacios cerrados del departamento donde vivían, encontraba fascinantes los sonidos y colores de la vegetación circundante.
Durante la espera junto al vehículo averiado, había mostrado interés por las mariposas y los pájaros que se movían entre los árboles. A las 4:25 de la tarde, Oswaldo comenzó su caminata hacia la gasolinera más cercana. Llevaba consigo su teléfono celular, aunque la señal era intermitente, y una botella de agua que habían comprado durante el trayecto inicial.
Calculó que el recorrido de ida y vuelta, incluyendo el tiempo para gestionar la asistencia mecánica, le tomaría aproximadamente 3 horas. Antes de partir, Oswaldo instruyó a Itzel que permaneciera junto al vehículo en todo momento. Le entregó las llaves del automóvil para que pudiera refugiarse en el interior si era necesario. También le sugirió mantener las puertas cerradas hasta su regreso por seguridad.
Itsel se instaló en el asiento del conductor con Celsin a su lado. Desde esa posición podía observar la carretera en ambas direcciones y estar atenta al regreso de Oswaldo o a la llegada de algún vehículo que pudiera brindarles asistencia. Durante la primera hora de espera, el comportamiento de Celsin fue completamente normal.
La niña jugaba con una muñeca que había traído para el viaje y hacía preguntas sobre los animales que ocasionalmente se asomaban desde la vegetación. Itsel mantenía las ventanillas parcialmente abiertas para permitir la circulación del aire. A las 5:30 de la tarde, la temperatura comenzó a descender ligeramente, pero la humedad seguía siendo elevada.
Celsin manifestó sedó agua. Itsel le dio pequeños sorbos de la botella que habían reservado, calculando que debía administrarla cuidadosamente hasta el regreso deOswaldo. El tráfico vehicular fue prácticamente nulo durante ese periodo. Solamente pasaron dos automóviles, ambos a alta velocidad y sin detenerse, pese a las señales que Itzel hacía desde el interior del vehículo.
La sensación de aislamiento comenzó a intensificarse gradualmente. A las 6 de la tarde, Seltsin expresó que necesitaba ir al baño. Itzel evaluó las opciones disponibles. El interior del automóvil era demasiado reducido y no tenía elementos adecuados para resolver la situación higiénicamente. La vegetación cercana a la carretera ofrecía la privacidad necesaria.
Itell tomó a Celsin de la mano y se alejaron aproximadamente 10 met del vehículo, adentrándose en la vegetación del lado derecho de la carretera. La zona parecía segura y no requerían alejarse demasiado para encontrar un lugar apropiado. Después de resolver la necesidad, Itzel intentó regresar siguiendo el mismo camino.
Las 6:15 de la tarde marcaron el momento en que Itzel Marisol Cervantes comprendió que se había extraviado. La vegetación selvática había creado una barrera visual que impedía localizar la carretera estatal 199. Los sonidos vehiculares se escuchaban difusos, sin una dirección clara identificable. Seltsing comenzó a mostrar signos de inquietud.
La niña de 3 años no comprendía por qué no regresaban al automóvil donde habían dejado sus pertenencias. Preguntaba repetidamente cuándo volvería su padre y cuándo llegarían a casa de su tía en San Cristóbal de las Casas. Itsel intentó mantener la calma mientras evaluaba las opciones disponibles. Su conocimiento sobre orientación en espacios naturales era limitado.
Había escuchado recomendaciones generales sobre permanecer en el lugar cuando uno se pierde, pero la situación específica de tener que cuidar a una niña pequeña complicaba cualquier estrategia de espera. La selva tropical de Chiapas presenta características que dificultan la orientación para personas sin experiencia.
La densidad de la vegetación puede alcanzar niveles donde la visibilidad se reduce a menos de 5 m en cualquier dirección. Los árboles de gran altura crean un dosel que filtra la luz solar, generando una iluminación uniforme que elimina las sombras direccionales. Durante los primeros 20 minutos de búsqueda, Itell intentó diferentes direcciones tratando de localizar algún sonido o referencia visual que la guiara de regreso a la carretera.
Cada intento la alejaba más de su punto de partida original. Celsing comenzó a llorar intermitentemente, expresando cansancio y confusión. A las 6:45 de la tarde, Itzel tomó la decisión de detenerse y evaluar su situación de manera más sistemática. Se encontraban en un área donde la vegetación era menos densa, lo que permitía mayor visibilidad horizontal.
Seltzin se sentó en el suelo cubierto de hojas mientras su madre intentaba identificar algún punto de referencia. El teléfono celular de Itel no tenía señal. La batería mostraba un 60% de carga, pero sin cobertura de reditivo no era útil para comunicarse o para utilizar aplicaciones de localización. Itzel decidió apagarlo para conservar la energía disponible.
