Este 25 de noviembre, fuerzas especiales desplegadas en la franja serrana entre Jiquilpan y Zaguayo ejecutaron uno de los operativos más contundentes del mes, la localización cerco y arrasamiento total de un campamento del CJ que operaba como punto de reunión, abastecimiento y redistribución de operadores dentro del corredor Michoacán, Jalisco.

 El resultado final, más de 45 sicarios neutralizados, estructuras destruidas, vehículos asegurados y el dominio completo de un punto que llevaba meses funcionando como base criminal. La operación comenzó horas antes del contacto directo, cuando unidades de inteligencia aérea detectaron actividad térmica anómala en una zona boscosa al oriente de Jiquilpan.

 Los drones especializados habían estado sobrevolando la región durante las últimas 48 horas debido a reportes sobre movimientos nocturnos, transporte de municiones y presencia de vehículos sin placas entrando por brechas laterales. El primer indicio claro apareció poco después de amanecer. En las cámaras térmicas se observaron múltiples firmas de calor concentradas en un claro rodeado de árboles densos.

No eran animales ni campamentos civiles. Las firmas se movían de forma organizada, con patrones propios de personal armado en actividad. Minutos más tarde, un dron táctico descendió a mayor detalle y confirmó lo que ya era evidente. Un campamento operativo del CJNG activo, lleno de movimiento interno y conectado mediante brechas que descendían hacia Jiquilpan, se extendían hacia Zaguayo y subían hacia Masamitla.

Desde arriba podían identificarse varias zonas. Zona central, una estructura grande cubierta con lona azul utilizada para reuniones y resguardo de operadores. Zona secundaria, dos estructuras metálicas improvisadas, posiblemente dormitorios y bodegas. Punto de vigilancia: una torre artesanal hecha de troncos con visibilidad parcial hacia la ladera sur. Área vehicular.

 Dos camionetas ocultas parcialmente bajo malla verde, además de una tercera unidad cubierta con ramas frescas. Perímetro ampliado. Movimiento de operadores en turnos revisando las brechas laterales. La actividad interna continua. A diferencia de campamentos de descanso. Aquí había tránsitos, rondines, transporte de cajas, revisiones de armamento y operadores saliendo y entrando entre las estructuras.

 Era un campamento activo, no improvisado. Para el CJNG, Shiquilpan es un punto crítico. Conecta rutas que llevan hacia la parte alta de Maamitla, brechas hacia Quitupan, accesos serranos a Zahuayo y caminos internos que cruzan hacia la zona de Villamar. Es un corredor natural para mover operadores entre estados, ocultar vehículos blindados artesanales, almacenar armamento, instalar campamentos temporales, montar puntos de vigilancia.

Operar en esta región permite controlar entradas hacia Michoacán y vigilar movimientos de fuerzas federales. Por eso, el CJNG suele instalar campamentos en zonas boscosas ocultas entre cerros, donde creen tener ventaja por el terreno, pero esta vez la tecnología térmica anuló por completo ese intento de ocultamiento.

 A las 6:51, el dron principal transmitió imágenes que confirmaron la magnitud del objetivo. más de 30 firmas de calor concentradas en la zona central y al menos otras 15 distribuidas en los alrededores. Además, se detectaron dos posibles tiradores vigilando desde elevaciones laterales, movimiento constante entre las estructuras, operadores manipulando cajas metálicas con forma de contenedores de munición, un par de operadores cargando mochilas que por la firma térmica contenían probablemente placas equipo metálico.

 El patrón térmico era claro. Se trataba de un punto de concentración criminal previo a movimientos mayores. Con la verificación completa desde el aire, el mando operativo ordenó a los murciélagos dividirse en tres escuadras. Escuadra alfa, entrada desde la parte baja, aprovechando una brecha que serpentea entre árboles altos y facilita un acercamiento silencioso. Escuadra Bravo.

Movimiento lateral por la ladera izquierda utilizando roca natural como cobertura. Esta posición dominaba una parte amplia del campamento. Escuadra delta, cierre superior. Tenían la misión de bloquear cualquier intento de escape hacia el norte, una ruta usada frecuentemente por operadores del Congersse entre cerros.

