Alpinista sumiu em Málaga em 1995 5 anos depois descoberto em caverna profunda, irreconhecível  

 

 

Rafael Tabázre cerró la maleta con un click metálico que resonó en el dormitorio silencioso. Era 14 de marzo de 1995 y el amanecer apenas comenzaba a iluminar las calles de Sao Paulo. Mariana lo observaba desde la cama con los ojos hinchados de una noche sin dormir. “Tienes todo”, preguntó ella, aunque sabía la respuesta.

 Rafael había revisado su equipo tres veces la noche anterior. Todo listo. Cuerda, mosquetones, casco, la Nikon nueva. Rafael sonrió, pero Mariana notó que no llegaba a sus ojos. Él sabía que ella odiaba estas expediciones solitarias. Papá, papá. Sofía irrumpió en el cuarto, su pijama de Minnie Mouse arrugado, el cabello negro enmarañado. Ya te vas.

Rafael la levantó en brazos, girándola en el aire como hacía cada mañana. Mi princesa, papá vuelve en dos semanas. ¿Me esperas despierta? Siempre. Sofia enterró su rostro en el cuello de su padre. Tenía 8 años y ya había aprendido a odiar las despedidas. El taxi llegó a las 6 de la mañana.

 En el aeropuerto de Guarulios, Rafael abrazó a Mariana con una intensidad diferente, como si quisiera memorizar cada detalle. “Te amo”, susurró en su oído. “Cuida de nuestra niña, Rafael. ¿Hay algo?” No sé, tengo un presentimiento extraño. Mariana apretó sus manos. No puedes posponer este viaje. Ya pagué todo, amor. Es solo Málaga, no el Everest.

 Dos semanas de escaladas tranquilas, fotos bonitas y vuelvo. Besó su frente. Nada puede salir mal. El vuelo 825 de Iberia despegó a las 10:30 am con destino a Madrid, conexión a Málaga. Rafael ocupaba el asiento 23a junto a la ventanilla. Durante las 11 horas de viaje escribió en su diario de cuero marrón, el mismo que Mariana le había regalado en su cumpleaños número 30.

 15 de marzo, Madrid. El paisaje desde el avión es increíble. Europa se ve tan antigua, tan llena de historia. En unas horas estaré en Málaga. He investigado sobre Sierra de las Nieves. Dicen que hay formaciones rocosas vírgenes, lugares donde ningún brasileño ha escalado. Quiero ser el primero. Málaga lo recibió con un sol mediterráneo que contrastaba brutalmente con el invierno paulista que acababa de dejar.

 El hotel Catalonia en pleno centro histórico sería su base. La recepcionista, una mujer andaluza de unos 50 años llamada Carmen, le entregó la llave de la habitación 304. ¿Viene por negocios?, preguntó Carmen mientras procesaba su pasaporte brasileño. Alpinismo, voy a Sierra de las Nieves. Carmen frunció el ceño. Tenga cuidado allá arriba.

 Esas montañas son traicioneras. El mes pasado un grupo alemán se perdió por 6 horas. La niebla baja de repente y no ves ni tu propia mano. Tengo experiencia. He escalado en Pedra Davia, en Pico da Neblina. Brasil tiene montañas difíciles también. Sí, pero estas son viejas, señor Tabares, muy viejas y tienen secretos.

 Carmen le devolvió el pasaporte. Si va solo, avise siempre a alguien dónde estará. Rafael pasó los siguientes dos días reconociendo el terreno. Compróficos en una tienda de deportes. Habló con guías locales. Visitó el Centro de Información Turística. El 17 de marzo llamó a Mariana desde el teléfono público del hotel.

 ¿Cómo está mi princesa? preguntando por ti cada 5co minutos. La voz de Mariana sonaba cansada. ¿Cuándo empiezas a escalar? Mañana. Hay una ruta que me recomendó un viejo aquí en un bar. Antonio se llama. Dice que hay una zona poco explorada con formaciones calizas espectaculares. Puedo sacar fotos increíbles. Rafael, por favor, ten cuidado.

 Irá solo, amor, siempre voy solo. Es mi manera de conectar con la montaña, pero llevo radio, GPS, bengalas. No pasará nada. Te amo. Vuelve pronto. Te amo más. Esa fue la última conversación entre Rafael y Mariana Tabárez. La última vez que su voz viajó miles de kilómetros desde las montañas españolas hasta el apartamento en San Paulo, donde Sofía esperaba dibujando montañas en su cuaderno de escuela.