La botella de agua que habían llevado contenía aproximadamente 300 ml. Itsel calculó que debía administrarla cuidadosamente, dando prioridad a las necesidades de Celtzin. La temperatura ambiental seguía siendo elevada pese al descenso gradual del Sol. A las 7:30 de la tarde, los sonidos de la selva comenzaron a cambiar.
Los ruidos diurnos de insectos y aves fueron sustituidos por los sonidos nocturnos característicos del ecosistema tropical. Celtzin se mostró asustada por los nuevos ruidos y se mantuvo muy cerca de su madre. Itzel decidió buscar un lugar donde pudieran pasar la noche de manera segura. Localizó un árbol de gran tamaño cuyas raíces formaban un espacio protegido del viento y la humedad nocturna.
La base del árbol estaba cubierta por hojas secas que proporcionarían cierto aislamiento del suelo. Durante esas primeras horas perdidas en la selva, Itzel no tenía conocimiento de que Oswaldo ya había iniciado su camino de regreso. El técnico en mantenimiento había localizado la gasolinera más cercana a las 6 de la tarde.
El encargado del establecimiento le había proporcionado el contacto de un servicio de grúas local. La grúa había sido despachada inmediatamente y se esperaba que llegara al sitio donde se encontraba el vehículo averiado. Aproximadamente a las 8 de la noche. Osdo regresaba caminando por la carretera, satisfecho de haber resuelto el problema mecánico y ansioso por reunirse con su familia.
A las 8:15 de la noche, Oswaldo llegó al lugar donde había dejado el automóvil. La grúa ya estaba en el sitio, pero el operador le informó que no había encontrado a ninguna persona junto al vehículo. Las puertas del Nissanzuru estaban cerradas con llave, tal como las había dejado. Osdo utilizó sus llaves para abrir elautomóvil.
En el interior encontró la mochila con la ropa de Itzel y Celszin, además de los pañales y algunos juguetes. No había señales de forcejeo o de situaciones violentas, simplemente no estaban. Osvaldo Abundio Villareal experimentó una mezcla de confusión y preocupación al no encontrar a Itsel y Seltzin junto al vehículo averiado.
Su primera hipótesis fue que habían conseguido transporte alternativo hacia San Cristóbal de las Casas. Quizás algún conocido había pasado por la carretera y les había ofrecido llevarlas a casa de la hermana de Itzel. El operador de la grúa sugirió que Oswaldo se comunicara telefónicamente con los familiares en San Cristóbal para verificar si madre e hija habían llegado por otros medios.
La señal telefónica en ese punto de la carretera era débil, pero funcional durante las primeras horas de la noche. Osaldo marcó el número de la hermana de Itzel. La mujer le confirmó que no habían llegado y que no había recibido ninguna llamada de su hermana durante toda la tarde. La preocupación en la voz de Osvaldo alertó inmediatamente a la familia sobre la gravedad de la situación.
A las 8:45 de la noche, Oswaldo decidió presentar el reporte correspondiente ante las autoridades. El operador de la grúa lo trasladó hasta la comandancia de la Guardia Nacional más cercana, ubicada en el kilómetro 85 de la carretera federal 190. El comandante de guardia recibió la denuncia de desaparición de Itsel Marisol Cervantes, de 21 años y su hija Seltin de 3 años.
Oswaldo proporcionó una descripción física detallada de ambas personas y explicó las circunstancias en las que las había dejado junto al vehículo averiado. Las primeras hipótesis de los investigadores se centraron en la posibilidad de que madre e hija hubieran aceptado ayuda de desconocidos. La carretera estatal 199 había registrado incidentes previos relacionados con robos a automovilistas varados.
Sin embargo, la ausencia de señales de violencia complicaba esta teoría. Durante las primeras horas de investigación, los agentes de la Guardia Nacional establecieron un perímetro de búsqueda en un radio de 5 km alrededor del punto donde se encontraba el vehículo averiado. Utilizaron linternas de alta potencia para revisar los márgenes de la carretera y las áreas de vegetación más accesibles.
A las 11 de la noche del 11 de septiembre se sumaron al operativo elementos de protección civil de Chiapas. Los equipos especializados en búsqueda y rescate consideraron la posibilidad de que las personas extraviadas hubieran intentado buscar ayuda por cuenta propia y se hubieran perdido en la vegetación selvática circundante.
El viernes 12 de septiembre, durante las primeras horas de la mañana, se amplió el operativo de búsqueda. Se solicitó apoyo de la policía estatal y se estableció un centro de comando temporal en el lugar donde había sido localizado el vehículo averiado. Los investigadores entrevistaron a Oswaldo Abundio Villareal de manera exhaustiva.
Revisaron su historial personal, sus antecedentes penales y su relación con Itzel. El técnico en mantenimiento no presentaba registros criminales y su versión de los hechos se mantuvo consistente durante todos los interrogatorios. La hermana de Itzel viajó desde San Cristóbal de las Casas para unirse a las labores de búsqueda.