 La coordinación aérea terrestre fue inmediata. Mientras las unidades avanzaban por tierra, los drones mantuvieron seguimiento permanente de todos los movimientos internos del campamento. El dron térmico confirmó algo más. Varios operadores del SPOTNG estaban comenzando a reunirse en la estructura principal, posiblemente para recibir instrucciones o coordinar un movimiento.

 Ese tipo de concentración interna cuando ocurre es la oportunidad perfecta para iniciar un cerco. Desde arriba se apreciaba con claridad la distribución. En el centro, la lona azul, donde se concentraban entre 15 y 20 operadores. A los costados dos estructuras metálicas con más personal, descansando o revisando equipo. En la parte trasera del campamento, una zona oculta bajo árboles donde se encontraban las camionetas.

 Sobre la pendiente norte, dos operadores vigilando desde una elevación. En la brecha interna, movimiento continuo de operadores, llevando cajas, mochilas y objetos metálicos. Los drones térmicos detectaron firmas de calor en puntos que normalmente no contienen actividad animal. Movimiento lineal repetitivo, organizado. Era confirmación absoluta.

 A las 7:23 las tres escuadras estaban posicionadas. El dron aéreo mostró que la estructura principal seguía llena de operadores. Ese momento era crítico. Si se esperaba más, los criminales podían comenzar a dispersarse entre la vegetación. El mando dio la orden. Los murciélagos iniciaron el avance final. Alfa desde el frente, Bravo desde la izquierda, Delta sellando la salida norte.

 El campamento aún no había detectado la presencia federal. Los operadores seguían reuniéndose en la zona central mientras otros caminaban sin prisa en la periferia. Estaban confiados. Creían que la profundidad del bosque los protegía, pero los drones térmicos desde el aire habían eliminado esa ventaja horas antes. En cuestión de minutos, el cerco quedó completamente cerrado.

 El campamento del CJNG estaba atrapado entre roca, vegetación y tres flancos controlados por murciélagos. Con el campamento completamente encapsulado por las tres escuadras de murciélagos, comenzó la fase decisiva del operativo, la irrupción simultánea. Los drones térmicos desde arriba mantenían seguimiento continuo de cada operador criminal.

 Mientras más tiempo pasaba, más clara se volvía la estructura interna del campamento. Movimientos erráticos, operadores agrupados sin orden y vigilantes que desde sus elevaciones improvisadas no detectaban absolutamente nada. A las 7:29, el mando táctico autorizó la entrada. La escuadra alfa avanzó por la brecha frontal, moviéndose entre árboles altos y utilizando la densa vegetación para mantenerse fuera de la vista de los operadores criminales.

 La escuadra Bravo descendió desde la ladera izquierda aprovechando rocas grandes y troncos caídos que cubrían su avance. Delta desde el norte bloqueó por completo el sendero que conducía hacia rutas de escape tradicionales del CJNG. El campamento quedó atrapado entre tres frentes federales y un cuarto flanco cubierto por vegetación espesa.

 No había salida. El primer punto de ruptura ocurrió en la zona de vigilancia. Los operadores criminales, que estaban apostados en un punto elevado, intentaron bajar al detectar movimiento en la vegetación. Los drones térmicos los habían marcado desde antes, por lo que murciélagos ya tenía información precisa sobre su posición.

 En menos de segundos, ese punto de vigilancia quedó neutralizado. Sin vigilancia en altura, el campamento quedó completamente expuesto. Desde la estructura central, la lona azul, se vio movimiento acelerado. Los operadores comenzaron a dispersarse tratando de buscar sus armas y ubicarse detrás de las estructuras metálicas, pero ya era demasiado tarde.

Murciélagos tenía posiciones dominantes en dos flancos y Alfa avanzaba con precisión por la brecha frontal. El terreno jugó totalmente a favor de las fuerzas especiales. La zona estaba cubierta por árboles gruesos y rocas prominentes que permitían avanzar sin quedar expuestos. En cambio, el campamento estaba ubicado en un claro amplio, sin cobertura real, pensado para comodidad interna, no para resistir un cerco.