 El 18 de marzo de 1995 a las 6:47 a, Rafael Tabáz salió del Hotel Catalonia con su mochila de ut roja, su casco amarillo, 150 m de cuerda, su cámara Nikon, 6 L de agua, barras energéticas, su diario y el reloj Omega que Mariana le había regalado en su quinto aniversario de bodas. La inscripción en la parte trasera decía para Rafael con amor MT 1990.

Carmen lo vio partir desde la recepción. Que tenga un buen día, señor Tabaráz. Gracias, Carmen. Volveré al anochecer. Pero Rafael Tabárez no volvería al anochecer, ni al día siguiente, ni nunca más al Hotel Catalonia. Las montañas de Sierra de las Nieves lo estaban esperando y en sus profundidades ocultas un destino que nadie, ni siquiera el experimentado alpinista brasileño, podía imaginar.

 Mariana Tabázre sintió que algo estaba mal cuando el teléfono no sonó el 19 de marzo. Rafael siempre llamaba cada dos días sin falta. Era su ritual, su manera de mantener el vínculo con casa mientras exploraba montañas en países lejanos. Mamá, papá no llamó hoy.Sofia dejó su plato de cereal sin terminar. Era martes, día de escuela, pero la niña no quería moverse de al lado del teléfono.

 Debe estar ocupado, mi amor. Tal vez la escalada tomó más tiempo de lo planeado. Mariana intentó sonar tranquila, pero sus manos temblaban mientras preparaba el café. El 20 de marzo, después de 48 horas sin noticias, Mariana llamó al hotel Catalonia. Su portugués, mezclado con un español torpe aprendido en cursos nocturnos, apenas se entendía.

 Pero Carmen captó la desesperación en su voz. Señora, su esposo salió el día 18 en la mañana. Dijo que volvería al anochecer, pero no regresó. Su habitación sigue intacta. Su maleta, su ropa, todo está aquí. ¿Cómo que no regresó? Y nadie hizo nada. Mariana gritó al teléfono despertando a Sofía que dormía en el sofá. Lo esperamos el día 19.

 Pensamos que había decidido quedarse más tiempo en la montaña, pero hoy en la mañana llamé a la Guardia Civil. Señora Tabárez, van a comenzar una búsqueda. Roberto Méndez, hermano menor de Rafael, llegó al apartamento de San Paulo dos horas después de la llamada. Encontró a Mariana Histérica marcando números de embajadas, consulados, policía internacional.

 Mari, tranquila, Rafael conoce las montañas, él va a aparecer. Roberto intentó abrazarla, pero ella se apartó. Hace tres días, Roberto. Tres días sin saber nada de él. En Málaga, el capitán Miguel Ortega de la Guardia Civil coordinaba el operativo de búsqueda. 43 años en el cuerpo, 20 de ellos en rescates de montaña le habían enseñado que las primeras 72 horas eran cruciales.

 ¿Qué sabemos?, preguntó a su equipo en la comisaría del centro. Rafael Tabárez, brasileño, 34 años, alpinista experimentado. Salió del hotel el 18 de marzo a las 6:47 a. La recepcionista dice que mencionó Sierra de las Nieves, pero no especificó la ruta exacta. El oficial Ramírez leyó de su libreta. ¿Alguien más lo vio? Sí, Antonio Ruiz, dueño del bar Mediterráneo.

 Dice que habló con el brasileño dos noches antes. Le recomendó una zona poco conocida hacia el norte de la sierra, cerca de las formaciones calizas antiguas. Ortega cerró los ojos. Conocía esa zona. Terreno irregular, lleno de grietas ocultas bajo la vegetación. Sistemas de cuevas no mapeadas. Necesitamos helicóptero y perros.

 Ahora, el 21 de marzo, 56 efectivos de la Guardia Civil, 18 voluntarios del club de montaña de Málaga, tres helicópteros y ocho perros rastreadores iniciaron la búsqueda más grande de la provincia en 5 años. Mariana y Roberto llegaron a Málaga el 22 de marzo en un vuelo de emergencia. No tenían dinero para hoteles caros, así que Carmen les ofreció una habitación pequeña en el tercer piso del Catalonia sin cobrarles.

 Encontrarán a su esposo, señora. La Guardia Civil es muy buena en estos casos. Carmen le sirvió té caliente, pero Mariana no podía beber nada. No había comido en tres días. ¿Puedo ver su habitación?, preguntó Mariana, la de Rafael. La habitación 304 era un santuario congelado en el tiempo. La maleta abierta mostraba camisas dobladas con el cuidado meticuloso que Rafael siempre tenía.