Proporcionó información adicional sobre los hábitos y características de comportamiento de su hermana y su sobrina. Confirmó que Itzell no tenía experiencia en actividades al aire libre ni conocimientos sobre supervivencia. Durante el segundo día de búsqueda, los equipos de protección civil utilizaron perros rastreadores especializados en localización de personas.
Los animales fueron traídos desde Tuxla Gutiérrez y llegaron al área de operaciones aproximadamente a las 10 de la mañana del 12 de septiembre. Los perros rastreadores detectaron el rastro olfativo de Itzel y Celsin. La pista se dirigía hacia la vegetación del lado derecho de la carretera en dirección descendente hacia la cañada donde fluía el afluente del río Grijalba.
Los rastros se perdían aproximadamente a 50 m de la carretera en una zona de vegetación particularmente densa. Esta información modificó significativamente las hipótesis de investigación. La teoría del secuestro o el robo perdió relevancia. Los indicios apuntaban hacia una situación de extravío en la selva tropical.
Los equipos de búsqueda reorientaron sus esfuerzos hacia las técnicas especializadas de rastreo en espacios naturales. Sin embargo, la complejidad del terreno presentaba desafíos considerables. La vegetación selvática de esa región alcanza densidades que impiden el acceso de personas a pie en muchas áreas. Los desniveles abruptos y la presencia de corrientes de agua multiplican los riesgos para los equipos de búsqueda.
El sábado 13 de septiembre marcó el segundo día completo de búsqueda sin resultadospositivos. Las condiciones meteorológicas habían empeorado durante la noche anterior. Una precipitación ligera pero constante había caído entre las 2 y las 5 de la madrugada, incrementando la humedad del ambiente y dificultando las labores de rastreo.
Los perros, especializados en localización de personas perdieron el rastro olfativo debido a la lluvia. Los olores residuales que habían seguido el día anterior fueron diluidos por la humedad adicional. Los equipos caninos tuvieron que reiniciar el proceso de búsqueda desde el punto de partida original junto a la carretera.
El comandante del operativo, mayor Luis Alberto Hernández Solís, evaluó la situación durante una reunión matutina con todos los equipos participantes. La extensión del área de búsqueda había crecido exponencialmente. Si madre e hija habían continuado moviéndose durante los días previos, podrían encontrarse en un radio de hasta 10 km del punto de partida.
Protección Civil de Chiapas solicitó apoyo aéreo a la Fuerza Aérea Mexicana. Un helicóptero militar fue asignado al operativo y se esperaba su llegada durante las primeras horas de la tarde. La búsqueda aérea permitiría cubrir áreas extensas de vegetación selvática que resultaban inaccesibles para los equipos terrestres.
Osvaldo Abundio Villareal se mantuvo en el área de operaciones durante toda la búsqueda. Su estado emocional se había deteriorado progresivamente. Expresaba sentimientos de culpabilidad por haber dejado solas a Itzel y Celtzin. Repetía constantemente que debería haber esperado junto al vehículo hasta que llegara algún tipo de asistencia.
La familia de Itsel se había trasladado desde Tuxla Gutiérrez para acompañar las labores de búsqueda. Sus padres, hermanos y otros familiares establecieron un campamento improvisado cerca del centro de comando. Proporcionaban alimento y apoyo logístico a los equipos de rescate mientras mantenían vigilia permanente. Durante la tarde del 13 de septiembre, el helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana realizó vuelos de reconocimiento sobre la zona selvática.
Los pilotos utilizaron binoculares de alta potencia y cámaras telescópicas para escudriñar la vegetación desde diferentes altitudes. No se localizaron señales de presencia humana. Los médicos especialistas consultados por Protección Civil expresaron preocupación creciente sobre las condiciones de supervivencia.
Una niña de 3 años tiene reservas energéticas limitadas y requiere hidratación constante. Las temperaturas nocturnas en la selva chiapaneca pueden ser peligrosas para menores sin refugio adecuado. Las proyecciones médicas indicaban que Celtzin podría enfrentar problemas graves de deshidratación después del tercer día sin acceso a agua potable.
Itsel, pese a ser adulta, también estaría experimentando efectos significativos de la falta de hidratación y alimentación adecuadas. A las 6 de la tarde del 13 de septiembre, el comandante Hernández Solíss tomó la decisión de ampliar nuevamente el operativo. Se solicitaron equipos adicionales de búsqueda y rescate desde el Distrito Federal y desde el estado de Oaxaca.
También se gestionó el apoyo de drones especializados en reconocimiento de áreas naturales. La cobertura mediática del caso había comenzado a generar atención nacional. Reporteros de diferentes medios de comunicación llegaron al área de operaciones para documentar las labores de búsqueda. Las autoridades establecieron un protocolo de información para mantener actualizados a los medios sin interferir con las actividades de rescate.
