1323 elementos de las fuerzas armadas federales desplegándose por Michoacán, 113 municipios en el estado, 113 municipios con presencia de crimen organizado, el cártel Jalisco Nueva Generación operando en 110 de esos 113 municipios. Michoacán enfrenta uno de los despliegues militares más grandes de su historia reciente.

 El operativo denominado Paricutín forma parte del plan Michoacán por la paz y la justicia. Estrategia implementada tras el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manso, ocurrido el primero de noviembre. Pero lo que realmente está en juego no es solo un operativo militar más. Es la batalla por recuperar un estado donde 17 organizaciones criminales diferentes operan simultáneamente, donde el CJNG tiene presencia en prácticamente todo el territorio, donde Cárteles Unidos controla 81 municipios y donde hay un municipio Patzingán con ocho

organizaciones criminales disputándose cada esquina. Un estudio realizado por Víctor Manuel Sánchez Valdés, especialista en seguridad pública, revela una realidad devastadora. En todos y cada uno de los 113 municipios de Michoacán opera al menos una organización criminal. No existe un solo municipio libre de presencia del crimen organizado.

 Hoy vamos a analizar por qué 1323 elementos militares enfrentan el desafío más complejo de la guerra contra el narcotráfico. Vamos a entender como 17 organizaciones han convertido Michoacán en el estado más disputado del país y vamos a hablar de por qué todos los operativos anteriores han fracasado. Porque cuando el CJNG opera en 110 de 113 municipios, no estamos hablando de presencia testimonial, estamos hablando de control territorial, de estructuras de mando consolidadas.

Y cuando hay municipios con ocho organizaciones criminales operando simultáneamente, el resultado es violencia constante, son enfrentamientos diarios, es población civil atrapada en medio del fuego cruzado. Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo, necesitamos hablar de números devastadores. 30 municipios tienen presencia de una sola organización criminal.

31 municipios enfrentan dos grupos simultáneamente. Otros 30 municipios lidian con tres organizaciones. Cinco municipios soportan cuatro grupos. Nueve municipios enfrentan cinco organizaciones. Cinco más tienen seis grupos diferentes. Dos municipios lidian con siete organizaciones y Patzingán, el epicentro de Tierra Caliente, presenta la combinación más compleja con ocho organizaciones criminales disputándose cada esquina.

 ocho organizaciones en un solo municipio. Eso es guerra permanente. Son enfrentamientos constantes entre grupos que se disputan territorio, eh rutas, puntos de venta. Es población civil viviendo literalmente en medio de un campo de batalla. Carlos Manso fue asesinado el primero de noviembre. Era el alcalde electo de Uruapan, uno de los municipios más estratégicos.

 Su ejecución fue un mensaje del crimen organizado, demostrando que pueden atacar a las autoridades más visibles sin consecuencias. Tres días después, la presidenta Claudia Shainbound anunció el plan Michoacán por la paz y la justicia. No es solo un operativo militar, es una estrategia que plantea tres ejes fundamentales: seguridad y justicia, desarrollo económico y educación y cultura para la paz.

 Pero la realidad es que Michoacán lleva casi dos décadas sumido en violencia criminal con operativos militares constantes que han fracasado. El 11 de diciembre de 2006, Felipe Calderón envió 6500 elementos a Michoacán. Fue el inicio oficial de la guerra contra el narcotráfico. Michoacán fue laboratorio. Las consecuencias aún se viven.

 Durante Peña Nieto se implementó otro plan Michoacán bajo Alfredo Castillo. Se logró capturas importantes, pero no se consiguió pacificar la entidad. López Obrador adoptó abrazos no balazos. Se implementaron programas sociales, pero la violencia no disminuyó. Los grupos criminales aprovecharon la menor presión militar para consolidar territorios.

 El plan Michoacán por la paz y la justicia es el intento más reciente y los 1323 elementos representan la apuesta por lograr lo que ningún operativo anterior ha conseguido en casi dos décadas. Ahora, déjenme explicarles quiénes son las organizaciones criminales que operan en Michoacán.