 Su cepillo de dientes junto al lavabo. Una foto de Sofía sobre la mesita de noche, el libro que estaba leyendo Escaladas legendarias de Europa con un marcador en la página 147. Mariana se dejó caer en la cama y lloró como no había llorado en su vida. Roberto encontró algo en el escritorio, una carta a medio escribir. Mari, mira esto, amor.

 Mañana comienzo la escalada que te comenté. Antonio me mostró en el mapa un lugar increíble. Dice que hay una cueva antigua, posiblemente con pinturas rupestres que nadie ha documentado oficialmente. Imagina ser el primero en fotografiarla. Sé que te preocupas, pero esto es seguro. Te amo. Dale un beso a La carta terminaba ahí, inconclusa.

 El Capitán Ortega los visitó esa noche en el hotel. Su rostro curtido por el sol y las preocupaciones no auguraba buenas noticias. Señora Tabárez, hemos peinado un radio de 20 km desde el punto más probable donde su esposo comenzó la escalada. Los perros no han encontrado rastro. El helicóptero no ha detectado señales de ropa brillante o equipamiento.

 ¿Qué significa eso? Mariana ya conocía la respuesta, pero necesitaba oírla. Significa que si su esposo tuvo un accidente, fue en un lugar muy escondido, posiblemente una grieta profunda o dentro de alguna cavidad. Sierra de las nieves tiene cientos de cuevas no mapeadas. Algunas tienen entradas ocultas por vegetación o rocas.

Entonces, sigan buscando. Busquen en cada cueva. Roberto se levantó furioso. Señor Méndez, tenemos recursos limitados. Ya llevamos 4 días. La probabilidad de supervivencia después de 72 horas en montaña, sin agua ni comida es, “No me hable de probabilidades, es mi hermano.” Ortega suspiró. Entiendo su dolor.

 Seguiremos buscando una semana más, pero debo ser honesto con ustedes. Si no lo encontramos en esetiempo, tendré que clasificar esto como desaparición sin resolver. Los días en Málaga se convirtieron en una pesadilla de repeticiones. Mariana se levantaba a las 5 de la mañana, incapaz de dormir, y caminaba hasta la comisaría de la guardia Civil para exigir actualizaciones.

 Roberto la acompañaba traduciendo cuando su español fallaba, sosteniéndola cuando sus piernas no podían más. “Señora Tabáes, hoy revisaremos el sector este es el último cuadrante que nos falta.” El oficial Ramírez mostraba mapas con áreas marcadas en rojo, verde, amarillo. Cada color significaba algo, buscado, descartado, pendiente.

 Y las cuevas han entrado en todas las cuevas. Mariana señalaba el mapa con dedos temblorosos. En las que conocemos, sí, pero hay muchas sin registrar. Necesitaríamos espeleólogos especializados, equipo técnico, permisos especiales. Eso toma tiempo. No tenemos tiempo. Mi esposo puede estar ahí abajo, herido, esperando ayuda.

 El capitán Ortega entró en la sala con expresión sombría. Señora Tabárez, necesito hablar con usted. En su oficina, Ortega cerró la puerta. Han pasado 12 días. He recibido órdenes de la central. Debo reducir el operativo. Tres helicópteros cuestan dinero que la provincia no tiene. Los voluntarios tienen que volver a sus trabajos.

 No, no puede hacer esto. Mariana se levantó las lágrimas corriendo por su rostro. Mi esposo está vivo. Lo sé. Una esposa sabe estas cosas. Entiendo lo que siente, créame. En 22 años he visto casos así, pero la realidad es que después de 12 días sin agua, sin comida, expuesto a temperaturas nocturnas de 5 gr, Ortega no terminó la frase.

 Entonces está diciendo que mi esposo está muerto. Estoy diciendo que debemos ser realistas. Mantendremos una búsqueda reducida dos semanas más, pero el operativo grande termina hoy. Roberto tuvo que sujetar a Mariana cuando salieron de la comisaría. Ella gritaba en portugués, en español, en una mezcla desesperada de ambos idiomas.

 La gente en la calle se detenía a mirar, algunos con lástima, otros con curiosidad morbosa. En Sao Paulo, Sofia vivía con la abuela materna. La escuela le había dado permiso de faltar indefinidamente. La niña había dejado de hablar. Pasaba horas mirando la foto de su padre en el altar improvisado que la abuela había montado en la sala, rodeado de velas y oraciones.

 Sofía, mi niña, tienes que comer algo. La abuela intentaba darle sopa, pero la niña rechazaba cada cucharada. Papá va a volver. Él prometió. Era lo único que Sofía decía, como un mantra, una oración desesperada. Mariana llamaba cada noche, aunque no tenía noticias. Mi amor, mamá está haciendo todo lo posible. Papá es fuerte. Él va a regresar a casa.