Durante la noche del 13 al 14 de septiembre. Las temperaturas descendieron hasta los 11ºC. La humedad relativa se mantuvo por encima del 85%. Los especialistas en medicina de emergencia calcularon que estas condiciones representaban riesgo elevado de hipotermia para personas sin refugio apropiado.
Los equipos de búsqueda mantuvieron actividad las 24 horas. Se establecieron turnos rotativos que permitían cobertura continua del área de operaciones. Se utilizaron sistemas de iluminación portátil para continuar las labores durante las horas nocturnas, aunque con menor efectividad que durante el día.
Suscríbete al canal y deja tu like para seguir conociendo casos impactantes de la vida real. La madrugada del domingo 14 de septiembre representó un momento crítico para el operativo. Habían transcurrido 72 horas desde la desaparición de Itzel y Seltzin. Los pronósticos médicos sobre supervivencia se volvían cada vez más desfavorables, especialmente para la niña de 3 años.
El domingo 14 de septiembre a las 8 de la mañana llegaron al área de operaciones los drones especializados solicitados desde la Ciudad de México. Estos equipos aéreos no tripulados estaban equipados con cámaras de alta resolución y sensores térmicos capaces de detectar calor corporal humano bajo la vegetación selvática. El operador de drones, sargento técnicoRoberto Mendoza Castillo, había participado en múltiples operativos de búsqueda y rescate en diferentes regiones de México.
Su experiencia incluía localización de personas extraviadas en la Sierra Madre Oriental y en selvas tropicales de Veracruz y Tabasco. Los drones iniciaron vuelos sistemáticos de reconocimiento a las 9 de la mañana. El primer equipo se concentró en el área donde los perros rastreadores habían perdido el rastro olfativo.
El segundo dron exploró zonas más alejadas de la carretera, siguiendo el curso de la afluente del río Grijalba hacia el sur. Durante las primeras dos horas de vuelo, los sensores térmicos detectaron múltiples señales de calor. Sin embargo, todas correspondían a animales silvestres propios del ecosistema selvático. Los operadores podían distinguir entre firmas térmicas humanas y animales mediante el análisis del tamaño, la forma y los patrones de movimiento.
A las 11:30 de la mañana, el segundo dron detectó una anomalía térmica en un área localizada aproximadamente a 2,m5 del punto donde había sido encontrado el vehículo averiado. La señal presentaba características compatibles con presencia humana, pero la vegetación densa impedía confirmación visual directa.
El comandante Hernández Solíss dispuso el desplazamiento inmediato de un equipo terrestre especializado hacia las coordenadas proporcionadas por el drone. El grupo estaba integrado por seis elementos de protección civil con experiencia en rescate en selva tropical equipados con machetes, cuerdas de escalada y equipo médico básico. El acceso a la zona señalada por el drone requería descender por una pendiente empinada cubierta de vegetación.
Los rescatistas utilizaron técnicas de rapel para superar los desniveles más pronunciados. El terreno irregular y la humedad del suelo incrementaban significativamente la dificultad del desplazamiento. A las 12:45 de la tarde, el equipo terrestre logró llegar a las coordenadas indicadas. Localizaron rastros de presencia humana reciente, hojas aplastadas en patrones que sugerían que alguien había permanecido en esa área, restos de corteza de árbol que había sido removida posiblemente para buscar agua y pequeñas ramas organizadas de manera que podrían
haber servido como refugio improvisado. Sin embargo, no encontraron a las personas extraviadas en ese sitio. Los indicios sugerían que habían estado en el lugar durante algunas horas o posiblemente durante la noche anterior, pero se habían trasladado a otra ubicación. Los rastros se dirigían hacia el este, siguiendo aproximadamente el curso de un pequeño arroyo tributario.
El equipo de rescate siguió los rastros durante 40 minutos adicionales. La vegetación se volvía progresivamente más densa y el terreno más irregular. Los rescatistas mantenían comunicación constante por radio con el centro de comando, reportando su progreso cada 10 minutos. A la 1:25 de la tarde, los rescatistas escucharon sonidos que parecían ser voces humanas.
Se detuvieron inmediatamente e intentaron localizar el origen de los sonidos. Después de permanecer en silencio durante varios minutos, confirmaron que efectivamente se trataba de voces de personas, una de ellas claramente de una niña pequeña. El líder del equipo de rescate, teniente Mario Vázquez Hernández, utilizó un silvato para emitir señales acústicas estandarizadas de identificación de equipos de búsqueda.
Después de tres secuencias de silvato, recibió respuesta vocal desde una distancia aproximada de 50 m hacia el noreste. Los rescatistas se dirigieron hacia el origen de las voces, siguiendo protocolos establecidos para evitar asustar a las personas extraviadas. Gritaron identificándose como personal de protección civil y explicaron que venían a proporcionar ayuda médica y rescate.
