
En la madrugada del 26 de diciembre de 1969, helicópteros israelíes cruzaron el Mar Rojo en una misión imposible, robar 7 toneladas de tecnología secreta soviética del corazón de Egipto. Esta es la historia de la operación Gallo 53. El verano de 1969 transformó el canal de Su en un infierno de artillería.
La guerra de desgaste entre Israel y Egipto había convertido cada kilómetro de frontera en una zona de muerte. Los pilotos israelíes volaban misiones diarias sobre territorio enemigo, pero algo había cambiado. Sus aviones eran detectados cada vez más temprano, demasiado temprano. En las bases aéreas israelíes, los comandantes notaron un patrón alarmante.
Las baterías antiaéreas egipcias respondían con precisión inusual, como si supieran exactamente dónde estarían los aviones antes de que cruzaran la línea. La inteligencia militar israelí, El Amán, inició una investigación urgente. Las fotografías de reconocimiento revelaron una verdad inquietante. La Unión Soviética había desplegado su más avanzado sistema de radar en suelo egipcio.
El P12 Jenisei era una maravilla de la ingeniería soviética. Capaz de rastrear aeronaves a 250 km de distancia, este sistema de radar móvil representaba la vanguardia de la tecnología de defensa aérea del bloque del Este. Para los estrategas israelíes, esto significaba que cada misión aérea sobre Egipto se había vuelto exponencialmente más peligrosa.
Los pilotos ya no tenían la ventaja de la sorpresa. El problema era simple pero devastador. Nadie en Occidente conocía las verdaderas capacidades técnicas del P12. La OTAN tenía estimaciones, suposiciones basadas en inteligencia fragmentaria, pero las especificaciones reales, las frecuencias exactas, los puntos débiles del sistema, todo eso permanecía como un misterio celosamente guardado por Moscú.
En septiembre de 1969, el mayor general David Elazar, comandante del Frente Norte, autorizó una búsqueda intensiva. Aviones de reconocimiento Israel y Air Force fotografiaron sistemáticamente cada centímetro del territorio egipcio cercano al canal. Durante semanas, los analistas examinaron miles de imágenes aéreas, buscando la firma característica de una instalación de radar soviética.
El desafío era formidable. Los operadores soviéticos habían camuflado cuidadosamente las instalaciones de radar. Utilizaban técnicas de ocultamiento que habían perfeccionado durante décadas de Guerra Fría. Pero el 22 de diciembre, entonces un joven especialista en fotorreconocimiento llamado Ramy Shalev identificó algo sospechoso en las imágenes de Ras Gareb, una remota instalación militar egipcia a 50 km del canal de Su.
En las fotografías aparecían dos estructuras que parecían tiendas beduinas ordinarias, pero algo no cuadraba. Las sombras eran incorrectas, la disposición demasiado regular. Shalev amplió las imágenes y notó cables que conectaban las tiendas con generadores diésel. Ahí estaba el radar P12 soviético escondido a plena vista.
¿Quieres saber qué pasó después? Comenta Gallo 53. La noche del 22 de diciembre, los generales israelíes se reunieron en una sala de operaciones en Telviva, fotografías ampliadas del sitio de radar en Rasgarb. La solución obvia era un ataque aéreo, dos cazas, cuatro bombas, problema resuelto. Pero alguien en la habitación tuvo una idea audaz que cambiaría el curso de la guerra.
El brigadier general Rejabam Zeevi, jefe de operaciones del Estado Mayor Central, planteó una pregunta simple pero revolucionaria. ¿Y si en lugar de destruirlo simplemente lo robamos? La sala quedó en silencio. La idea parecía absurda. El radar P12 pesaba aproximadamente 7 toneladas cuando estaba completamente ensamblado.
Estaba ubicado en territorio egipcio, protegido por una guarnición militar a kilómetros de la frontera israelí. Pero cuanto más discutían el plan, más factible parecía. Israel acababa de recibir sus primeros helicópteros de carga pesada CH53 Yasur de Estados Unidos. Estos helicópteros, originalmente diseñados para misiones de rescate y transporte de tropas tenían una capacidad de carga de 4 toneladas con dos helicópteros CH53 y una planificación meticulosa.
Tal vez, solo tal vez, podrían lograrlo. El tiempo era crítico. Los servicios de inteligencia indicaban que los soviéticos rotaban regularmente sus equipos militares en Egipto. Si el radar P12 era trasladado antes de que pudieran actuar, la oportunidad se perdería para siempre. El alto mando aprobó la misión el 24 de diciembre.
Le dieron un nombre en código que reflejaba la audacia de la operación. Gallo 53. Los días siguientes fueron un torbellino de preparativos. Los ingenieros de la Fuerza Aérea Israelí estudiaron cada fotografía disponible del radar P12 tratando de determinar cómo podría desmontarse rápidamente. Los pilotos de helicóptero CH53 realizaron vuelos de entrenamiento intensivos practicando maniobras de carga nocturna.