 Pero en su corazón, Mariana comenzaba a sentir el peso aplastante de la verdad, las miradas de piedad de Carmen en el hotel, el tono cada vez más distante de los oficiales, la manera en que Roberto evitaba hablar del futuro. La tercera semana, un periodista del diario Sur de Málaga publicó la historia. Alpinista brasileño desaparecido en Sierra de las Nieves.

Familia mantiene esperanza. El artículo incluía una foto de Rafael sonriente tomada de su pasaporte y otra de Mariana llorando frente a las montañas. La publicación trajo una oleada de atención. Turistas brasileños en España se movilizaron. La embajada de Brasil en Madrid finalmente respondió. Grupos de voluntarios ofrecieron ayuda, pero también trajo especuladores, gente que deseaba haber visto a Rafael en bares de la costa o que aseguraba que había huido voluntariamente.

“Señora, yo vi a un hombre parecido a su esposo en Nerja hace tres días.” Una mujer llamó al hotel su voz rasposa de fumadora. ¿Estás segura? ¿Cómo era? alto moreno con acento extranjero. Estaba en un restaurante con una mujer rubia. Mariana y Roberto condujeron 2s horas hasta Nerja persiguiendo esa pista fantasma.

 El restaurante no tenía registro de ningún brasileño. El dueño ni siquiera recordaba a la pareja que la mujer describía. Mari, estas personas son crueles. Se alimentan del dolor ajeno. Roberto manejaba de vuelta a Málaga furioso. No me importa si hay una posibilidad en mil de que sea verdad. La seguiré.

 En la sexta semana, el capitán Ortega citó oficialmente a Mariana en su oficina. Señora Tabárez, lamento informarle que debemos clasificar el caso de su esposo como desaparición sin resolver. Hemos agotado todos los recursos disponibles. 42 días de búsqueda, más de 500 km² revisados, 120 horas de vuelo en helicóptero. ¿Y ahora qué? Simplemente se olvidan de él.

 El caso permanece abierto. Si aparece nueva información, la investigaremos. Pero no puedo mantener equipos buscando indefinidamente. Mariana se quedó en España dos meses. Roberto tuvo que volver a Brasil por su trabajo, pero ella se negó a irse. Cada mañana caminaba hacia las montañas gritando el nombre de Rafael hasta quedar afónica.

Los guías locales comenzaron aconocerla. Algunos le llevaban agua, otros simplemente la observaban con tristeza. Señora, debe descansar. Esto no es saludable. Carmen le servía té cada noche, viendo como Mariana adelgazaba, como su cabello comenzaba a mostrar canas prematuras. No puedo irme sin él, Carmen.

 ¿Cómo vuelvo a Brasil y le digo a mi hija que abandoné a su padre en estas montañas? Usted no lo está abandonando. Ha hecho más de lo que cualquier persona podría hacer. Finalmente, en junio de 1995, tres meses después del desaparecimiento, Mariana Tabárez abordó un avión de vuelta a San Paulo. Llevaba consigo la maleta de Rafael, sus cosas de la habitación 304 y un agujero en el pecho que sabía nunca se cerraría.

 Los años pasaron como una herida que nunca termina de cicatrizar. Sofía creció con el fantasma de un padre que todos le decían recordar, pero cuya voz ella comenzó a olvidar. A los 13 años, en el año 2000, era una adolescente callada que escribía cartas a un destinatario que nunca las leería. Querido papá, hoy cumplí 13 años.

 Mamá hizo pastel de chocolate tu favorito. Dejamos un pedazo para ti en la mesa, como siempre. Sé que suena tonto, pero mamá dice que donde estés lo sabes. Mariana había vuelto a trabajar como profesora de literatura en una escuela pública de San Paulo. Sus compañeros la trataban con la delicadeza reservada para las viudas, aunque técnicamente ella no lo era.

 Rafael Tabárez permanecía legalmente vivo, un hombre perdido en algún lugar de España, congelado en el tiempo a sus 34 años. Mari, han pasado 5 años. Deberías considerar declararlo legalmente muerto por Sofía, por ti. Roberto visitaba cada mes, preocupado por su cuñada que se consumía en una espera interminable. No voy a hacer eso.

 No sin un cuerpo, no sin saber qué pasó. La habitación de Rafael permanecía intacta. Su ropa en el armario, sus libros de montañismo en el estante, sus botas de escalada junto a la puerta. Sofía a veces entraba y se acostaba en la cama de su padre, inhalando un aroma que cada año se desvanecía un poco más. En Málaga, el hotel Catalonia había cambiado de dueños.