A las 2:5 de la tarde del domingo 14 de septiembre, el equipo de rescate estableció contacto visual con Itsel Marisol Cervantes y su hija Celsin. Madre e hija se encontraban refugiadas bajo un árbol de gran tamaño, en una zona donde un pequeño arroyo formaba un charco de agua relativamente limpia. El teniente Mario Vázquez Hernández evaluó inmediatamente el estado de salud de Itsel y Seltzin.
Ambas se encontraban conscientes y capaces de comunicarse verbalmente, pero presentaban signos evidentes de deshidratación y debilitamiento físico. Itsel tenía dificultades para mantenerse en pie sin apoyo y Celsin mostraba letargo inusual para una niña de su edad. El equipo médico de emergencia del equipo de rescate procedió a realizar una evaluación preliminar.
La temperatura corporal de ambas personas estaba ligeramente por debajo de los valores normales. Sus pulsos eran rápidos pero regulares. Las mucosas presentaban sequedad característica de deshidratación moderada. Itsel explicó que habían logrado sobrevivir bebiendo agua del pequeño arroyo después de hervirla usando un encendedor que llevaba en su mochila y un recipienteimprovisado con hojas grandes.
También habían consumido algunas frutas silvestres que Itzel identificó como seguras basándose en información que recordaba de programas de televisión sobre supervivencia. Durante los tres días perdidas en la selva, madre e hija habían enfrentado temperaturas nocturnas que descendían considerablemente. Se habían refugiado bajo árboles de gran tamaño y habían utilizado hojas secas como aislamiento térmico rudimentario.
Celsin había llorado frecuentemente durante las noches debido al frío y los ruidos desconocidos del ecosistema selvático. El equipo de rescate estableció comunicación inmediata por radio con el centro de comando. El comandante Hernández Solís coordinó la preparación del helicóptero para realizar evacuación médica hacia el hospital regional de San Cristóbal de las Casas.
Las condiciones del terreno hacían impracticable el transporte terrestre hasta la carretera. A las 2:30 de la tarde, los paramédicos del equipo de rescate iniciaron el tratamiento de estabilización en el sitio. Administraron solución salina por vía oral en pequeñas cantidades, para comenzar el proceso de rehidratación gradual.
También proporcionaron mantas térmicas para elevar la temperatura corporal de ambas personas. Celzin respondió positivamente al tratamiento inicial. Su nivel de alerta mejoró después de recibir hidratación y calor. Preguntaba por su padre y expresaba deseo de regresar a casa. Los paramédicos consideraron que su estado general era estable pese al debilitamiento evidente causado por los días de privación.
Itsell describió los momentos más difíciles de su experiencia en la selva tropical chiapaneca. La primera noche había sido especialmente traumática debido a su completo desconocimiento del entorno selvático. Los sonidos nocturnos de animales silvestres le habían provocado terror constante. Había mantenido despierta a Celtzin durante parte de la noche por temor a posibles peligros.
El segundo día, Itzel había tomado la decisión de buscar agua potable siguiendo el sonido de corrientes de agua cercanas. Ese desplazamiento las había alejado aún más de la carretera, pero les había permitido acceder al arroyo que finalmente les proporcionó el recurso vital para su supervivencia durante los días siguientes.
Durante el tercer día, Itzel había escuchado repetidamente el sonido de helicóptero sobrevolando la zona. Había intentado crear señales visuales utilizando ropa de colores claros y movimientos amplios de brazos, pero la densidad de la vegetación superior impedía que fuera vista desde el aire por los equipos de búsqueda.
El cuarto día había sido el más crítico para ambas. Seltsin había comenzado a mostrar signos preocupantes de debilitamiento extremo. Itsel había tomado la decisión de continuar moviéndose hacia áreas donde pudieran ser más visibles para los equipos de búsqueda, pese al riesgo de alejarse más de su ubicación conocida.
A las 3 de la tarde del domingo 14 de septiembre, el helicóptero de la Guardia Nacional llegó a la zona de rescate. Las características del terreno impedían el aterrizaje directo, por lo que se utilizó una técnica de extracción mediante cabrestante. Los pilotos localizaron un claro en la vegetación, aproximadamente a 30 m del sitio donde se encontraban las personas rescatadas.
Los rescatistas prepararon a Itzel y Seltzin para la evacuación aérea. Utilizaron arneses especializados diseñados para transporte médico de emergencia. Celtzin fue asegurada junto con su madre en un solo arnés para evitar separarlas durante el proceso de extracción desde la selva. El proceso de evacuación requirió precisión técnica considerable.