 La radiografía criminal es devastadora. 113 municipios. 113 municipios con presencia criminal. Ni uno libre. Patsingan ocho organizaciones simultáneas. El cártel Jalisco Nueva Generación, Los Viagras, el cártel de Tepalcatepec, la nueva familia michoacana, los blancos de Troya, el cártel de Cihuatlán, los Tena y el Cártel de la Virgen.

 Para la población de Patzingán esto significa vivir en guerra permanente, significa escuchar balaceras varias veces por semana. Después de Patzingán, la zona con mayor complejidad es la región aledaña Uruapan. Aquí operan seis cárteles diferentes. El CJNG, Los Caballeros Templarios, Los Blancos de Troya, Los Viagras, El Cártel de los Reyes y Pueblos Unidos.

Uruapan es estratégicamente vital, es el centro de la región aguacatera más productiva del mundo. Las extorsiones generan millones de pesos mensuales. Por eso seis organizaciones se disputan el control y por eso el alcalde Carlos Manso fue ejecutado. En Michoacán operan 17 organizaciones criminales diferentes.

 No son grupos aislados. Coexisten en una compleja trama de alianzas que cambian constantemente. Para los 1323 elementos desplegados, esta complejidad representa un desafío monumental porque no pueden enfocarse en desmantelar una sola organización. tienen que operar contra 17 grupos diferentes. Ahora, déjenme explicarles quiénes son las dos fuerzas criminales dominantes.

El cártel Jalisco Nueva Generación es la organización que concentra mayor poder y su presencia resulta abrumadora. opera en 110 de los 113 municipios del estado. 110 de 113, eso es control territorial masivo. Son estructuras de mando consolidadas, son redes de extorsión funcionando, son laboratorios produciendo drogas sintéticas.

 El CJNG opera con liderazgos regionales fuertes. Ramón Álvarez Ayala, conocido como el Runo, controla a Patzingán y Uruapan, William Erwin Rivera Padilla, alias el Barbas maneja Itácuaro. Jesús Rivera Guocido como Don Chui, controla Morelia. El CJNG controla el puerto de Lázaro Cárdenas o al menos tiene influencia significativa.

Esto les permite recibir precursores químicos desde Asia, fundamentales para producir fentanilo y metanfetaminas, y cobra extorsiones sistemáticas en la zona aguacatera, millones de pesos mensuales sin necesidad de traficar drogas. Haciéndole frente está el conglomerado conocido como Cárteles Unidos.

 No es una sola organización, sino una alianza de múltiples grupos michoacanos. Cárteles Unidos surgió específicamente para enfrentar al CJNG. Mantiene presencia en 81 de los 113 municipios. Los Viagras, bajo el liderazgo de Nicolás Sierra Santana, alias el Bordo, operan en 44 municipios, extorsionan agricultores de Limón y Aguacate, cobran piso a empresas mineras, producen drogaséticas.

El cártel de Tepalcatepec, fundado por Juan José Farías Álvarez, el abuelo, tiene presencia en 27 municipios. En 2019, el abuelo rompió con el mencho para establecer su propia estructura. Desde entonces disputa ferozmente al CJNG el control de tierra caliente. Los enfrentamientos más constantes ocurren entre el cártel de Tepalcatepec y el CJNG.

La nueva familia michoacana tiene presencia en 30 municipios, concentrándose en la parte este que hace frontera con Guerrero y el Estado de México. Los blancos de Troya surgieron como brazo armado de los Viagras, pero desarrollaron capacidad propia y se convirtieron en cártel independiente. Tienen presencia en 11 municipios.

 Los blancos de Troya son señalados como responsables del asesinato de Bernardo Bravo, líder de los productores de limón ocurrido en octubre de 2025. Bravo había denunciado públicamente las extorsiones. Su ejecución envió un mensaje claro, paga o muere. Esta superposición de presencia criminal significa que en la mayoría del Estado existen múltiples grupos disputándose territorio y cada superposición representa violencia y esa es la realidad que los 1323 elementos tienen que enfrentar.