 Carmen se jubiló en 1998, pero antes de irse guardó todas las pertenencias de Rafael que quedaron en la habitación 304 en una caja sellada en el sótano. “Por si algún día vuelven”, le dijo al nuevo gerente. El capitán Ortega también se jubiló. Su último año en la Guardia Civil estuvo marcado por el caso que nunca pudo resolver.

 En su oficina, en un archivador gris, la carpeta de Rafael Tabárez acumulaba polvo junto a otros 17 casos de desapariciones sin resolver en la provincia. Pero en abril del año 2000 algo cambió. Jean Ducla era un espeleo francés de 45 años, miembro de la Federación Francesa de Espeleología. había dedicado su vida a explorar sistemas de cuevas en Europa, documentando formaciones geológicas y ecosistemas subterráneos.

 Sierra de las Nieves era su nuevo proyecto. Este sistema es virgen, prácticamente inexplorado. Jan hablaba con su equipo de cuatro personas en el campamento base. Los mapas oficiales muestran tres entradas principales, pero las imágenes de satélite sugieren que hay más, mucho más. El 23 de abril del 2000, el equipo de Jian descendió por una entrada no documentada en el sector norte de la sierra.

 La abertura era pequeña, oculta por arbustos de romero y rocas sueltas. Dentro, un sistema de galerías descendía casi verticalmente hacia las profundidades de la montaña. esto es increíble. Pierre, el segundo de Yan, iluminaba con su linterna frontal formaciones de estalactitas que parecían catedral. Descendieron 150 m usando técnicas de rapel.

 El aire se volvía más frío, más húmedo. El silencio era absoluto, roto solo por el goteo constante de agua filtrándose por la roca. A los 180 m de profundidad llegaron a una cámara amplia. El techo se perdía en la oscuridad. El suelo era irregular, cubierto de sedimento acumulado durante milenios. ¿Veis eso? Marie, la geóloga del equipo, señaló hacia un rincón de la cámara.

Jan dirigió su luz. Al principio pensó que era una formación rocosa inusual. Luego vio el color rojo. No era roca, Monieió, era una mochila. Una mochila deuter roja cubierta de polvo y humedad, pero inconfundiblemente una mochila de alpinista. Y junto a ella, apoyado contra la pared de la cueva, en una posición casi sentada, había un cuerpo.

El cuerpo estaba momificado por las condiciones de la cueva. La piel se había oscurecido y adherido a los huesos. La ropa, descolorida y desintegrada en partes, aún era reconocible. Pantalones de escalada, chaqueta técnica, botas. El casco amarillo había rodado a un metro de distancia. No toquéis nada.

 Esto es una escena de Necesitamos llamar a la policía. Jin retrocedió sintiendo náuseas. En 30 años explorando cuevas, nunca había encontrado un cuerpo. El equipo subió rápidamente. Pier vomitó dos veces en el ascenso. Una vez en la superficie, Janllamó con su teléfono satelital a la Guardia Civil de Málaga. Habla Jean.

Ducos, espeleólogo francés. Estamos en Sierra de las Nieves, sector norte. Hemos encontrado restos humanos en una cueva. Necesitamos que vengan inmediatamente. El operativo de rescate y recuperación tardó dos días en organizarse. La Guardia Civil convocó a especialistas en espeleología forense, médicos forenses y un equipo técnico de escalada.

 La entrada a la cueva era demasiado estrecha y peligrosa para un descenso convencional. El nuevo capitán al mando, Javier Moreno, revisaba los informes mientras su equipo preparaba el equipo. Algo en la descripción de la mochila roja le sonaba familiar. Buscó en los archivos viejos y encontró la carpeta de Ortega. Rafael Tabárez, brasileño, desaparecido en marzo de 1995, última vez visto saliendo del hotel Catalonia con una mochila de uter roja, Moreno sintió un escalofrío. 5 años.

 El cuerpo había estado ahí 5 años. El descenso fue peligroso incluso para los especialistas. La cueva era más inestable de lo que Jane había reportado. Pequeños desprendimientos de roca ocurrían constantemente. A 180 m de profundidad llegaron a la cámara. El médico forense Dr. Sánchez examinó el cuerpo sin tocarlo inicialmente.

Momificación natural. Las condiciones de la cueva lo preservaron. Temperatura constante, baja humedad en este sector específico. Ausencia de insectos carroñeros. ¿Cuánto tiempo lleva muerto?, preguntó Moreno. Difícil precisar sin análisis de laboratorio, pero por el estado de descomposición y las condiciones ambientales.