Los comandos de la35ticena brigada de paracaidistas ensayaron el asalto y la extracción en un campo de entrenamiento que replicaba el sitio objetivo. El plan era complejo, pero elegante en su simplicidad. Los casabombarderos A4, Skyhawk y F4 Phantom atacarían posiciones egipcias a lo largo del canal como distracción, atrayendo la atención hacia el norte mientras la operación real se desarrollaba al sur.
Tres helicópteros Superfrelon transportarían a los comandos israelíes a través del desierto, aproximándose desde el Mar Rojo para evitar los radares egipcios en el canal. Si todavía estás viendo, eres parte de la historia misma. Suscríbete para más. A las 22 30 horas del 26 de diciembre de 1969, los cielos sobre Sinai se iluminaron con explosiones.
Los cazas israelíes bombardeaban posiciones egipcias a lo largo del canal de Suez, creando el caos perfecto. Mientras tanto, a 200 km al sur, tres helicópteros Superfrelon volaban bajo sobre las aguas oscuras del Mar Rojo, transportando 40 comandos de élite hacia su objetivo. El sitio de radar en Ras Gareb estaba protegido por una compañía egipcia de aproximadamente 80 soldados.
Los soviéticos habían insistido en mantener personal egipcio como fuerza de seguridad, pero el equipo técnico era completamente ruso. A las 2000 de la madrugada del 27 de diciembre, los helicópteros israelíes aterrizaron silenciosamente a 1 kmro del objetivo. Los comandos avanzaron en formación táctica a través del desierto.
La luna nueva proporcionaba la oscuridad perfecta. A las 2:15 lanzaron el asalto. Las bengalas cegadoras iluminaron la instalación mientras los comandos neutralizaban rápidamente a los guardias exteriores. La confusión era total. Los soldados egipcios, despertados abruptamente, creyeron inicialmente que estaban bajo ataque aéreo debido a los bombardeos en el norte.
Los técnicos soviéticos, 11 en total, fueron reunidos sin incidentes. Uno de ellos, un teniente coronel, intentó destruir documentos secretos, pero fue detenido antes de poder completar la tarea. Los comandos israelíes habían practicado el desmontaje del radar durante días. En menos de 40 minutos habían desconectado cables, desmontado antenas y preparado los componentes para el transporte.
Pero surgió un problema crítico. El radar era más pesado de lo estimado. Los componentes principales sumaban aproximadamente 7 toneladas, casi el doble de la capacidad de carga de un solo CH53. El comandante de la misión, teniente coronel Jeff Touch Spector, tomó una decisión arriesgada. Cargarían lo máximo posible en el primer helicóptero y enviarían un segundo para recoger el resto.
A las 3:10, el primer CH53 aterrizó en el sitio. Los comandos trabajaron febrilmente, cargando las antenas principales y los componentes electrónicos más pesados. El helicóptero se hundió. visiblemente bajo el peso, el piloto mayor Shimon Drori reportó que había excedido la capacidad máxima de carga en más de una tonelada, pero no había alternativa.
A las 3:45, con los motores rugiendo a máxima potencia, el CH53 se elevó pesadamente del suelo. El vuelo de regreso sobre el Mar Rojo fue una pesadilla técnica. Los cables de carga tensaban la estructura del helicóptero, causando vibraciones alarmantes. A mitad de camino, una tubulación hidráulica se rompió, dejando escapar fluido vital.
Drory tenía dos opciones, soltar la carga en el mar o arriesgarse a un accidente catastrófico. Con las últimas gotas de presión hidráulica logró cruzar la línea costera israelí y realizar un aterrizaje de emergencia en la base aérea de Refidim en Sinai. El amanecer del 27 de diciembre encontró a los ingenieros israelíes trabajando frenéticamente en la base aérea de Refidim.
El CH53 que había transportado el radar soviético estaba gravemente dañado con su sistema hidráulico completamente destruido. Pero la preocupación más inmediata era el resto del equipo que aún permanecía en Rasgareb. Los comandos israelíes habían mantenido el control del sitio durante toda la noche, pero las comunicaciones egipcias comenzaban a despertar sospechas.
Los reportes de una operación de entrenamiento israelí en el norte ya no explicaban satisfactoriamente el silencio de radio desde Rasgarb. El tiempo se agotaba rápidamente. A las 6:30, un segundo CH53 despegó desde la base aérea de EAT. El piloto, capitán Eler Cohen, había sido informado de los problemas técnicos del primer helicóptero y sabía que el margen de error era inexistente.
El vuelo sobre el Mar Rojo fue tenso. Cada minuto que pasaba aumentaba las probabilidades de que los egipcios descubrieran la operación y enviaran interceptores Mic. El helicóptero llegó a Rasgareb a las 7:15. Los comandos habían empacado meticulosamente los componentes restantes del radar, transmisores, receptores, sistemas de procesamiento de señales y crucialmente toda la documentación técnica que los soviéticos no habían logrado destruir.
El pesototal era de aproximadamente 3 5 toneladas justo dentro de los límites del CH53. Pero surgió otro problema. Las unidades egipcias finalmente habían comprendido que algo anómalo estaba ocurriendo. A las 7:30, aviones de reconocimiento MIG17 fueron despachados desde bases en el interior de Egipto para investigar. Los comandos israelíes tenían minutos, no horas, para completar la extracción.