 Para entender por qué 17 organizaciones se disputan Michoacán, necesitamos hablar de dinero, de miles de millones de pesos anuales. Michoacán es una máquina de hacer dinero con múltiples fuentes de ingresos, operando simultáneamente. Primero, el puerto de Lázaro Cárdenas. Es uno de los puertos más importantes de México.

 Entre los contenedores que traen mercancía legal llegan toneladas de precursores químicos para producir drogas sintéticas. El fentanilo es 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más potente que la morfina. Es la principal causa de muerte por sobredosis en Estados Unidos. Controlar el puerto vale miles de millones de dólares anuales.

 Segundo, la ubicación geográfica, Michoacán, Colinda con Colima, Jalisco y Guerrero. Esta ubicación convierte el estado en corredor ideal para mover drogas hacia Estados Unidos. Tercero, la industria del aguacate. Michoacán produce el 30% del aguacate mundial. Es una industria que genera cientos de millones de dólares en exportaciones y los grupos criminales se extorsionan sistemáticamente a productores.

 Los grandes productores pueden pagar hasta 200,000 pesos semanales, eso es 800,000 pesos mensuales, casi 10 millones de pesos anuales por un solo productor. Esta extorsión no requiere traficar drogas. Simplemente cobras cuotas semanales a productores que no tienen otra opción. Cuarto, las empresas mineras.

 Michoacán tiene yacimientos minerales valiosos y los grupos criminales cobran piso. Quinto, la producción de drogas sintéticas. Las zonas serranas son ideales para laboratorios clandestinos. Los laboratorios pueden producir cientos de kilogramos de metanfetamina semanalmente. Si un laboratorio produce 500 kg mensuales, estamos hablando de un valor de 10 millones de dólares en Estados Unidos por mes, por un solo laboratorio y hay docenas de laboratorios operando.

Por eso el CJNG ha invertido tan agresivamente en expandirse, porque controlar Michoacán significa controlar una máquina de hacer dinero, puerto para precursores químicos. laboratorios para producción, extorsión a productores, cobro de piso a mineras, rutas de tráfico, todo generando miles de millones de pesos anuales.

 Y esa es la guerra en la que los 1323 elementos acaban de entrar. El operativo Paricutín no es la primera intervención, es la más reciente de una larga serie de operativos que se remontan a casi dos décadas. El 11 de diciembre de 2006, Calderón envió 6,500 elementos. Fue el inicio oficial de la guerra contra el narcotráfico.

 Michoacán fue laboratorio. Las consecuencias aún se viven. Decenas de miles de personas perdieron la vida. Los grandes cárteles se fragmentaron en grupos más pequeños y violentos. Los grupos criminales se adaptaron. Cuando Calderón dejó la presidencia en 2012, Michoacán estaba más violento que cuando empezó. Durante Peña Nieto se implementó otro plan Michoacán bajo Alfredo Castillo.

 Se logró capturas importantes, pero nuevamente las capturas no desarticularon las organizaciones y la violencia no disminuyó. López Obrador adoptó abrazos no balazos. Se implementaron programas sociales, becas para jóvenes, proyectos productivos, pero la violencia no disminuyó. Los grupos aprovecharon la menor presión militar para consolidar territorios.

 El CJNG expandió agresivamente su presencia durante este periodo. Pasó de controlar algunas zonas a operar en 110 municipios. La actual administración había implementado un plan de 100 días para Tierra Caliente antes del asesinato de Carlos Manso, pero tampoco logró reducir la violencia y entonces ocurrió el asesinato del alcalde.

 Carlos Manso fue ejecutado el primero de noviembre. Tres días después, Shanbam anunció el plan Michoacán y el operativo Paricutín comenzó a desplegarse. El gobierno plantea que este operativo es diferente porque es una estrategia integral, seguridad y justicia, desarrollo económico y educación y cultura para la paz.