 Cuando la escuadra alfa entró en rango visual del campamento, los drones confirmaron lo esperado. Al menos 20 operadores criminales seguían concentrados en la estructura central. Al percibir el movimiento federal, intentaron salir en todas las direcciones, pero sus rutas estaban bloqueadas. La escuadra Bravo descendió directamente hacia ese punto, cerrando la posibilidad de huida hacia el lado izquierdo.

 Delta mantenía control sobre la salida norte, impidiendo que los operadores escaparan hacia zonas boscosas más profundas. Varios sicarios intentaron usar las estructuras metálicas como cobertura, pero eran construcciones ligeras, sin blindaje ni protección real. Los murciélagos avanzaron con precisión, aprovechando el terreno elevado para mantener visibilidad completa.

 Fue en ese momento cuando el campamento empezó a desmoronarse. La estructura central dejó de ser punto de reunión y se convirtió en una jaula improvisada donde los operadores criminales quedaban completamente expuestos. Mientras el campamento colapsaba, la zona de vehículo se convirtió en el segundo punto crítico.

 Los drones térmicos detectaron que varios criminales intentaban subirse a las camionetas cubiertas con malla verde. Su objetivo era, claro, romper el cerco acelerando entre la vegetación, pero esa maniobra fracasó de inmediato. Los vehículos estaban rodeados de terreno blando, ramas gruesas y troncos que hacían imposible un escape rápido.

 intentaron encender motores, pero al no tener espacio para maniobrar, las unidades se quedaron inmóviles. La escuadra Delta descendió hacia esa zona y clausuró cualquier intento de salida vehicular. El campamento estaba oficialmente dividido en dos. Zona central donde seguían concentrados la mayoría de los operadores, zona vehicular donde algunos intentaron escapar sin éxito.

 Ese fraccionamiento hizo imposible cualquier reorganización criminal. Mientras Alfa y Bravo controlaban la parte frontal y lateral izquierda, la ladera derecha se convirtió en la última esperanza de escape para el CJNG. Esa zona conecta con senderos estrechos que suben hacia zonas de cultivo y algunas brechas secundarias usadas para esconder equipo.

Los drones térmicos detectaron movimiento, al menos 10 operadores criminales intentando subir entre árboles y raíces usando la pendiente como única vía de escape. La escuadra Bravo, desde una posición elevada, mantenía visibilidad clara sobre ese punto. La pendiente era abrupta, resbalosa y llena de vegetación espesa.

No era un terreno adecuado para una retirada rápida. Los operadores comenzaron a perder equilibrio, resbalar, tropezar y quedar atrapados entre árboles. El intento de escape se desmoronó en cuestión de minutos. Una vez neutralizadas las rutas laterales, la atención se concentró nuevamente en el centro del campamento.

 Los drones térmicos confirmaron que las firmas de calor se distribuían sin orden. Operadores escondidos detrás de troncos, otros dentro de las estructuras metálicas. Algunos intentando moverse hacia las camionetas que ya estaban rodeadas. Los murciélagos avanzaron con precisión, cerrando el espacio metro a metro.

 El campamento, originalmente diseñado para funcionar como punto de descanso y abastecimiento, quedó convertido en una trampa perfecta. Mucho espacio abierto, pocas rutas de escape y sin cobertura real. El cerco finalizó cuando Alfa, Bravo y Delta convergieron en el punto central asegurando toda el área.

 El dron confirmaba en tiempo real la reducción completa del campamento. En ese momento, el centro de mando ordenó el aseguramiento de estructuras, vehículos y evidencia. Con el campamento completamente controlado, comenzó la fase final del operativo, el aseguramiento de estructuras, conteo de operadores neutralizados y revisión de todo el material que el CJNG había acumulado en esa zona serrana de Jiquilpan.

 Los drones térmicos mantuvieron vigilancia aérea mientras murciélagos avanzaba por áreas previamente despejadas, verificando que no quedara ningún operador escondido en la vegetación. La magnitud del objetivo quedó clara en cuanto se ingresó a las estructuras centrales. Bajo la lona azul se encontraron mochilas con cargadores, placas balísticas sueltas, equipo táctico, radios portátiles y restos de comida que demostraban que el campamento llevaba varios días en uso continuo.