 Diría que entre 4 y 6 años. Comenzaron la documentación fotográfica. Cada ángulo del cuerpo, cada objeto cercano. La mochila roja fue abierta cuidadosamente. Dentro encontraron una cámara Nikon con lente roto, barras energéticas fosilizadas, una cantimplora vacía, un pasaporte brasileño en una bolsa impermeable. Rafael Tabáz.

 El técnico leyó el nombre en el pasaporte. La foto mostraba a un hombre sonriente de ojos oscuros, cabello negro. Nacido el 15 de agosto de 1960 en San Paulo, Brasil. Pero el descubrimiento más importante estaba en el bolsillo interno de la chaqueta del cuerpo, un diario de cuero marrón protegido de la humedad por la posición del cuerpo contra la pared.

El doctor Sánchez lo extrajo con pinzas. Esto no se puede abrir aquí. Lo contaminaríamos. Debe ir al laboratorio. El diario fue sellado en una bolsa de evidencia. Junto al cuerpo encontraron marcas en la pared de la cueva, arañazos hechos con algún objeto metálico, posiblemente un mosquetón.

 Las marcas formaban líneas como si alguien hubiera estado contando días. Moreno las contó. 12 grupos de cinco líneas cada uno más dos líneas sueltas. 62 marcas en total. Estuvo consciente aquí dentro durante días. Moreno sintió un peso en el estómago. También encontraron el reloj. Un omega de acero inoxidable detenido permanentemente a las 3:47.

En la parte trasera la inscripción estaba perfectamente elegible. Para Rafael con amor MT 1990. La recuperación del cuerpo tomó 6 horas. Tuvieron que usar una camilla especial de rescate verticalándolo metro a metro por el sistema de poleas. Cuando finalmente emergieron a la superficie, el sol de Málaga brillaba con indiferencia.

 Capitán, ¿hay algo más que debe ver? Uno de los espeleólogos había explorado más profundamente en la cámara. Hay cuatro túneles diferentes que salen de ahí. Uno de ellos, el del este, tiene marcas de cuerdas en las paredes, como si alguien lo hubiera explorado. Moreno bajó de nuevo, siguiendo el túnel marcado. A 50 m de la cámara principal encontró más evidencia.

Pedazos de cuerda cortada, una linterna frontal con las baterías agotadas y en la pared escrito con lo que parecía ser carbón de las barras energéticas quemadas. Un mensaje. Mariana Sofía, los amo. Perdón por no volver. Traté. RT. Moreno fotografió el mensaje sintiendo que sus ojos se humedecían. Este hombre había peleado por su vida, había intentado encontrar una salida, había explorado cada túnel, cada grieta y finalmente, cuando sus fuerzas se agotaron, había vuelto a la cámara principal, se había sentado contra la

pared y había esperado la muerte pensando en su familia. ¿Cómo llegó aquí?, preguntó Pierre, el espeleólogo francés que había descubierto el cuerpo. Jean Duclos examinó la entrada por la que habían descendido. Esto no es natural. Hubo un colapso. ¿Veis estas rocas grandes apiladas de manera irregular? Esto era mucho más grande, quizás tres veces este tamaño.

 Algo causó un derrumbe que selló la entrada original. Un terremoto posiblemente o simplemente inestabilidad natural. Estas formaciones calizas son frágiles. Una persona escalando en la superficie, vibraciones, lluvia fuerte, cualquier cosa pudo haberlo causado. Moreno reconstruyó la historia. Rafael había encontrado la entrada original a la cueva, probablemente más grande yaccesible.

 Había descendido para explorar, quizás buscando las pinturas rupestres que Antonio le había mencionado. Mientras estaba dentro, un derrumbe selló la entrada. Atrapado a 180 m bajo tierra, sin manera de salir, había intentado encontrar una ruta alternativa. Pero estos túneles eran laberintos mortales. Algunos descendían aún más, otros terminaban en paredes sólidas.

 Finalmente, exhausto, sin comida ni agua suficiente, había vuelto a la cámara principal y había esperado un rescate que nunca llegó. La llamada llegó al apartamento de San Paulo a las 11 de la noche. Mariana estaba corrigiendo exámenes cuando el teléfono sonó. El identificador mostraba un número internacional con código de España. Hola, señora Mariana Tabázre.

 La voz hablaba español con acento andaluz. Sí, soy yo quien habla. Capitán Javier Moreno de la Guardia Civil de Málaga. Señora, necesito que se siente. Tengo noticias sobre su esposo. El mundo de Mariana se detuvo. 5 años esperando esta llamada. 5 años oscilando entre esperanza y desesperación. Lo encontraron. Sí, señora.