 Suena integral, suena como una estrategia que finalmente aprendió de los errores, pero enfrenta el mismo problema fundamental. 17 organizaciones criminales diferentes, operando simultáneamente en un territorio donde ya generan miles de millones de pesos anuales. 1323 elementos militares enfrentando una estructura criminal que tiene décadas construyéndose, que tiene redes de corrupción infiltradas, que tiene miles de sicarios operando.

 El desafío no es solo militar, es político, es económico, es social, es cultural. Necesitas recuperar control territorial. Pero también necesitas desarmar redes de corrupción, necesitas ofrecer alternativas económicas reales, necesitas reconstruir confianza en instituciones. Ese es el desafío que los 1323 elementos enfrentan en este momento.

 Los vehículos blindados recorren carreteras, los helicópteros sobrevuelan zonas de conflicto, los elementos establecen presencia en municipios que han estado bajo control criminal. Pero la pregunta permanece, ¿logrará este operativo lo que ningún operativo anterior ha conseguido en casi dos décadas? Calderón desplegó 6,500 elementos y fracasó.

 Peña Nieto implementó su plan Michoacán y fracasó. López Obrador intentó abrazos no balazos y fracasó. Todos fracasaron porque el problema es exponencialmente más complejo que la solución que se intentó. El plan Michoacán plantea una estrategia más integral, pero sigue enfrentando el mismo problema. 17 organizaciones criminales que ya controlan territorio, que ya generan miles de millones, que ya tienen estructuras consolidadas y 1323 elementos que tienen que lograr en meses lo que décadas de operativos no lograron. Para las comunidades de

Michoacán, este operativo representa otra promesa más, pero también representa escepticismo, porque ya han visto esto antes. Para los productores que pagan extorsiones, este operativo representa la posibilidad de finalmente trabajar sin pagar cuotas, pero también representa miedo de que si falla los grupos se cobrarán venganza.

 Recuperar Michoacán requiere más que presencia militar, requiere desarticular redes de corrupción, requiere ofrecer alternativas económicas reales, requiere reconstruir tejido social, requiere tiempo, años, no meses, presión sostenida, no operativos espectaculares que duran semanas y sobre todo requiere voluntad política que no ceda cuando los resultados tarden, que no declare victoria prematura.

Porque el CJNG seguirá operando en 110 municipios mientras haya dinero que ganar. Cárteles Unidos seguirá resistiendo mientras controle territorios valiosos. El operativo Paricutín marca un nuevo capítulo. Si logrará cumplir sus objetivos donde tantos han fallado, solo el tiempo lo dirá.

 Los 1323 elementos son la apuesta más reciente. La voluntad política está declarada. Los recursos están siendo invertidos. Ahora viene lo más difícil, ejecutar esa estrategia en territorio donde 17 organizaciones harán todo lo posible por mantener sus miles de millones en ganancias. Porque cuando el CJ opera en 110 municipios, no se retiran porque llegaron 13 militares.

 Se adaptan, se repliegan temporalmente, esperan y cuando baja la presión regresan. Y cuando hay municipios con ocho organizaciones operando simultáneamente, no se pacifican con operativos de 3 meses. Requieren presencia sostenida durante años. El plan Michoacán es la apuesta más reciente por recuperar el estado más disputado del país.

 Es una apuesta necesaria, es una apuesta que plantea estrategias más integrales, pero es también una apuesta contra 17 organizaciones que tienen décadas operando, que controlan 113 municipios, que generan miles de millones de pesos anuales, 1323 elementos contra 17 organizaciones, 113 municipios por recuperar, décadas de fracasos que superar.

 Porque la seguridad no se construye con un solo operativo, se construye con presión sostenida, con presencia constante, con voluntad política que no cede y con estrategias integrales. Y esa es la batalla que el plan Michoacán está a punto de liberar en el estado más disputado de México.