El helicóptero se mantuvo en vuelo estacionario mientras el operador del cabrestante hizó cuidadosamente a las personas rescatadas. La operación se completó exitosamente en aproximadamente 8 minutos sin complicaciones adicionales. Durante el vuelo hacia San Cristóbal de las Casas, el personal médico aerotransportado continuó administrando tratamiento de estabilización.
monitorearon constantemente los signos vitales de ambas pacientes y mantuvieron comunicación con el hospital de destino para preparar la recepción médica especializada. A las 3:45 de la tarde, el helicóptero aterrizó en el elipuerto del hospital regional de San Cristóbal de las Casas. Un equipo médico completo esperaba para recibir a las pacientes.
Itsel y Seltzin fueron trasladadas inmediatamente al servicio de urgencias para evaluación médica exhaustiva. Osvaldo Abundio Villareal había sido trasladado al hospital previamente para estar presente durante la llegada de su familia. Su reacción al reencontrarse con Itzel y Celsin fue de alivio profundo y gratitud hacia los equipos de rescate.
Expresó que había experimentado los días más angustiantes de su vida durante la búsqueda. Los médicos del Hospital Regional de San Cristóbal de las Casassometieron a Itzel y Seltzin a estudios clínicos completos para evaluar su estado de salud después de 4 días de supervivencia en la selva tropical. Los resultados de laboratorio revelaron el verdadero antagonista de esta historia, las condiciones extremas del entorno natural chiapaneco.
El Dr. Fernando Ramírez Vidal, especialista en medicina de emergencia, explicó que la selva tropical presenta múltiples amenazas para la supervivencia humana. La deshidratación es el riesgo más inmediato, especialmente para menores de edad. La pérdida de líquidos corporales se acelera debido a la humedad elevada y las temperaturas fluctuantes del ecosistema selvático.
Itzel presentaba deshidratación moderada con pérdida aproximada del 7% de su peso corporal. Sus niveles de electrolitos estaban desequilibrados, particularmente sodio y potasio. Sin embargo, no había desarrollado complicaciones graves como insuficiencia renal o alteraciones cardíacas significativas que pusieran en riesgo su vida.
Celsin mostraba signos más pronunciados de deshidratación debido a su menor masa corporal y mayores requerimientos metabólicos proporcionales. Había perdido aproximadamente el 10% de su peso. Los médicos consideraron que se encontraba en el límite de la deshidratación severa, pero sin daño orgánico permanente.
Los análisis de sangre revelaron que ambas habían estado expuestas a múltiples microorganismos presentes en el agua de fuentes naturales. Sin embargo, el tiempo de exposición había sido insuficiente para desarrollar infecciones parasitarias o bacterianas graves. Se prescribió tratamiento preventivo con antibióticos de amplio espectro como medida precautoria.
El examen físico de Itzel y Celtzin documentó múltiples lesiones menores características de supervivencia en entorno selvático. Presentaban raspones y cortadas superficiales causados por ramas y espinas. Sus pies mostraban ampollas y abraciones por caminar descalzas durante periodos prolongados en terreno irregular.
La evaluación nutricional indicó que habían perdido peso significativo durante los 4 días. Itzel había reducido aproximadamente 4 kg, mientras que Celsin había perdido cerca de 2 kg. La pérdida de masa muscular era evidente, pero reversible con alimentación adecuada y tiempo de recuperación. El Dr. Ramírez explicó que la supervivencia de madre e hija había dependido de varios factores críticos.
Su decisión de permanecer cerca de una fuente de agua había sido fundamental. El acceso al arroyo les había proporcionado hidratación básica, aunque con riesgos asociados a la calidad del agua no tratada. Las condiciones meteorológicas durante esos 4 días habían sido relativamente favorables. Si hubiera ocurrido una tormenta tropical intensa o un descenso más pronunciado de temperatura, las probabilidades de supervivencia habrían disminuido considerablemente.
La época del año había sido un factor protector adicional para su supervivencia. El análisis médico también reveló que Itzell había tomado decisiones correctas pese a su falta de experiencia en supervivencia. Su instinto de buscar refugio bajo árboles grandes había proporcionado protección contra la exposición directa.
La decisión de racionar el consumo de agua había sido apropiada para las circunstancias. Los especialistas en medicina de montaña consultados por el hospital explicaron que la selva tropical de Chiapas presenta desafíos específicos para la supervivencia humana. La vegetación densa dificulta la orientación y la señalización hacia equipos de rescate.
Los desniveles abruptos multiplican el riesgo de lesiones por caídas. La fauna silvestre de la región incluye especies que pueden representar amenazas para humanos, aunque los encuentros directos son relativamente infrecuentes. Las víboras venenosas, los escorpiones y ciertos insectos portadores de enfermedades constituyen riesgos reales pero manejables con precauciones básicas adecuadas. El Dr.