 Encontramos a Rafael. Lo siento mucho, pero debo informarle que está muerto. Encontramos sus restos en una cueva en Sierra de las Nieves. Mariana no lloró, no gritó, simplemente se quedó sosteniendo el teléfono, sintiendo como algo dentro de ella finalmente se rompía o se curaba. No sabía cuál de las dos. ¿Cómo? ¿Cómo murió? Parece que quedó atrapado en la cueva después de un derrumbe.

 Hemos encontrado evidencia de que intentó buscar una salida. Señora Tabárez, su esposo luchó. Peleó por volver con ustedes. Sufrió. Moreno dudó. Sabía la verdad. 12 días atrapado en oscuridad total. el agua agotándose, el hambre, el frío, la desesperación, pero también sabía que algunas verdades no necesitaban ser dichas.

 Creemos que fue relativamente rápido, señora. Las condiciones de la cueva causaron que perdiera la conciencia. Necesito necesito verlo. Entendemos. Hemos contactado con la embajada de Brasil. Ellos la ayudarán con los trámites de repatriación del cuerpo. Sofía escuchó todo desde la puerta de su habitación. A los 13 años era lo suficientemente grande para entender qué significaba esa llamada.

 Entró en la sala y abrazó a su madre. Ambas lloraron, pero por primera vez en 5 años no era llanto de incertidumbre, era llanto de cierre. Mariana llegó a Málaga una semana después acompañada de Roberto. El capitán Moreno las recibió en su oficina con el diario de Rafael sobre su escritorio. Señora Tabárez, encontramos esto con su esposo.

 Nuestro equipo forense lo ha revisado. Es de naturaleza personal. Creemos que usted debe tenerlo. Mariana tomó el diario con manos temblorosas. La cubierta de cuero estaba manchada y rígida, pero reconocía su letra en la etiqueta. Para Rafael, que cada aventura te acerque más a casa. Puedo leerlo, es suyo, pero debo advertirle, el contenido es difícil.

 Esa noche, en el hotel, el mismo hotel Catalonia, donde todo había comenzado 5 años atrás, Mariana abrió el diario. Las primeras páginas eran entradas normales del viaje, descripciones de Madrid, de Málaga, de su emoción por explorar Sierra de las Nieves. Luego llegó a la entrada del 19 de marzo de 1995. He encontrado la cueva que Antonio mencionó.

 La entrada estaba oculta detrás de un arbusto grande. Es increíble. Desciendo a explorar. Si hay pinturas rupestres aquí, serán las fotos de mi vida. La siguiente entrada estaba fechada el mismo día, pero la letra era diferente, temblorosa, urgente. Algo terrible ha pasado. Escuché un ruido ensordecedor cuando estaba a unos 150 m de profundidad.

 Cuando volví a subir, la entrada está bloqueada. Rocas enormes sellaron completamente el acceso. He gritado durante horas. Nadie me escucha. Estoy a demasiada profundidad. Dios mío, ¿qué voy a hacer? Mariana leyó cada entrada. Cada día que Rafael pasó allí abajo estaba documentado. Los primeros días eran planificación, racionar el agua, explorar los túneles en busca de salidas alternativas, mantener la esperanza.

Día 4. He explorado tres túneles. Todos terminan en paredes sólidas o descienden a profundidades peligrosas. Mi agua se está acabando. Tengo que encontrar una fuente. Día 7. Encontré agua goteando de una formación de estalactitas. Sabe terrible mineral, pero es agua. Puedo sobrevivir. Alguien me encontrará.

Tienen que estar buscándome. Día 10. Mi amor, si encuentran este diario, quiero que sepas que cada segundo aquí abajo pensé en ti y en Sofía. Lamento tanto haber sido tan terco. Tenías razón sobre tu presentimiento. Siempre tuviste razón. Las últimas entradas eran desgarradoras, la letra casi ilegible, los pensamientos fragmentados.

Día 12. No tengo fuerzas para explorar más. El último túnel que intenté casi me mata. Resbalé y caí 5 met. Creo que me rompí costillas. Cada respiración duele. Volví a la cámara principal. Al menosaquí tengo agua. No sé cuánto tiempo más puedo resistir. La última entrada estaba fechada aproximadamente dos semanas después del inicio. Mariana, mi amor eterno.

 Sofia, mi princesa hermosa. Perdón por no cumplir mi promesa de volver. Intenté con cada gramo de fuerza que tenía. Exploré cada posible salida, pero estas montañas me vencieron. No tengo miedo de morir. Mi único miedo es no volver a verlas, no volver a abrazarlas. Por favor, vivan felices. No dejen que mi muerte arruine sus vidas.