Cohen tomó la decisión de despegar inmediatamente, incluso sin verificar completamente el balance de carga. El helicóptero se elevó a las 7:42, justo cuando los primeros MIG aparecían en el horizonte. Los cazas israelíes F4 Phantom, que patrullaban la zona, interceptaron a los Mig egipcios, iniciando un combate aéreo que proporcionó la cobertura necesaria para la extracción.
El vuelo de regreso fue un ejercicio de precisión aeronáutica. Cohen mantuvo el helicóptero a baja altitud, volando apenas 30 m sobre las aguas del Mar Rojo para evitar la detección por radar. Las vibraciones del helicóptero, cargado casi hasta su límite absoluto, eran constantes y preocupantes. En un momento, uno de los componentes del radar comenzó a deslizarse, amenazando con desequilibrar completamente la aeronave.
Los comandos en la bodega trabajaron para asegurar la carga, utilizando cada trozo de cuerda disponible. A las 8:10, el helicóptero cruzó la línea costera israelí. Cohen realizó un aterrizaje perfecto en Refidim, donde decenas de técnicos de inteligencia esperaban ansiosos para examinar su preciosa carga. La reacción inicial fue de asombro.
No solo habían capturado el hardware del radar P12, sino también manuales operativos completos en ruso, esquemas de circuitos, tablas de frecuencias y lo más valioso de todo, los códigos de identificación, amigo, enemigo que los soviéticos usaban en todo el Medio Oriente. Era un golpe de inteligencia sin precedentes en la historia de la Guerra Fría.
Israel intentó mantener la operación Gallo 53 en absoluto secreto. Los altos mandos militares comprendían que revelar el robo podría comprometer futuras operaciones y alertar a los soviéticos sobre exactamente qué información habían perdido. Durante una semana, solo un puñado de personas en el gobierno israelí conocían los detalles completos de la misión, pero el secreto era demasiado grande para contenerlo.
El 3 de enero de 1970, el periódico francés Lemond publicó un artículo sensacional con el titular Israelíes roban radar soviético de Egipto. La historia se extendió como fuego por la prensa internacional. Los periódicos británicos publicaron caricaturas de helicópteros israelíes llevándose las pirámides de Egipto.
La humillación diplomática para la Unión Soviética era total. En Moscú las reacciones fueron furiosas. La KGB lanzó una investigación exhaustiva sobre cómo había ocurrido la brecha de seguridad. Los oficiales técnicos soviéticos en Egipto fueron inmediatamente retirados y interrogados. Algunos enfrentaron tribunales militares por negligencia.
El polituró consideró la operación como una humillación personal, una prueba de que la inteligencia occidental podía operar con impunidad en territorio controlado por el bloque del Este. La respuesta soviética fue inicialmente amenazante. El Kremlin envió mensajes diplomáticos advirtiendo que suspenderían todas las entregas militares a Egipto si no se garantizaba mejor seguridad.
Durante 48 horas pareció que la alianza soviético-egipcia podría colapsar, pero la realidad geopolítica prevaleció. Los soviéticos necesitaban a Egipto como su principal aliado en Medio Oriente y Egipto necesitaba desesperadamente el apoyo militar soviético frente a Israel. En Telvivf, los expertos en inteligencia trabajaban sin descanso analizando el radar capturado.
Los técnicos israelíes, asistidos discretamente por especialistas estadounidenses de la CIA y la NSA, desmontaron cada componente del P12. Lo que descubrieron superó sus expectativas más optimistas. El radar utilizaba tecnología de tubos de vacío que, aunque robusta, tenía vulnerabilidades específicas a ciertas frecuencias de interferencia.
Para mayo de 1970, Israel había desarrollado contramedidas electrónicas específicamente diseñadas para cegar los radares P12. Estas técnicas de guerra electrónica probaron ser devastadoramente efectivas en conflictos posteriores, particularmente durante la guerra de Jom Kipur en 1973, cuando Israel pudo neutralizar sistemáticamente la red de defensa aérea egipcia que dependía fuertemente de equipos soviéticos.
Los estadounidenses obtuvieron beneficios incluso mayores del radar capturado. La información técnica sobre el P12 ayudó a la OTAN a desarrollar tácticas para contrarrestar los sistemas de defensa aérea soviéticos en toda Europa. Durante décadas posteriores, cada vez que la Unión Soviética exportaba sistemas de radar, Occidente ya comprendía sus limitaciones fundamentales.
La operación Gallo 53permanece como uno de los golpes de inteligencia más audaces del siglo XX. Demostró que la innovación táctica y la audacia operativa podían superar las ventajas numéricas y tecnológicas. Para Israel, consolidó su reputación como una potencia de inteligencia capaz de operaciones de nivel mundial. Para la Unión Soviética fue una lección dolorosa sobre las vulnerabilidades de incluso los sistemas más avanzados cuando enfrentan adversarios creativos y determinados.
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