Ramírez enfatizó que la edad de Celszin había sido el factor de riesgo más significativo durante toda la experiencia. Los menores de 5 años tienen reservas energéticas limitadas y pierden calor corporal más rápidamente que los adultos. Su supervivencia había dependido críticamente del cuidado y las decisiones de su madre.
Los estudios neurológicos realizados a ambas pacientes no revelaron daños cognitivos asociados a la deshidratación o la exposición prolongada. Celsin mostraba signos de estrés emocional comprensibles, pero su desarrollo neurológico no había sido afectado permanentemente por la experiencia traumática vivida en la selva.
El comandante Luis Alberto Hernández Solíss convocó una reunión de evaluación del operativo de búsqueda y rescate para analizar los factores que habían contribuido al éxito de la localización de ITsel y Celsin. La revisión técnica del caso proporcionaría información valiosa para mejorar protocolos futuros de rescate enentornos selváticos similares.
El análisis cronológico del operativo reveló que la decisión de incorporar drones con sensores térmicos había sido el factor decisivo para el éxito de la misión. Los métodos tradicionales de búsqueda terrestre y aérea con helicópteros tripulados habían resultado insuficientes debido a la densidad de la vegetación selvática de la zona.
El sargento técnico Roberto Mendoza Castillo presentó un informe detallado sobre el desempeño de los equipos de drones durante el operativo. Los sensores térmicos habían detectado las firmas de calor corporal humano en múltiples ocasiones, pero la mayoría correspondían a animales silvestres o a señales falsas generadas por condiciones ambientales.
La señal térmica que finalmente condujo al rescate había sido identificada durante el quinto vuelo de reconocimiento del domingo 14 de septiembre. Las características específicas de la firma térmica habían permitido a los operadores distinguirla de las señales animales, dos fuentes de calor próximas entre sí, con tamaños compatibles con un adulto y un menor.
Los perros rastreadores habían cumplido una función importante durante las primeras etapas del operativo. habían confirmado que Itzel y Celtzin efectivamente se habían adentrado en la vegetación selvática, descartando teorías alternativas como secuestro o traslado forzado en vehículos hacia otras ubicaciones.
El teniente Mario Vázquez Hernández elaboró un reporte sobre las técnicas de rescate en terreno selvático utilizadas durante la localización final. El acceso a la zona donde se encontraban las personas extraviadas había requerido equipamiento especializado y entrenamiento específico en descenso por pendientes pronunciadas.
La coordinación entre los diferentes organismos participantes había funcionado eficientemente sin conflictos jurisdiccionales. Protección Civil de Chiapas, Guardia Nacional, Policía Estatal y Fuerza Aérea Mexicana habían integrado un operativo conjunto sin conflictos de autoridad o duplicación de esfuerzos que pudiera haber el rescate.
El comandante Hernández identificó áreas de mejora para operativos futuros similares. La incorporación de drones especializados debería ocurrir durante las primeras horas de búsqueda, no después de dos días de métodos convencionales. Los sensores térmicos son más efectivos durante las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde.
Los médicos especialistas en rescate de montaña consultados durante el operativo proporcionaron recomendaciones para casos similares. El tiempo crítico para localización de menores extraviados en selva tropical es de 72 horas. Después de ese periodo, las probabilidades de supervivencia disminuyen exponencialmente. El análisis de costos del operativo reveló que se habían utilizado recursos considerables durante los 4 días de búsqueda.
Sin embargo, el comandante Hernández enfatizó que el valor de las vidas humanas rescatadas justificaba plenamente la inversión en personal, equipamiento y tiempo dedicado al operativo. Suscríbete al canal y deja tu like para seguir conociendo casos impactantes de la vida real. La investigación posterior al rescate incluyó entrevistas detalladas con Itzel sobre su experiencia de supervivencia en la selva.
Su testimonio proporcionó información valiosa sobre el comportamiento humano en situaciones de supervivencia extrema y las decisiones que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Itzel explicó que su mayor error había sido alejarse del vehículo averiado sin establecer un sistema de marcaje para encontrar el camino de regreso.
Su mayor acierto había sido localizar y permanecer cerca de una fuente de agua, priorizando la hidratación sobre otros aspectos como la búsqueda activa de rescate. Los especialistas en comportamiento humano que analizaron el caso destacaron la importancia del vínculo entre madre e hija para mantener la moral y la determinación durante la experiencia traumática.
El cuidado de Celsin había proporcionado a Itzel motivación adicional para tomar decisiones orientadas a la supervivencia. Las lecciones aprendidas durante este operativo fueron documentadas y distribuidas entre las academias de formación de personal especializado en búsqueda y rescate. El caso se convirtió en material de estudio para entrenar futuros rescatistas en técnicas de localización en entornos selváticos complejos.