Sofía, crece fuerte. Enamórate, sé feliz. Persigue tus sueños. Mariana, por favor, encuentra a alguien que te ame como yo te amé. No te quedes sola. Las amaré más allá de la muerte, más allá de estas montañas, más allá del tiempo, siempre. Rafael. Mariana cerró el diario y lo apretó contra su pecho.

 Lloró hasta que no le quedaron lágrimas, hasta que el sol de Málaga comenzó a salir por la ventana del hotel. El cuerpo de Rafael Tabárez fue cremado en Málaga. Sus cenizas viajaron de vuelta a Brasil en una urna de cedro. Mariana y Sofía organizaron una ceremonia en una pequeña capilla en San Paulo 5 años y dos meses después de su desaparición.

 Papá está en casa”, dijo Sofía colocando la urna en el altar familiar junto a su foto. Mariana tocó la urna suavemente. “Sí, mi amor, finalmente está en casa.” El reloj mega con su inscripción intacta, Mariana lo guardó en una caja de tercio pelo junto al diario. Algunas noches, cuando el dolor era insoportable, lo sacaba y lo sostenía, imaginando que aún podía sentir el calor de la muñeca de Rafael.

La historia se publicó en periódicos de Brasil y España. Alpinista brasileño encontrado después de 5 años en Cueva de Málaga. Pero los titulares no capturaban la verdad completa. No capturaban los 12 días de lucha solitaria. No capturaban el amor que Rafael sentía por su familia hasta su último aliento.

 No capturaban el dolor de una esposa y una hija que esperaron 5 años para poder finalmente comenzar su duelo. Las montañas de Sierra de las Nieves guardaron su secreto durante 5 años y cuando finalmente lo revelaron fue a través de la casualidad del trabajo de un espeleo francés que nunca conoció a Rafael Tabárez, pero que le dio a su familia el regalo más valioso, el saber.

15 años después, en el año 2015, Sofía Tabárez visitó Málaga por primera vez. Tenía 28 años, la misma edad que su padre cuando ella nació. Era geóloga, especializada en formaciones cársticas y sistemas de cuevas. No era coincidencia. Contrató a un guía para llevarla a Sierra de las Nieves. La entrada a la cueva donde murió su padre había sido sellada oficialmente por las autoridades españolas después del accidente.

Demasiado peligrosa, demasiado inestable. Pero Sofía necesitaba estar cerca. Se sentó en la ladera de la montaña mirando el paisaje que su padre vio por última vez. El sol mediterráneo calentaba su rostro. El viento traía olor a Romero y Tomillo. “Hola, papá. Finalmente llegué aquí.” Habló en voz alta sin importarle si el guía la escuchaba.

 “Mamá me dijo que te cuente que está bien. Se volvió a casar hace 5 años con un hombre bueno que respeta tu memoria. Yo le di tu bendición. Sé que lo hubieras aprobado. Sacó el diario de su mochila. Mariana se lo había dado cuando cumplió 25. Ahora estás lista para leerlo completo, le había dicho su madre. Estudié esto, papá.

 Las cuevas, las montañas, los sistemas cársticos. Aprendí todo lo que puedo sobre lo que te pasó. ¿Y sabes qué descubrí? Que hiciste todo correcto. Cada decisión que tomaste allá abajo fue la correcta. No fue tu culpa. Fue simplemente mala suerte estar en el lugar equivocado cuando esas rocas decidieron colapsar. El guía, un español de unos 60 años llamado Miguel se acercó. Era su padre. Sofia asintió.

 Lo siento mucho. Yo participé en la búsqueda original en 1995. Nunca imaginamos que estaba tan profundo en una cueva que ni siquiera sabíamos que existía. No fue culpa de nadie, dijo Sofía. Eso es lo que vine a entender. De vuelta en Sao Paulo, Sofía escribió su tesis doctoral sobre sistemas de cuevas no mapeados y los peligros de la espeleología amator.

 Dedicó el trabajo a Rafael Tabáz, quien me enseñó que incluso en la oscuridad más profunda, el amor encuentra la manera de llegar a casa. Esta historia nos enseña verdades que todos necesitamos recordar. Que la montaña no tiene malicia, solo indiferencia. Que la preparación no siempre puede vencer al azar. que el amor verdadero trasciende incluso la muerte más solitaria, que el cierre, aunque llegue tarde, es un regalo que permite sanar y que a veces la mayor herencia que un padre puede dejar no es su presencia, sino la manera en que

vivió y luchó hasta su último aliento. Rafael Tabárez está enterrado en el cementerio de consolación en San Paulo. Su lápida dice, “Alpinista, esposo, padre.” Las montañas lo reclamaron, pero el amor lo trajo a casa. Yeah.