Sobre una mesa improvisada había mapas impresos de la región, brechas marcadas con plumón y anotaciones que correspondían a rutas internas entre Jiquilpan, Quitupán y la zona serrana que conduce hacia Maamitla. En el área de dormitorios se localizaron más indicios, hamacas, colchonetas, mochilas abiertas con ropa táctica, cajas de munición a medio vaciar y baterías para radios.

 Había evidencia de que parte del personal ingresaba de noche y salía al amanecer para evitar detección. Pero la actividad térmica había sido suficiente para revelar el campamento completo. El área vehicular mostró el siguiente punto crítico del campamento. Las dos camionetas cubiertas con malla verde tenían modificaciones básicas: barras metálicas reforzadas, soportes internos para armas largas y compartimentos ocultos a los costados.

 La tercera unidad semienterrada entre ramas tenía acumulación de tierra en neumáticos, indicio de movimientos recientes por brechas serranas. Los murciélagos procedieron al aseguramiento de todas las unidades mientras los drones marcaban cualquier firma térmica rezagada. No se detectó movimiento adicional.

 El campamento estaba completamente neutralizado. Una vez asegurada el área, comenzó el registro. La cifra total confirmada superó los 45 operadores neutralizados distribuidos entre postric, zona central del campamento, estructura metálica posterior, brecha derecha donde intentaron escapar, punto vehicular y el acceso norte asegurado por la escuadra delta.

 La cifra exacta era relevante no solo por el número, sino por el tipo de personal involucrado. Varios portaban chalecos con insignias del CJ, radios codificados y equipo que suele utilizarse en zonas donde el cártel controla rutas internas entre estados. El hallazgo más importante se encontraba en la estructura metálica mayor, un compartimento con cajas marcadas que contenían fusiles AK47, AR15, casi un centenar de cargadores, miras económicas y cuatro rifles de mayor calibre envueltos en mantas.

 Cada uno de ellos estaba etiquetado por colores, siguiendo un sistema de identificación que el CJNG usa en operaciones de rotación. Además, se aseguraron mochilas con más de 10,000 cartuchos, radios con programación interna, chalecos con placas de nivel avanzado, uniformes tácticos, documentación con nombres clave y horarios de movimiento, teléfonos con aplicaciones cerradas, listas de rutas internas, todo se trasladó a la base operativa para su análisis.

 La caída de este campamento representó un golpe directo para la estructura del CJNG en la zona. Jikilpan no es un punto cualquiera, es un corredor histórico donde se conectan múltiples rutas usadas para mover personal entre Michoacán y Jalisco. Este campamento, por su tamaño y actividad, estaba funcionando como punto de descanso y rotación de operadores, abastecimiento logístico, resguardo de vehículos y preparación de movimientos mayores hacia brechas internas.

 Desmantelarlo en una sola operación dejó al CONG sin un punto clave en la sierra y obligó a sus operadores a reorganizarse en zonas más expuestas. Además, la rapidez del operativo envió un mensaje directo. La cobertura que el cártel creía tener en zonas boscosas de Jiquilpan quedó anulada por completo gracias a los drones térmicos y al avance coordinado de murciélagos.

 Con el campamento asegurado y el material trasladado, los murciélagos finalizaron el operativo con dominio total de la zona. La región quedó bajo control. La actividad criminal se interrumpió de inmediato y las rutas que conectan hacia Quitupan, Villamar y Zuayo quedaron vigiladas durante el resto del día para impedir que operadores del CJNG intentaran reagruparse.

 Los más de 45 operadores neutralizados, los vehículos asegurados y la destrucción completa de las estructuras del campamento marcaron un precedente. Jikilpan ya no era un punto seguro para esconder campamentos improvisados. El operativo dejó claro que la vigilancia aérea convierte cualquier brecha serrana en un punto visible.

 Los campamentos, por grandes que sean, pueden quedar encapsulados en minutos y los murciélagos mantienen capacidad de irupción rápida, incluso en zonas cerradas por vegetación densa. El mensaje fue evidente. Cualquier campamento que el CJNG intente establecer en esta franja de Michoacán será detectado, cercado y neutralizado.