El comandante Hernández concluyó que el éxito del operativo había dependido de la combinación de tecnología avanzada, coordinación interinstitucional eficiente, personal altamente capacitado y condiciones meteorológicas favorables. Todos estos factores habían confluido para permitir el rescate exitoso de madre e hija después de 4 días de supervivencia.
El lunes 15 de septiembre de 2014, Itzel Marisol Cervantes y su hija Celsin recibieron el alta médica del HospitalRegional de San Cristóbal de las Casas. Los estudios clínicos de control habían confirmado que ambas se habían recuperado completamente de los efectos de la deshidratación y el debilitamiento físico causado por su experiencia en la selva.
El Dr. Fernando Ramírez Vidal proporcionó recomendaciones médicas específicas para las semanas siguientes. Itsel y Celsin deberían mantener hidratación abundante durante los siguientes 10 días. Se prescribió alimentación gradual para evitar problemas digestivos asociados al retorno súbito, a la dieta normal después del periodo de privación alimentaria.
Los controles médicos posteriores no revelaron secuelas físicas permanentes en ninguna de las dos pacientes. Celtzin había recuperado su peso normal después de dos semanas de alimentación apropiada. Su desarrollo físico y cognitivo continuó sin alteraciones relacionadas con la experiencia de supervivencia en la selva tropical chiapaneca.
Itzel requirió seguimiento psicológico para procesar la experiencia traumática vivida durante los 4 días perdida en la selva. Sin embargo, no desarrolló trastornos de ansiedad severos ni fobias relacionadas con espacios naturales. Su recuperación emocional fue gradual, pero completa durante los meses siguientes al rescate.
Osvaldo Abundio Villareal expresó gratitud permanente hacia todos los organismos que participaron en el operativo de búsqueda y rescate. estableció contacto regular con varios de los rescatistas para mantenerlos informados sobre la recuperación progresiva de su familia y expresar su agradecimiento continuo. El miércoles 17 de septiembre de 2014, Itzell, Seltin y Oswaldo finalmente completaron el viaje que habían iniciado seis días antes.
Llegaron a casa de la hermana de Itzel en San Cristóbal de las Casas, donde fueron recibidos por toda la familia extendida que había participado activamente en las labores de búsqueda. La reunión familiar fue emotiva, pero contenida. Celtzin jugó normalmente con sus primos y no mostró signos evidentes de trauma por la experiencia vivida.
Itsel compartió detalles específicos de su supervivencia con sus familiares, enfatizando las lecciones aprendidas sobre la importancia de mantenerse junto al vehículo en caso de averías. El domingo 21 de septiembre, la familia regresó a Tuxla Gutiérrez utilizando transporte público en lugar del vehículo propio.
Osvaldo había decidido no utilizar su automóvil reparado hasta sentirse completamente confiado para manejar en carreteras rurales nuevamente sin experimentar ansiedad. Celsin reanudó sus actividades en el jardín de niños el lunes 22 de septiembre. Sus maestras reportaron comportamiento completamente normal y no observaron señales de trauma o ansiedad relacionadas con su experiencia en la selva.
La niña ocasionalmente mencionaba su aventura en el bosque, pero sin manifestar temor. Itzell retomó su trabajo en la oficina gubernamental de Tuxla Gutiérrez una semana después del rescate. Sus compañeros de trabajo la recibieron con beneplácito y expresaron admiración por su fortaleza durante la experiencia de supervivencia. Ella compartió reflexiones sobre la importancia de mantener la calma en emergencias.
El comandante Luis Alberto Hernández Solíss recibió reconocimiento oficial por la coordinación exitosa del operativo de rescate. Las técnicas utilizadas durante la búsqueda fueron incorporadas a los protocolos estándar de protección civil para casos de extravío en entornos selváticos similares en todo el territorio nacional. El caso de Itzel y Celzin se convirtió en referencia para estudios académicos sobre supervivencia humana en entornos tropicales.
Universidades especializadas en medicina de emergencia utilizaron su experiencia como material didáctico para entrenar futuros especialistas en medicina de emergencia y rescate. Un año después del incidente, la familia visitó nuevamente San Cristóbal de las Casas, esta vez sin contratiempos.
utilizaron la misma carretera estatal 199, pero con preparación adicional y múltiples medidas de seguridad preventivas, incluyendo comunicación satelital y provisiones de emergencia. El 25 de septiembre de 2014, exactamente dos semanas después del rescate, Protección Civil de Chiapas emitió un comunicado oficial cerrando formalmente el caso.
Las investigaciones confirmaron que se trató de un accidente fortuito sin negligencia criminal, resuelto exitosamente mediante la coordinación de múltiples organismos especializados. La historia de Itsel y Seltin demostró que incluso en las circunstancias más desafiantes, la combinación de decisiones correctas de supervivencia, determinación familiar y respuesta eficiente de servicios de emergencia puede resultar en desenlaces positivos que salvan vidas humanas. M.
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